Ojos de fuego

 

Líder social, Carlos A. Vásquez

Hacía calor, ¡mucho calor! No sabía si era por el verano o por la espera. Olvidé cuánto tiempo estuve esperando por este inspirador y sublime momento: tal vez fueron dos años o dos días; posiblemente, fueron tan sólo dos minutos, los minutos más largos de cualquier historia. A decir verdad, la hubiera esperado dos vidas seguidas. Tan sólo el olor de su pelo, que aún llevo dentro de mí, encapsulado y vital, o el reflejo del sol brillante sobre la exquisitez de sus largas y torneadas piernas hubiera valido la espera.

Habían pasado dos días desde aquella noche, en que por primera vez la vi. Yo estaba en la terraza de un bar, tomaba unos tragos; ya era el quinto o sexto de ellos, -lo sé porque los tomaba puros, los contaba para saber cuándo era el momento de parar; nunca paré a tiempo-. Compartía una mesa frente a las escaleras que comunican al parqueadero del sitio; a mi lado, una linda, pero hasta esa noche desconocida mujer, tomaba mi mano bajo la mesa y pedía mi número telefónico; justo ahí, en ese momento, y como una aparición divina, subió por las escaleras del sitio este ángel gigantesco, un ángel sin alas; aunque con fuego en sus ojos: no era el fuego del mal, era el fuego de Inti, que sólo las vírgenes del sol traen consigo, resultado de adorar al sol Inca, danzando desnudas al atardecer para así mantener el fuego sagrado antes de ser entregadas en cuerpo: colmado de pureza y divinidad, y alma, a un dios terrenal.

Me miró disimulada pero insistentemente toda la noche. Yo no dejaba de verla, observarla, de sentirla a la distancia, de añorarla, de querer idolatrarla y someterla a la vez. La vi bailar, era un derroche de gracia, de encantamiento y embrujo. El fuego en sus ojos y el color bronce de su piel me aniquilaron lentamente. Me acerqué a ella y logré saber su nombre y su número telefónico -al menos tendría la posibilidad de hablarle-. La noche terminó con apenas una conversación sobre nada, y la vi irse sin despedirse, parecía que algo la había incomodado.

Ya había pasado dos días y varias conversaciones que no llevaban a nada; ni bueno ni malo. Cruzábamos saludos en la calle y miradas cuando coincidimos en un restaurante y estuvimos cerca. Tampoco había logrado sacarme de la cabeza, ni de las entrañas, ese incendio que produjo con su mirada un par de noches atrás; sin saberlo, llevaba algo de ese fuego en mí: una diminuta llama que no se hacía sentir de manera alguna, pero que, como con vida propia, esperaba por el momento para hacer de las suyas.

Una historia mal contada, y la aclaración sobre la misma, hicieron que decidiéramos vernos para hablar del tema. Esa misma tarde yo estaba tumbado en mi cama, echado de espalda escuchando viejas canciones de Pink Floyd; traía el teléfono en la mano porque quería decirle que viniera a mi casa para no tener que salir, y finalmente poder hablar con ella a solas y en calma. En ese mismo instante sonó el teléfono. De un salto salí a esperarla. La vi llegar, vino como en las películas: en cámara lenta. Su corta falda y su escotada y vaporosa blusa azul cielo, permitían que pudiera mortificarme al límite con sus delicias. Se movía de lado a lado balanceándose sobre mí, me saludó de beso y yo caí hechizado con su proximidad. La invité a seguir, se sentó en un antiguo Le Corbusier restaurado que puse frente al escritorio que me sirve de biblioteca, mesa de cómputo y comedor improvisado. Se veía cómoda ¡se sentía cómoda! lo pude ver en su sonrisa tenue y serena. Hablamos un momento de aquel tema que nos reunió.

– Cuéntame: ¿Qué fue lo que sucedió?

– Nada importante, tonterías de mujeres.

– ¿Y yo que tengo que ver en todo eso?

– Que malinterpreté algo que me dijiste.

– ¡Ajá! ¿Y?…

– Te acusé de decir algo que nunca dijiste.

– ¿Algo como qué?

– Ya te dije, ¡tonterías!

– La verdad no me preocupa mucho ese tema.

– ¿No?

– La verdad, no. Lo único que me importa es que estás aquí, que estamos tan cerca como nunca, y que puedo decirte lo que quiera y sin reserva alguna. Además, ese movimiento continuo de tu lengua humedeciendo tus labios me grita que también tienes mucho qué “decir”.

El fuego en sus ojos se encendió violentamente, sus retinas se expandieron y su mirada se clavó sobre mí, queriendo atravesarme en el pecho como una espada justiciera por haber osado a despertar tan vergonzoso nivel de excitación; sus mejillas se endurecieron y enrojecieron, ¡se sonrojaron! No se sentía apenada, se sentía descubierta y desarmada.

– ¿Qué buscas con todo esto?

– Decirte cada cosa que voy sintiendo mientras estás aquí conmigo.

– ¡Repito! ¿Qué buscas con esto?

– ¡Seducirte!

– ¿Qué te hace pensar que lo lograrás? –preguntó con brío y mirada firme-

– Tus piernas, que se cruzan de lado a lado, tu pelo, que no logras poner en su sitio porque no sabes a qué lugar pertenece ninguna parte tu cuerpo, en este momento…

– ¿Sabes por qué? ¡Porque no quiere pertenecer a ti; quiere pertenecer a mí, a mis antojos, a mis deseos, a mi voluntad!

Siempre pensé que sabía qué decirle a cada mujer al momento de seducirla. Tenía varias maneras de hacerlo, pero no siempre funcionaron; por eso, tenía varias: para combinarlas de la manera adecuada y que fueran efectivas, nunca dije mentiras y nunca seduje a alguien que no me gustara lo suficiente. Mi padre alguna vez me dijo que “no caliente lo que no se va a comer”: él lo decía por la pizza que calentaba varias veces en el horno y no me decidía a tragar.

Pero con Karol -la dulce, interminable, delicada, sonriente y triste-; ¡mi Karol! no recordaba ninguna de mis estrategias de conquista o seducción: simplemente, regurgitaba sensaciones que salían de lo más profundo y de lo más superficial de mí; simplemente no podía parar. Aunque quisiera, no lo hubiera logrado, y tampoco quería lograrlo.

– La verdad tú me encantas, pero no sé si pueda tener algo contigo algún día -dijo como quien tira la piedra y luego esconde la mano-.

– No busco tener algo algún día, quiero tenerte toda, por completo, aquí y ahora; hacer de este momento una eternidad, aunque sólo sea por hoy.

-Además, soy muy joven para ti, no solamente en edad sino en experiencia. Eso me da miedo; creo que podría perder la cabeza por completo.

-En un plano humano nunca me pregunté cuántos años podría tener Karol. Así, tal cual se veía, se oía y se mostraba; era lo único que me importaba.

La llama que llevaba dentro de mí se hizo incontrolable, yo desbordaba frenesí por cada uno de mis poros… Todo sucedió casi sin darnos cuenta.

Me acerqué a ella, me senté a su lado, hundí mis dedos en su abundante y sexy cabellera, la agarré con fuerza hacia mí. Sus ojos de fuego me miraban atónitos, como pidiendo indulto; pero lo único que logró fue iniciar una vorágine que arrasó con la poca ropa que traíamos puesta. Su aura de ángel, su piel de bronce, su pelo lacio, brillante y perfumado, sus senos tersos y erizados, su abdomen de roca, su ombligo profundo, sus labios dulces y carnosos con sabor a Pink Floyd. Y su mirada de fuego, y yo, nos fundimos en una sola llama; una hoguera con la fuerza de mil soles y la erupción de todos los volcanes de los Andes. Karol fue mía por una tarde. Fin.

Etiquetas: Poesía y cuento para las juventudes, FILAM apuesta por la creación de una agenda cultural en Girardot, La lectura como instrumento para el fomento cultural, Talleres literarios en Agua de Dios

                                                    Caricatura por Mishelle Ortiz 

Por Carlos A. Vásquez

 

 

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12 comentarios en “Ojos de fuego

  • el 6 diciembre, 2019 a las 2:49 PM
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    Artículos de este genero cumple con esa función que es atraer a la gente, ya que el cuento o la ficción se encargan de contar historia que a veces son de la vida real, entonces es ahí donde los lectores lo leen porque se identifican muchas veces y es algo diferente a lo que constantemente se ve publicado allí, porque no es una nota periodística donde se evidencie una problemática que está afectando a una sociedad. Si seria bueno que existiera un espacio donde se publicaran más archivos como esté.

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  • el 6 diciembre, 2019 a las 1:34 PM
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    Aunque el artículo no cuenta con valores noticiosos, ni con un enfoque periodistico e investigativo, es un escrito interesante que debería der agregado en una sección hecha para un tipo de público que le guste estos artículos, pues cuenta con detalles que atrapan al lector desde el primer párrafo y lo persuaden a seguir leyendo hasta el final; además, contiene buena interacción hipertextual y de intravinculos.

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  • el 5 diciembre, 2019 a las 6:01 PM
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    La literatura de ficción o romántica es importante para que las nuevas generaciones continúen con este género, al igual que se inserten en el mundo de la lectura. Este artículo me llena de orgullo porque refleja muchas partes de mi vida y mi trayectoria en la escritura.

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  • el 5 diciembre, 2019 a las 9:58 AM
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    Estos tipos de artículos son muy interesantes para las personas que no les llama mucho la atención la poesía y la lectura. Deberían seguir abriendo espacios como estos para que la personas puedan leer y retroalimentar con este tipo de literatura.

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  • el 5 diciembre, 2019 a las 12:47 AM
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    Es un escrito muy interesante porque atrapa al lector desde el primer instante, gracias a estos tipos de artículos ayudan mucho a que lo estudiantes se interesen más a investigar un poco más sobre la poesía. Para que así, se puedan generar estos tipos de espacios que son atractivos para el escritor y para el lector.

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  • el 3 diciembre, 2019 a las 11:10 PM
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    Este tipo de historias representan a los escritores ocultos que hay en cada persona y demuestra la capacidad de redacción en un nivel muy alto, felicitaciones

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  • el 3 diciembre, 2019 a las 11:09 PM
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    El artículo está bien redactado, los destacados coinciden con los fragmentos más representativos de la crónica y realzan su valor escritural e informativo. Es necesario que con frecuencia se publiquen este tipo de formatos para conocer un poco más de su estructura y función.

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  • el 3 diciembre, 2019 a las 11:06 PM
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    Es necesario contar con este tipo de artículos en las plataformas informativas digitales, pero hay que tener en cuenta la diferencia entre una crónica periodística y una literaria para no perder el enfoque del periódico digital.

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  • el 29 noviembre, 2019 a las 8:03 PM
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    Que bueno que desde este medio digital haya participación para la poesía y sigan brindando esos espacios de Literatura, aquí el autor habla de lo que muchos en ocasiones hemos padecido, un desamor, muchos lectores hoy en día buscamos de que los medios digitales se vinculen con la poesía y permitan mayor atracción lectora.

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  • el 29 noviembre, 2019 a las 6:56 PM
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    Si bien la idea de publicar escritos y relatos que puedan ser para todo publico es una buena estrategia para llegar a un mayor público, es necesario establecer una sección que permita ubicar este tipo de contenidos en un espacio adecuado, pues, como ya se sabe, la sección de editorial es para exponer artículos con contenido periodístico y crítico que no corresponde a lo que se muestra en el presente artículo.

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  • el 29 noviembre, 2019 a las 6:55 PM
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    Es satisfactorio ver como los jóvenes universitarios eligen un tema de escritura como la poesía, ya que actualmente vivimos en un entorno social tan complejo y lleno de amargura que es extraño ver este tipo de preferencias. Es importante que desde la academia se implementen esta clase de lecturas, o que por ejemplo, en el caso del periodismo, se enseñe los parámetros que debe tener la poesía para escribirla de manera eficaz.

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  • el 29 noviembre, 2019 a las 5:16 PM
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    Es un muy buen escrito, desde un inicio atrapa y genera la necesidad de continuar leyendo y llegar al final. Los detalles y la secuencia del relato son muy buenos. Sin embargo, no hay un componente periodístico ni profundidad de algún tema actual, como los que normalmente se publican en este periodico.

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