Uribe y la Constitución del 91, vidas cruzadas

Andrés Olivar, comunicador social y periodista, magíster en Estudios Políticos y docente e investigador de UNIMINUTO, Seccional Girardot-Cundinamarca.

Como en aquella trilogía cinematográfica de Alejandro González Iñárritu –‘Amores Perros, 21 Gramos y Babel’-, en la que los personajes, con vidas tan disímiles como puedan ustedes imaginar, terminaban con sus destinos entrelazados al final de la trama; así, digo, como imitando la ficción, el pasado 4 de julio se cruzaron dos natalicios en Colombia: el de Álvaro Uribe Vélez y el de la Constitución Política (CP) de 1991. El mismo día cumplen años la carta de derechos fundamentales y su peor enemigo.

Hay quienes dicen que la Constitución del 91 es una de las más progresistas de todas las democracias existentes. Y sí. Ya el primer artículo es una declaración de intenciones: “Colombia es un Estado Social de Derecho”. Esto implica que el Estado colombiano no sólo se rige por la ley, sino que también tiene como objetivo la protección social de sus asociados, los ciudadanos nacidos en este territorio. Salud, educación, trabajo, vivienda y un medio ambiente sano son derechos sociales de obligatorio cumplimiento por parte del Estado. Después, la Corte Constitucional y la Acción de Tutela son las dos grandes instituciones que nos legó la carta política del 91 para proteger los derechos fundamentales.

¿Por qué Álvaro Uribe busca acabar la CP del 91? Porque se opone a su visión decimonónica del orden político, y porque es su principal obstáculo para imponer el “Estado de opinión”, innovación conceptual pergeñada por el oscurantismo político en el que vive el “Gran colombiano”. Aquí, tres indicios que advierten el odio de Uribe a la CP del 91:

  1. Montado en el caballo del Estado de opinión, se quiso elegir por tercer periodo consecutivo, afán dictatorial que erradicó de tajo la Corte Constitucional en 2009. A Uribe no le gusta la separación de poderes, le gusta la adoración popular a costa de las instituciones democráticas.
  2. Ya como expresidente y senador del Centro Democrático, Uribe impulsó la idea de acabar con las altas cortes y crear una sola “supercorte”. Por supuesto, como al líder le incomoda que la Corte Constitucional defienda el derecho a un medio ambiente sano -son muchas las sentencias de ese alto tribunal oponiéndose a la megaminería-, pretende acabarla para satisfacer los deseos del empresariado, su aliado de toda la vida. Con otro agravante, acabar las cortes implicaría la creación de una Asamblea Nacional Constituyente; es decir, un borrón y cuenta nueva, una reestructuración de los arreglos institucionales para que el uribato cambie las reglas del juego y ponga de nuevo al líder en el trono por los siglos de los siglos, amén.
  3. Uribe detesta la libertad de cultos. En su visión ultramontana y camandulera, quisiera consagrar la nación a la religión católica, al mejor estilo del gobierno de la Regeneración conservadora de 1886. Su aversión por el aborto legal y seguro, así como su antipatía hacia las familias homoparentales, van en sintonía con su talante reaccionario.

La CP de 1991 es quizá la única herramienta eficaz que tenemos los colombianos para defender nuestros derechos básicos.La constituyente que aventura el uribismo se propone como una herramienta para acabar la burocracia judicial y simplificar el aparato jurídico. Sin embargo, detrás de estos argumentos se esconde la más perversa intención, ante la cual todos debemos tener los ojos bien abiertos: imponer el “Estado de opinión” y acabar con el Estado de Derecho.

El Estado de Derecho es el producto de las teorías contractualistas del Estado y de la tradición del liberalismo político para evitar la tiranía. El Estado de opinión es el producto de un dictador disfrazado de demócrata para modificar el diseño institucional de nuestra democracia liberal y gobernar según los designios de una opinión pública sesgada y desinformada.

Y dicen odiar el castrochavismo.

Etiquetas: Visión desde los derechos humanos, Constitucionalidad y legislación de partidos políticos, Democracia, humanidades y más allá de la razón instrumental, Opinión pública

Por Andrés Olivar

Un comentario en “Uribe y la Constitución del 91, vidas cruzadas

  • el 25 septiembre, 2019 a las 11:55 AM
    Permalink

    Para la sociedad colombiana los derechos son muy fundamentales, pues estos son los que permiten a las personas acercarse a vivir en justicia, libertad e igualdad social y que por supuesto deben ser respetados, precisamente por eso existe y prevalece la constitución del 91 plasmada a nivel nacional en donde se rigen tanto derechos como deberes que deben hacerse valer, independientemente del lugar o la situación en la que nos encontremos; ahora con el solo hecho de que haya una idea de implementar un estado de opinión se entiende que el país aún sigue estando en manos de vertientes políticas nominadoras que solo buscan un bien particular mas no general; en cambio el estado de derecho por lo menos nos puede garantizar probabilidades de justicia y evitar las tiranías.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *