La drogadicción, un abismo sin retorno

Cerca del 12% de los jóvenes colombianos han consumido sustancias psicoactivas; de esa población, comprendida por escolares entre 12 y 17 años, el 7.3% reincide en el uso de estupefacientes.

Fotografía de joven desertor de la Institución Educativa Manuela Omaña mientras consumía sustancias psicoactivas.                                                                                                                                                                            Foto tomada de la web

 Iniciar exponiendo que uno de cada ocho jóvenes colombianos consume alucinógenos es desconsolador: gracias al abuso de drogas, el país entero es testigo de cómo el futuro de las generaciones venideras se desvanece con el humo de un cigarrillo de marihuana. Cabe resaltar que no sólo se consume cannabis, peor aún, las cifras más alarmantes están asociadas con el consumo de alcohol: 70.4%, en el caso de las mujeres, y 68%, en el de los hombres.

Girardot ha sido epicentro del movimiento de grupos delincuenciales que se encargan de hacer circular sustancias psicotrópicas por las calles de la antiguamente denominada ‘Chivatera’, y es que, aunque se han implementado  políticas que regulan el consumo de alucinógenos, la drogadicción como problemática social ha derivado en nuevos fenómenos que azotan a la ciudad.

Durante 2017 y 2018, se convirtió en una constante que el ciudadano girardoteño se despertara con la noticia de que un joven fuera asesinado en extrañas circunstancias, debido a presuntos ajustes de cuentas. Entonces, la toxicomanía es el foco del problema; no obstante, no es el problema en su totalidad, pues de él dimanan aspectos posiblemente más delicados: fronteras invisibles, sectorización del microtráfico, delincuencia común, entre otros.

Es triste ver como un niño de ocho años se sienta en el corredor de su casa a meter vicio, uno se pregunta ¿dónde están las autoridades? Pero, sobre todo, ¿Dónde están los padres?” (sic): Aurora Donatra, comerciante de Girardot.

Al respecto, las autoridades, en cabeza del asesor de Seguridad y Convivencia Ciudadana, Mario Contreras, manifiestan haber puesto sus más fervorosos esfuerzos al servicio de la comunidad, adoptado estrategias como visitas a instituciones educativas, charlas a menores de edad, capacitación en cuanto al reconocimiento de sustancias psicopáticas y psicotrópicas, entre otras. Lastimosamente, la realidad sigue siendo sólo una; en medio de ácidos, opioides, y otras sustancias, el futuro de la juventud en Colombia se distorsiona con preocupante prontitud.

Visita de la Policía Nacional a centros educativos para realizar campañas de concienciación acerca del consumo de sustancias alucinógenas.                                                                                                                                                                                                                   Foto por Juan Lugo

Balance de eficiencia de las estrategias oficiales anti-drogadicción

Pese a los esfuerzos de las autoridades, en Colombia durante 2018 se desarrollaron treinta y tres nuevos narcóticos, de origen químico o vegetal. La realidad va en contravía de las estadísticas suministradas por la Administración Municipal, pues, aunque se disminuya el consumo de estupefacientes en una población determinada, la muestra no es necesariamente representativa, en la medida que no refleja la realidad de la ciudad, sino la de un grupo sobre el que se han estado aplicando estrategias de contingencia. 

De cara a obtener una medición significativa se debe replantear el modus operandi, por ejemplo, “diseñando propuestas metodológicas y sistemáticas que involucren a toda la comunidad”; así, el resultado del plan coyuntural se vería reflejado en la totalidad, y no exclusivamente en un sector, advierte la docente Nohemy Mora, quien destaca que, independientemente de los proyectos adelantados por las administraciones, “la situación sólo puede mejorar si los padres toman conciencia de la formación de sus hijos” (sic).

Del consumo a la distribución, una lucha por el poder que deja a su paso un sinfín de cadáveres

Pese a que es preocupante que un menor esté consumiendo narcóticos, la situación toma un nuevo nivel de relevancia cuando se pasa del consumo de droga a la construcción y distribución de los estupefacientes; el problema inicial se complejiza en la medida en que el fenómeno pasa, de tener una connotación individual, a una escala masiva.

El microtráfico implica la creación de organizaciones delincuenciales encargadas de garantizar el flujo de narcóticos, “el problema es que vender droga implica intereses económicos”; por ende,  llegan a tomar medidas sumamente drásticas de cara a garantizar el monopolio del negocio, apostilla Mario Contreras, asesor de Seguridad y Convivencia Ciudadana, quien remata diciendo que dicho acaparamiento es disputado a instancias de la vida misma.  

Campaña de requisa por la Policía Nacional adelantada para identificar microtraficantes y consumidores.                                                                                                                                                Foto por Juan Lugo

Entonces, la lucha por el poder se convierte en una nueva situación que preocupa, tanto a la comunidad como a la Administración. Con la organización de grupos delincuenciales, se construyen las llamadas ‘fronteras invisibles’, consistentes en que “una persona no puede pasar de una calle, porque si se pasa lo matan” (sic) es decir, se delimitan las zonas de influencia de cada organización, según relata la lugareña Liliana Torres. “Así se han presentado los asesinatos de jóvenes en el sector”, concluye.

Evidentemente, se parte de un problema puntual: drogadicción; pero éste deriva en diferentes fenómenos sociales que afectan a la comunidad, consolidando un macroproblema. En ese orden de ideas, el Gobierno no debe preocuparse solamente por el consumo de sustancias psicoactivas, sino realizar un proceso de análisis completo en el que incluya las diferentes vertientes del problema matriz. No se trata de maquillar realidades a partir de estadísticas intransigentes, lo que se debe hacer es procurar un cambio de paradigma.

“A pesar de que la escuela adelanta un proceso pedagógico que permita a los niños adquirir la capacidad de discernir; son los padres, desde casa, los que deben educar a los menores”: Nohemy Mora, docente de Lenguaje.

En primera instancia, se puede evidenciar que la comunidad no considera que se esté ofertando un verdadero acompañamiento ni mediante la pedagogía ni a partir de las vías de hecho; a contrario sensu, desde la Alcaldía se evidencia la aplicación de campañas de concienciación para jóvenes. Entonces, ¿cuál es el error? Desde la sociología y antropología, se plantea que si no existe un cambio cultural: es decir, de fondo; difícilmente, se podrá generar una mejora en materia de seguridad u orden público.

El futuro de una ciudad, un país y, sobre todo, una población, está en riesgo. La ineficiencia del Estado y los padres ha sometido a una generación a circunstancias inapropiadas en materia de construcción de ciudadanía. Los sueños de una comunidad se diluyen en el ácido que quema sus neuronas. La humanidad se ha conducido a un punto sin retorno. A fronte praecipitium a tergo lupi.  

 Etiquetas: Alucinógenos, Pedagogía, Seguridad, Campañas para prevenir uso de drogas 

                                                                                                                                               Infografía por Juan Lugo
                                                                                                                                               Caricatura por Juan Lugo

Por Luis Suárez, Juan Lugo

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Un comentario en “La drogadicción, un abismo sin retorno

  • el 6 junio, 2019 a las 12:51 PM
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    El artículo es una pieza periodística muy buena, sin embargo hay que ser minucioso a la hora de escribir y publicar, puesto que aveces se pueden escapar palabras incompletas o mal escritas que alteran la libre lectura por ejemplo «adoptado» cuando debería ser -adoptando-, el vídeo está muy bien logrado y la caricatura sin duda refleja una realidad pertinente. 59 luego, enfocándonos en el problema de la drogadicción, pienso que los entes encargados de esta problemática, aprendan un poco del estudio «el parque de las ratas» para lograr crear una pedagogía afectiva sin ejercer la fuerza.

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