Democracia liberal: entre el formalismo institucional y la inacción

Andrés Francisco Olivar Rojas, magíster en Estudios Políticos, comunicador social-periodista, y docente e investigador en UNIMINUTO, Sede Cundinamarca, Centro Regional Girardot.

Una reflexión en torno de la democracia sería inútil si no criticara el statu quo del sistema: la democracia liberal. Sin esta necesaria crítica, cualquier intento por explicar la democracia se quedaría en un nivel meramente descriptivo y sumarial. Por tanto, en aras de la honestidad académica, debe quedar manifiesto que, en este artículo, además de la necesaria descripción histórica de la democracia, se formula una crítica al modelo de la democracia liberal.

Si surgen modelos de democracia alternativos, es debido a que, tanto desde lo teórico como desde lo práctico-moral, la democracia liberal demuestra serias falencias. En ese sentido, el hilo conductor de este documento viene definido por un relato histórico de la democracia y del liberalismo.

Antes de desglosar el concepto de democracia, es preciso definir lo que es un modelo de democracia. Según la definición de Macpherson (citado por Gabardi), un modelo de democracia es “una construcción teórica destinada a mostrar y explicar las relaciones subyacentes a las apariencias, entre o dentro de los fenómenos estudiados”; “para explicar la probabilidad o posibilidad de futuros cambios en esas relaciones”; y con “una preocupación por lo que es deseable, bueno o correcto” (2001, p. 547).

La democracia ha vivido dos invenciones: la primera, en la antigua Grecia, y la segunda, en la Francia revolucionaria del siglo XVIII. En ‘La democracia y sus críticos’, Robert Dahl denomina “primera transformación democrática” (1992, p. 21) al hecho histórico que permitió a los ciudadanos de la polis deliberar y participar en torno de las decisiones del gobierno. Cabe aclarar que no todos los habitantes podían acceder a la participación política; únicamente, los ciudadanos (residentes de la polis) gozaban de este derecho. Los metecos (extranjeros) y los esclavos eran agentes pasivos del accionar político.

La noción intrínseca a la democracia griega era la igualdad, a través de los criterios de isonomía (igualdad ante la ley) e isegoría (libertad de palabra) en el ágora, la semilla de lo que hoy se conoce como parlamento. En la antigua Grecia, la igualdad se entendía eminentemente desde lo político, no desde lo económico y social. De hecho, una gran disparidad económica no podía hacer efectiva la participación política, pues el criterio de homogeneidad entre los habitantes de la polis era requisito fundamental para no generar discrepancias en función de los asuntos públicos.

El salto de la democracia griega a la democracia reinventada en Europa, implica una profunda transformación del concepto en cuestión. Reviste particular importancia la idea de “libertad”, en la medida  que supuso la trampa conceptual en la que todavía se encuentra la democracia, y que Chantal Mouffe ha dado en llamar “la paradoja democrática”. Pero antes de Mouffe, Bobbio definió con claridad la evidente contradicción que enmarca la democracia liberal, afirmando que “el liberalismo, como teoría del Estado (y también como clave de la interpretación de la historia), es moderno, mientras que la democracia como forma de gobierno es antigua” (1999, p. 32).

Por su parte, Sartori cita a Tocqueville, quien plasmó, con claridad meridiana, la ambivalencia entre libertad e igualdad, cuyo punto neurálgico logra localizarse cuando se introduce al debate la doctrina socialista: “La democracia y el socialismo se unen sólo por una palabra, la igualdad; pero nótese la diferencia: la democracia quiere la igualdad en la libertad, el socialismo quiere la igualdad en las incomodidades y en la servidumbre” (1994, p. 202).

Queda servido el debate. No es apresurado afirmar que estas palabras de Tocqueville, sin él proponérselo, y quizás muy a su pesar, pudieran ser el germen de la socialdemocracia: doctrina que propone más democracia y menos liberalismo. Así, la democracia liberal pura y simple defiende la libertad como principio “antisocialista”.

La pregunta que puede surgir es qué viene primero, ¿democracia o liberalismo? Evidentemente, y como también lo señala Sartori en términos cronológicos, democracia fue primero que liberalismo. Pero la segunda invención de la democracia pone en primer plano el liberalismo. Democracia y liberalismo confluyen en el siglo XIX debido a la conjunción de factores políticos que pregonan la libertad como la principal ganancia de la modernidad. Lo que acentúa aún más la relevancia del liberalismo sobre la democracia es el marco jurídico en el cual se inserta el nuevo ciudadano de la modernidad, que ya no estará atado al yugo monárquico y sus designios irrefutables.

El nuevo ciudadano ahora vive en un territorio que le cobija bajo el manto de la ley (Estado de Derecho). Las libertades deben ajustarse a la ley, en pos del orden social; por supuesto, esto implica cierta reducción en la capacidad de actuación del demos. “En eso consiste la democracia”. Lo público se torna privado y detentado por una oligarquía liberal. “Oligarquía, ya que una capa definida domina la sociedad; liberal, ya que esta capa deja a los ciudadanos una cierta cantidad de libertades negativas o defensivas” (Castoriadis, 2002, p. 154).

Etiquetas: Democracia, Nuevas miradas de la política, Liberal, Educación en forma constitucional  

Por Andrés Olivar

Un comentario en “Democracia liberal: entre el formalismo institucional y la inacción

  • el 30 mayo, 2019 a las 3:58 PM
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    La democracia liberal es regida por una constitución, protegiendo los derechos y libertades de cualquier minoría y en general de cualquier persona, de forma más detallada, siendo una democracia representativa que se sujeta al estado de derecho. Por otra parte se encuentra la democracia y ciudadanía regidas por otros parámetros morales y políticos a los liberales, es decir un sistema macro democrático que abarca a miles de asociados de gremios, comunidades, barrios y el ámbito urbano como zonas rurales, asumiendo la forma democrática a gran escala.

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