Democracia, humanidades y más allá de la razón instrumental

Andrés Francisco Olivar Rojas, magíster en Estudios Políticos, comunicador social-periodista, y docente e investigador en UNIMINUTO, Sede Cundinamarca, Centro Regional Girardot.

Frente al problema de los excesos de la razón instrumental se plantean dos alternativas: una, la destrucción del modelo hegemónico de desarrollo o, dos, la humanización del modelo. Aquí es cuando se vislumbra el carácter netamente político de la variable desarrollo, pues su significado y su uso tienen implicaciones en la forma de vivir juntos, de garantizar mínimos de armonía y convivencia. La posición de Walsh es similar a la de teóricos como Boaventura de Sousa Santos (2009), quien acuña el concepto de “epistemologías del surpara construir un modelo de desarrollo basado en la interculturalidad y en la colonialidad; es decir, en la construcción de un discurso y un ethos basado en saberes no eurocéntricos, sino en articulaciones ideológicas localizadas en las particularidades de lo latinoamericano.

Martha Nussbaum (2010), por otro lado, sin mencionar nunca las palabras desarrollo o modelo(s) de desarrollo, pone el acento en la deshumanización de la educación. En este punto se puede articular la teoría de Nussbaum con la educación  crítica. Parto del hecho de que la posición de la pensadora no tiene la carga ideológica de las teorías de Walsh o de Sousa Santos; a pesar de ello, sus aportes pueden contribuir a pensar el desarrollo desde la humanización de la democracia.

La educación debe tener básicamente dos fines: uno, aguzar el intelecto para estimular el pensamiento crítico, y, dos, brindar herramientas para poder acceder a bienes y servicios. La primera dimensión es humanística; la segunda es técnica, y ambas se retroalimentan, no se excluyen. El pensamiento crítico es la capacidad de cuestionar verdades que se asumen irrefutables, por lo que debe ser un mecanismo transversal a todo el proceso educativo.

Parto de la premisa, junto con Nussbaum, de que las artes, las humanidades y las ciencias sociales son esenciales para la formación del pensamiento crítico, y de que los excesos de la razón instrumental se deben, primordialmente, al desmantelamiento paulatino en los currículos de asignaturas ligadas a las artes, las humanidades y las ciencias sociales.

Refiere Patiño (2014) una observación del virrey Caballero y Góngora sobre la educación de su época:

(…) Todo el plan se dirige a subsistir las útiles ciencias exactas en lugar de las meramente especulativas en que hasta ahora lastimosamente se ha perdido el tiempo; porque un Reino lleno de preciosísimas producciones que utilizar, de montes que allanar, de caminos que abrir, de pantanos y minas que desecar, de aguas que dirigir, de metales que depurar, ciertamente necesita más sujetos que sepan conocer y observar la naturaleza y manejar el cálculo, el compás y la regla, que de quienes entiendan y discutan el ente de la razón, la primera materia y la forma sustancial (p.261).

Se deduce que desde el siglo XVIII se discutía en torno de la utilidad del conocimiento. Discutir respecto de la utilidad del conocimiento significa definir qué contenidos son útiles para el individuo y para su mundo circundante. En ese sentido, si nos atenemos de las necesidades del mundo actual, el paradigma de la globalización económica exige de las economías nacionales superar el modelo exportador de materias primas y pasar al modelo de producción de bienes y servicios que propendan al cambio tecnológico, que logre insertar exitosamente a las economías en desarrollo al proceso de globalización. Es decir, pasar de exportar café, petróleo y bananos a producir y exportar tecnología de punta.

De esta forma, si nos circunscribimos a este imperativo, la formación del capital humano se centrará en disciplinas propias de las ciencias básicas y las ingenierías. ¿Necesita un desarrollador de software recitar el Canto General de Pablo Neruda? Como dijo el expresidente Mariano Ospina Rodríguez, “nadie ha encontrado minas de oro en el Parnaso”.

La  cuestión  es  no  perder  como  marco  de  referencia  la  democracia,  nuestra  forma  de gobierno. Dicha democracia exige para su funcionamiento ciudadanos ilustrados, pues son ellos quienes eligen la clase política que, posteriormente, tomará decisiones que interesan y afectan a todos. Si la corrupción campea en una democracia en la que existe, mal que bien, el pluralismo informativo y la vigilancia de los medios de comunicación (algunos) y la ciudadanía, ¿cómo sería en una sociedad en la que todos los ciudadanos le den la espalda a la cosa pública?

La formación meramente técnica-instrumental, destinada a la productividad de la renta, adormece el intelecto y anula el pensamiento crítico. Como lo afirma Nussbaum: “Los jóvenes de todo el mundo, de cualquier país que tenga la suerte de vivir en democracia, deben educarse para ser participantes en una forma de gobierno que requiere que las personas se informen sobre las cuestiones esenciales que deberán tratar, ya sea como votantes o como funcionarios electos o designados (…). A mi juicio, cultivar la capacidad de reflexión y pensamiento crítico es fundamental para mantener la democracia con vida y en estado de alerta. La facultad de pensar idóneamente sobre una gran variedad de culturas, grupos y naciones en el contexto de la economía global y de las numerosas interacciones de grupos y países resulta esencial para que la democracia pueda afrontar de manera responsable los problemas que sufrimos hoy como integrantes de un mundo caracterizado por la interdependencia” (2010, p. 29).

Nótese que Nussbaum no plantea la oposición globalización/identidad, como se deduce de los planteamientos de Walsh o de Sousa Santos, en los que conceptos como decolonialidad implican hablar de una relación hegemonía-antihegemonía, proyectada desde relaciones de poder político y epistémico del Norte hacia el Sur. (45 palabras)

Etiquetas: Democracia, Tecnología, Política, Gobierno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un comentario en “Democracia, humanidades y más allá de la razón instrumental

  • el 29 mayo, 2019 a las 4:26 PM
    Permalink

    El artículo periodístico debe reunir información detallada sobre el tema a tratar, para abarcar dicha clase de argumentos es necesario una contextualización que permita que la información pueda ser clara y precisa teniendo en cuenta que se brinda a la comunidad en general. Para próximas publicaciones; en el párrafo seis se evidencia un error de espacios el cual es visible a simple perspectiva y a la hora de su publicación se tuvo que corregir puesto que dificulta la lectura del texto.

    Respuesta