Del lobo vestido de oveja vs. la Nueva Teoría Estratégica y su aplicación en Colombia

Gerson Dario Esquivel Zambrano, consultor en Comunicación Estratégica Universidad Sergio Arboleda, Bogotá.

¿Cuál es la trampa? Un cuento sencillo que desde la organización (así como el lobo en la historia) puede servirnos para entender que desde la cultura adquirida en nuestras instituciones (familia, colegio, iglesia etc.), nos hace ser lo que somos, determina cómo vivimos y comprendemos nuestras experiencias, la vida, la forma en que comunicamos e interactuamos. ¿Tendrá algo que ver los valores organizacionales con la historia sociopolítica del país?, ¿el narcoterrorismo, la política manchada en clientelismo, nexos con el paramilitarismo, cárteles de drogas y la misma guerrilla con la forma de actuar del colombiano?  

Si ejemplificamos desde el cuento, el lobo crece en un mundo de supervivencia, la trama del mismo consiste en alimentarse a como dé lugar; por instinto, más que por racionalidad; cazará. Pero ¿en qué momento la metáfora llega a revestirse de estrategia? Bueno, cuando el problema es aún mayor, cuando el cambio debe hacerse y aceptarse; la incertidumbre de no saber si comerá o no, se vuelve real y apuntala una muerte.

Si hacemos ahora la analogía con el relato de Gabriel García Márquez (1996, p. 6) en su libro Historia de un secuestro, con esta breve cita: «…Era, en efecto, el automóvil de Maruja. Había transcurrido por lo menos media hora desde el secuestro, y sólo quedaban los rastros: el cristal del lado del chofer destruido por un balazo, la mancha de sangre y el granizo de vidrio en el asiento, y la sombra húmeda en el asfalto, de donde acababan de llevarse al chofer todavía con vida. El resto estaba limpio y en orden…». Esta acotación es una de las miles que el colombiano desde tiempos inmemoriales ha vivido: la ‘supervivencia’ como acto enunciativo del mismo en muchos sectores del país.

No obstante, a diferencia de otros países latinoamericanos, el discurso no sólo es de violencia y de una industria cultural maniquea, sino que además ha adquirido lo malo, el actuar equívoco como un saber hacer aceptado y reproducido por muchos. “Ser malo, delincuente y tramoyero paga”, es una frase que en la jerga coloquial es cierta y es ley.

Si transportamos este punto de inflexión a las organizaciones veremos formas de proceder muy parecidas: desfalcos a la forma de pensar individualmente, robos y secuestros actitudinales cambiados por conductuales, transmisión de costumbres cortoplacistas en la forma de trabajar y transmitida por los altos mandos, hitos y totemismos, basados en el miedo y la inseguridad trasladados a una cultura del silencio y de la obediencia.

El lobo como la organización posee en este caso otro nivel de parentesco, si inculca miedo podrá sobrevivir. El dilema surge cuando esto ya no funciona; pero, ¿por qué cambiar una cultura tan arraigada? ¿Se puede cambiar al que inculca a taras actitudinales, esos totemismos e hitos?  La respuesta es sí, pero depende del mismo emisor. En una entrevista realizada por el doctor Fernando Véliz Montero a Fredy Kofman, se aclara que “el reto es desaprender comportamientos ya arraigados para articular nuevos comportamientos en el futuro” (Véliz, 2013, p.18).

“El lobo actúa por supervivencia, el ser humano, también; pero este último engendra sus más íntimos miedos en el actuar social y organizacional”: Gerson Esquivel.

Aunque ¿cómo se hace? Argumentando desde Kofman, si la meta es hacer dieta, pero el hambre te lo impide, si la meta es que lo planificado se cumpla, que los valores sean coherentes con lo que se hace, quiere y ejecuta o desea hacer la organización, ¿cómo lo logro? Bueno; lo primero es desaprender y, para ello, es necesario darle ese sentido vivencial a nuestra existencia; cosa que el lobo no hace porque está en esa inmediatez. Según Kofman, el humano debe generar ese sentido desde lo futurible (pensando en su pasado, para vivir un presente con proyección en él después).

En la entrevista, la similitud de “la dieta es una buena analogía de lo que pasa en el interior de las personas y las organizaciones. Se pierde en el momento la consciencia sistémica. Nos volvemos miopes y perseguimos la gratificación inmediata en vez del bienestar del largo plazo. Por ejemplo, es mucho más tentado acusar de ignorante a alguien que está en desacuerdo conmigo e intentar forzarlo a que cambie de opinión (intimidándolo a los gritos, quizás). Sin duda, por gran parte de nuestra historia, los genes intimidadores llevaron las de ganar. Pero hoy ésta no es una buena manera de sobrevivir en la sociedad y los negocios” (Véliz, 2013, p.17).

El lobo en la concepción política, económica, social y cultural

¿Cómo educar sin medidas políticas y económicas? Resulta difícil. Quienes han contado la historia colombiana han hecho que solamente se piense en guerra y contención de la misma, y que los recursos se destinen en gran parte a estos ítems; es hora de ir cambiando: aunque suene sencillo decirlo. Por eso, la ética no debe ser vista como un complemento de requisito universitario, más bien, como un estilo de vida. De lo contrario, se seguirá reproduciendo la premisa de recibir dineros por contratos, ultrajar los tesoros públicos, delinquir, mentir y actuar desde la hipocresía.

Así que para educar desde una cultura del cambio, es menester que ese punto de inflexión se transforme y se entienda desde la ética, y desde una base como principio rector, la moral, para que el hábito ostente la salud pública de la mente en sus organizaciones. Si se actúa desde lo políticamente correcto “por el bien común”, con verdadera coherencia, el Estado debe asumir el principio de gratuidad, no para regalar ayudas o subsidios financieros al pueblo, sino como lo aborda Nicolas Majluf (2011, p.4), “(…) no significa que la empresa renuncie al lucro, sino que conciba el tener patrimonio o generar utilidades como una responsabilidad, significa ver la ganancia como un instrumento para alcanzar objetivos de humanización del mercado y de la sociedad”.

De esta forma,  el objetivo inicial no es otro sino educar desde la ética, pero no desde esa que regula  la justicia, sino como forma de vida loable. ¿De qué servirá en las organizaciones? Si se educa desde una ética loable, se tendrán ciudadanos con actuaciones de bondad, así como de acciones y actos con verdad.

Por otro lado, se debe trabajar en la cultura propia del país, no en copiar modelos de otros. Entre tanto, la industria cultural debe ser repensada desde lo que Martín Barbero llama los medios y mediaciones (2002, p.1-9). Tener una memoria histórica sin desfasarnos en el consumismo y en la obviedad de lo que no nos sirve; ejemplo sencillo pueden ser las narconovelas y los discursos extranjerizados de nuestra propia imagen y reproducidos por nosotros mismos; el narcoturismo y el turismo sexual son una buena aclaración.

¿Cuál es la trampa? Quedarnos en lo que creemos bueno. Muchas organizaciones utilizan máscaras para tapar sus hábitos institucionales, sus descuidos ambientales y sus falsas políticas, valores, principios y hasta su propia historia. Acá el lobo es malo, actúa para aparentar y poder agradar a la sociedad, Es decir, no hay compromiso ni mucho menos un principio de gratuidad que, por cierto, debería emplearse a cabalidad. Pero, antes debe realmente preguntarse si lo que pregona es lo que define desde su cultura reflejada en su personalidad, y acá Maturana oficia como conductor.

Interpretándolo, toda organización es forma viva creada por subsistemas, como los sentidos; aprecia, ve, escucha, olfatea e interactúa. Todo ser organizacional es como un humano y por tanto, toda la mirada psicológica, antropológica, física y hasta fisiológica debe tomarse en cuenta para establecer qué tipo de dolores aqueja y afecta el cuerpo organizacional para desde allí, responder al porqué de su personalidad y forma de presentarse al mundo. En otras palabras, entender cada subsistema desde su dolencia y darle ese alivio que necesita la empresa.

El lobo desde la concepción de la comunicación

Aún no se puede hablar de estrategia, pero sí de un modelo. El lobo tuvo que entender las costumbres y formas del saber hacer de las ovejas. Afirmar que la comunicación, sería deliberada; pero de lo que hay plena seguridad de que para entenderlas se tuvo que decodificar el mensaje y darle sentido a lo que deducía. Por ello, el narrador de todo el cuento es la cultura, que en este caso representa a la comunicación y a las mismas acciones, pues si no comunica, no actúa.

El error de todo ‘lobo’ es considerar un boletín, un decreto firmado, una película, como un formato sólo para “informar” y generar una acción que debe seguirse a cabalidad, es vivir en el ‘Mito de la Caverna de Platón’; en el que las “luces y sombras, con la idea de vivir en una realidad ficcionada”, vivir en la mentira que se cree cierta. ¿Qué se puede hacer? Tomar conciencia y tener el don de la curiosidad y la refutación para dejar a un lado ese argumentar que lo mejor que se puede hacer es lo que se está haciendo, dada la mirada desprovista de la veracidad que incomoda. Máxime, si no se trabaja en la comunicación como facilitador y mediador, sino se conciencia y se investiga desde ella, se perderá el tiempo hablando.

Consideraciones desde una conclusión del ‘lobo’

El ‘lobo’ es todo actor sea social, económico, cultural, empresarial o individual. Por tanto, puede tener miradas erradas, agresivas, imponentes; pero también sagaces y prudentes. Ése puede crear los puntos de inflexión y dañar el sistema como la industria cultural lo ha hecho muchas veces, aunque también, puede ser el líder salvador para cambiar el cuento.

Como lobo, se debe actuar para sobrevivir, es sentido común; pero no se puede quedar en los sistemas viejos de caza, hay que reinventarse: ello únicamente pasará si el rebaño se educa desde sus necesidades y no las impuestas por la política o la economía (pues, como vimos, es de guerra y resistencia).

Todo sistema que involucre relación con otros por obligación deberá co-crear desde la co-participación, para no quedarse como se quedó el lobo: en la idea de que como pudo estar en el rebaño, estaba haciendo bien y no vio las amenazas. En definitiva, si no se ve lo malo porque lo que está en función se percibe como bueno, lo más contundente es que desaparecerá. Es relevante hacerlo desde el concepto de ética trabajado en este escrito: No es dejar de lado lo lucrativo, es más bien, procurar ser un ‘lobo’ más consciente de un verdadero compromiso social.

Etiquetas: Lo que nos han enseñado no es comunicación, La educación como herramienta para el cambio social, Estrategias de inclusión social en Girardot , La Recepción un abordaje teórico desde el funcionalismo y los estudios culturales

Por Gerson Esquivel

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un comentario en “Del lobo vestido de oveja vs. la Nueva Teoría Estratégica y su aplicación en Colombia

  • el 30 mayo, 2019 a las 12:43 PM
    Permalink

    Este texto nos da a entender precaución ya que algunas organizaciones tratan de engañar con noticias falsas en este texto lo describe como un lobo : astuto y estratégicos. también puede ser un sujeto que maneja y manipula varias áreas , económicas , políticas y anda «buscando a quien devorar» , y su presa : la oveja, somos nosotros el pueblo, los receptores siendo engañados y confiados de que las noticias que recibimos es de calidad. pero en realidad se muestra otra cara, y mas si es un país capitalista como Colombia,manejados por los mas ricos dueños de los canales privados

    Respuesta