La delincuencia, una problemática de nunca acabar

Aunque ya se han tomado medidas para mitigar el flagelo, la realidad en Girardot es otra.

La seguridad es uno de los factores que debilita o fortalece el tejido social de una ciudad, sobre todo si es turística, como es el caso de la ‘Ciudad de las Acacias’. Foto tomada de la web

Girardot presenta el sentido inconveniente de la rampante inseguridad que afecta a todo tipo de personas. Las calles pese a que lucen aparentemente tranquilas, son testigos de emociones representadas en lágrimas y dolor por quienes muchas veces pasan a ser víctimas del hurto, puesto que deben desprenderse de un objeto que les ha costado trabajo conseguir, y que de resistirse a hacerlo, les puede causar incluso la muerte.

El problema de seguridad por el hecho de que no toque a las puertas de todos no quiere decir que no exista, pues ahí pervive en barrios que de alguna u otra forma toman medidas para disminuirlo. Empero la situación económica, crítica y la pulsión dominante por obtener dinero fácil logran que no se vean cambios en una realidad que atormenta a muchos hogares. 

Drogadicción y asesinatos

Representa una preocupación tanto para cada uno de los ciudadanos, comerciantes como de turistas; estos últimos afectados con frecuencia cada vez que se embarcan en ese viaje para llegar hasta la ‘Ciudad de las Acacias’ a disfrutar del cálido clima que ofrece ‘el pueblo’, tal cual muchos lo llaman. Por esta razón, se conformó la unión de la fuerza pública para contrarrestar los delitos cometidos por inescrupulosos. 

“El delito en todos los barrios no se presenta de la misma forma; se puede hablar del homicidio, el cual está más enfocado en barrios populares” (sic): capitán Álvarez.

El apoyo del Ejército Nacional hace parte de la estrategia para mitigar los ilícitos tales como hurto y homicidio. De igual manera, “el pie de fuerza se aumentó, y se cuenta con nueve cuadrantes y todas las especialidades de la Policía Nacional”, comentó el capitán Diego Álvarez, al referir la activación conjunta de la Policía de Infancia y Adolescencia, Judicial, de Inteligencia, la Ambiental-Ecológica, entre otras. 

El temor ciudadano

La población se siente acorralada por la inseguridad, dados los diferentes ataques ocurridos a sus propiedades, que generan miedo indisimulable. El robo de celulares con agresión física incorporada, que puede terminar hasta en asesinato, es un hecho común en cualquier ciudad colombiana, y lejos de resolverse, se acompaña de nuevas modalidades como las de los ‘rompevidrios’, que hacen montar en pánico -principalmente- a las mujeres conductoras de vehículos. 

Sumada a esta emergente problemática, aparece­­ el microtráfico y la oleada de  asesinatos, ante lo cual, Federico Jiménez, docente de investigación en Uniminuto, apostrilló que “el trabajo de la Policía no es sólo decir, sino hacer, mejorar la seguridad y evidenciarla” (sic). Aunque el apoyo policivo no puede ser simplista y suponerse que la inseguridad ciudadana se repara así no más.

La inseguridad cívica es fruto de las abismales desigualdades de la sociedad. Es decir, no solamente se debe ver como incompetencia policial ni como una circunstancia aleatoria que se desprende del conflicto interno. Se enlaza visiblemente con la realidad más dolorosa: una cultura de la ilegalidad y lo más incidente, un proceso de paz que no generó ningún cambio, más que perdidas económicas y de tiempo. 

El impacto sobre la seguridad ciudadana es cada vez más deplorable al la policía no generar propuestas que brinden seguridad. “Las decisiones de algunos jueces no son las correctas; liberan al ladrón al otro día y dicen que no es peligroso (sic), afirmó el lugareño Luis Díaz.  

El tamaño del flagelo es tal que nadie puede estar tranquilo ni en su casa, pues los ‘amigos de lo ajeno’ se meten como si nada. En medio del clima enrarecido ante la escasa presencia de autoridades de seguridad y justicia, apareció para colmo la mal llamada ‘limpieza social’.

 

Cuando la seguridad mejora, esa evidencia tarda en trasladarse a la percepción de la gente; ésta todavía se demora en darse cuenta que estamos viviendo seguros” (sic), Federico Jiménez, docente de Investigación en Uniminuto.

Los girardoteños se han dirigido a la Policía y Alcaldía en procura de respuesta oficial, que no asoma; tampoco ven diligentemente  a las autoridades patrullando las calles. “La policía sólo sabe perseguir motos, aquí en el parque no se ve un policía ni en el día ni en la noche” (sic), comentó Martha Salamanca, comerciante del municipio.

Ninguna ciudad está libre de esta ola de inseguridad ciudadana, mientras las desigualdades socio-económicas persisten. Y aunque ya existan alianzas entre las fuerzas de orden público, lo que se necesita es generar conciencia ciudadana, puesto que ante cualquier robo que se presente, o independientemente del delito, que se trate va a hablarse de que no existe seguridad. 

Así mismo, debe contemplarse que en Girardot, innumerables veces, los delitos no son cometidos por sus habitantes, sino por “personas que se desplazan de municipios aledaños, que cuentan con índice de criminalidad”, señaló Walter Bustos, docente de Trabajo Social en Uniminuto. Aunque no se debe descartar que últimamente la mayor parte de los hurtos los realizan jóvenes menores de 18 años, para los cuales el castigo no es el consecuente.     

                                                                                                  

                                                             Infografía por Heidy Miranda

Etiquetas: Delincuencia común, Estrategias para mitigar la inseguridad, Vigilancia vecinal, Inseguridad en festivales

Por: Heidy Miranda – Nicolás Díaz – Aura Domínguez – Mayra Ruíz – Carlos Díaz 

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