Percepciones sobre el higienismo en Colombia: una mirada desde la biopolítica y la limpieza del cuerpo

Por Flor María Morantes Valencia

El presente documento tiene como objetivo realizar una aproximación hacia el análisis del periodo higienista en Colombia, las prácticas y discursos biopolíticos que allí emergieron. Para ello, se ha tomado como artefacto cultural la conferencia inaugural de la cátedra clínica de patología mental presentada por el médico Miguel Jiménez López en la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional de Colombia el 11 de agosto de 1916 (Muñoz. 2011:103-137). 

 Allí, el médico en mención realizó afirmaciones como que la “herencia racial” era la causa de las patologías mentales y que las razas indígenas se encontraban en decadencia cultural porque los chibchas, aun siendo el pueblo más avanzado de Colombia, era un pueblo “degenerado precozmente” por el consumo de bebidas fermentadas como la chicha.

Para comenzar, el periodo higienista en Colombia inicia en el año1886 producto de la creación de la Junta Central de Higiene y se puede decir que finaliza en 1953 cuando se crea el Ministerio de Salud. Cabe señalar que en este momento la ideología higienista pasa a concentrarse en una ideología salubrista (Hernández, 2002:24), lo que sugiere cambios en la administración de la salud tales como la preocupación por la limpieza de los espacios públicos, el tratamiento de enfermedades contagiosas como la tuberculosis y la transmisión de enfermedades causadas por vectores como el paludismo y la malaria.

Ahora bien, un asunto que emerge de la conferencia inaugural proferida por el médico Miguel Jiménez López radica en el determinismo ambiental y geográfico con el que construye su discurso acerca del origen racial de las enfermedades mentales. Este hecho evidencia para una gran parte del sector médico de la época, la mezcla de razas aparece como un fenómeno  que va en contravía del proceso natural de la existencia humana y pone en juego la reproducción de individuos cuya ‘perfección’ no es garantizable para el sector productivo.

Por otra parte, en la conferencia se plantea el cruzamiento entre hispanos e indios como un hecho aberrante que conducirá sin tregua alguna a la degeneración racial de la nación. En este punto, aducir que las condiciones geográficas, climáticas y el consumo de bebidas fermentadas como la chicha conlleva al nacimiento de individuos  con desequilibrios y desórdenes mentales, representa la configuración de un discurso en el cual el cuerpo es rotulado como una máquina que sólo produce desechos y por ello no es útil para las actividades de producción que requiere el país. Además, la connotación de ‘alcohólicos y vagos’ atribuida a los indígenas continuaba legitimando su existencia como una raza menor, de la cual no se podía obtener ningún beneficio en el futuro, ya que su configuración biológica estaba precedida por elementos contaminantes y degenerativos.

Así, la vida de la población vista como un objeto de control, da cuenta de cómo desde la medicina y exactamente desde la corriente del higienismo, la búsqueda de individuos ‘puros’ llegó a atravesar límites, incluso como el de la muerte. La idea de contar con razas puras en beneficio del sistema productivo y de la doctrina económica de la época, hizo que el ideal de nación estuviera permeado  por principios de selección racial, en los cuales factores como el clima y la geografía fueron determinantes a la hora de establecer quiénes podían vivir y quiénes debían morir para preservar la pureza de la nación.

En este sentido, el caso de la conferencia inaugural de 1916 permite realizar una mirada de la biopolítica desde tres instancias: como ciencia, técnica y dispositivo. En primer lugar, la biopolitica como ciencia se puede pensar a través de la medicina y del higienismo, toda vez que fueron justamente estas dos disciplinas las que se encargaron de insertar, estructurar y posicionar el discurso de la raza al interior de la nación. Además, se trataba de la élite más prestigiosa del momento y no había lugar a contraargumentos sobre los postulados que relacionaban directamente a la raza indígena con las enfermedades mentales. En este punto, resulta importante destacar que además de las diferencias físicas como el color de piel, la talla y el peso; una enfermedad mental era suficiente razón para ‘asesinar’ el cuerpo de quien la padecía: es decir, un enfermo mental representaba lo mismo que un cuerpo muerte.

Por otra parte, la biopolítica como técnica se puede ver reflejada en el manejo institucionalizado de pacientes con tuberculosis y lepra,  los cuales fueron concentrados en hospitales y albergues localizados en zonas alejadas; de tal manera, que las posibilidades de contagio fueran mínimas (Noguera. 2003:183). Por último, la biopolítica como dispositivo se puede comprender a través de eliminación selectiva de personas que no representaban fuerza de producción económica para el país. Así, no únicamente desde el discurso higienista, sino mediante la construcción de albergues para enfermos crónicos –de los cuales además no se tenía conocimiento sobre el avance o recuperación de su enfermedad-, la biopolítica se constituye como un dispositivo para la selección y preservación, tanto de los que debían morir, como de los que con su vida aseguraban el crecimiento económico del país y contribuían a la configuración del proyecto de nación que estaba en manos de la élite.

Así pues, las categorías bio y zoe de Agamben (1998) emergen como modelos explicativos del fenómeno higienista discurrente por Colombia a mediados del siglo XIX. Por un lado, el indígena representa el Zoe de la discusión, habida cuenta que encarna al salvaje que habita en el interior de los campos más inhóspitos y agrestes, producto de las condiciones climáticas y geográficas que lo conforman. Ahora, por su parte, el bios se representa en los médicos, abogados e intelectuales formados por la corriente del positivismo europeo, quienes tienen el conocimiento y la autoridad suficiente para asegurar que en Colombia existe una degeneración precoz, producto de la existencia de razas menores que además atentan y amenazan con un posible cruzamiento racial.

En este sentido, tal vez uno de los dispositivos biopolíticos más fuertes es la asignación de valores políticos a las distinciones raciales. Dicha asignación se convierte en el punto de partida para ahondar en las diferencias y continuar construyendo un discurso excluyente, en el que la mera existencia del indio y del negro ya configura una fuente de riesgo, en la medida en que encarnan la posibilidad de un cruce de razas en el que, evidentemente, será la raza blanca la degenerada. Así pues, las interpretaciones fenotípicas también cumplieron un papel determinante durante el periodo higienista en Colombia,  por ejemplo la imagen del indígena bebiendo chicha se convirtió en el rótulo perfecto para asignarle a ese grupo poblacional categorías biopolíticas como pereza y alcoholismo. Finalmente, la salud y la enfermedad como continuum de la vida cotidiana de cualquier individuo, son empleados como categorías para la adjudicación de valores y, por ende, para la distinción entre los sujetos saludables y los enfermos de la nación.

Etiquetas: Lepra, Chicha, Corredor turístico , Rescatando la historia

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2 comentarios sobre “Percepciones sobre el higienismo en Colombia: una mirada desde la biopolítica y la limpieza del cuerpo

  • el 7 noviembre, 2018 a las 11:48 AM
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    El higienismo se retoma muchos siglos atrás, se hablaba de higiene privada y la publica, de esto podemos deducir que se basa en las condiciones sociales (clasismo). La higiene personal evita un sin fin de enfermedades el cual puede convertirse en epidemias, habla de la presentación personal y evidencia el tipo de persona que somos realmente. En la actualidad es muy factible adquirir implementos de limpieza, aseo personal ( jabones, cepillos, crema dental, perfumes, papel higiénico, copitos, etc…) obviamente va ligado a las posibilidades económicas que tengamos para lograr adquirirlos.

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  • el 2 noviembre, 2018 a las 11:28 AM
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    El “Modelo Higienista” trata principalmente a esta enfermedad como consecuencia de unas condiciones ambientales inadecuadas, las cuales podrían ser tratadas por medidas higiénicas. Se observa cómo, durante la época a del siglo XX, la mezcla de razas pone en riesgo el proceso natural de la existencia humana sin saber el resultado que eso traería en aquel momento.
    Estas mezclas o cruces que se da entre los hispanos y los indígenas, sumado a las bebidas fermentadas como la chicha, produce algunos desórdenes y desequilibrios mentales; lo cuales juegan con la mente humana colocando en peligro su vida a tal punto de llevarlos a la muerte.
    En consecuencia, se provoca la selección racial en una larga búsqueda de “puros” para que no siguieran reproduciendo más enfermedades a tal punto de decidir en aquel momento quien podía vivir y quién debía morir.
    Surgen diferentes cambios cómo: las diferencias físicas como el color de piel, la talla y el peso. Con los nuevos alimentos. Esto se basada a la distinta configuración biológica que precedía de forma contaminante y degenerativa, donde tuvieron que crear el Ministerio de Salud para logran controlar la situación, y hasta el día de hoy siguen surgiendo más y más enfermedades de distintas categorías.

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