La Iglesia y el Cristianismo (II)

Por Andrei Luna Pérez

El Cristianismo continuó varios de los modelos desarrollados en el Judaísmo del período posterior a la destrucción del segundo templo en el año 70 d.C., tales como:  la adaptación de los ritos de las sinagogas a las iglesias de las parroquias, el uso de canciones y de himnos en sus reuniones, el empleo de salmos y de otros textos de las Sagradas Escrituras, el incienso en la oración, un sacerdote, disciplinas ascéticas como el ayuno y la ofrenda, un calendario religioso por el cual ciertos acontecimientos y/o creencias se conmemoran.

De igual forma, se puede decir que después del nacimiento y consolidación del Cristianismo se empieza a estructurar lo que Joseph Ratzinger denomina la formación de Iglesia Particular e Iglesia Universal, de la cual surgen -en pleno siglo XXI- las preguntas fundamentales respecto de la creación del Cristianismo:

  • ¿Qué es la Iglesia?
  • ¿Para qué sirve?
  • ¿De dónde viene?
  • ¿La quiso efectivamente Cristo?
  • Y ¿Cómo la pensó?

Todos estos interrogantes, que surgen después de la llegada y crucifixión de Jesucristo, ayudan a encontrar cada uno de los problemas que a lo largo de la historia ha venido desarrollando la sociedad frente a su formación y desarrollo.

Así mismo, se debe pensar que después de tantos años de existir el Cristianismo y su Iglesia, ¿será que las interpretaciones exegéticas5 son las adecuadas para el fortalecimiento de una sociedad que ha basado sus creencias en los conceptos ajenos de alguien que existió muchos años atrás?

La Iglesia está basada ante todo en la responsabilidad de su estructura, adquirida desde la creación e interpretación de la exégesis liberal, que basaba su pensamiento en la formación de un Jesús individualista: esta interpretación se da a comienzos de la I Guerra Mundial.

También existía la exégesis cultural, que ve el culto como un espacio vital en la Biblia, buscando la interpretación de la misma, exponiendo dentro de la comunidad el análisis del Antiguo y Nuevo Testamento. El argumento principal de tal exégesis es que el Mesías no es concebible sin su pueblo y de alguna forma es el pilar de la interpretación católica.

Ya terminada la Primera Guerra Mundial y empezando la Segunda Guerra Mundial, la sociedad empieza a transformar la concepción del problema y desarrollo de las exégesis, a tal punto, que la misma religión sufre una bifurcación de la mano con la política, se vive una especie de “Guerra Fría” religiosa, y surgen conceptos de modelos religioso-económicos, mediante la aparición de doctrinas de los pueblos ricos, provenientes de los antiguos modelos de las interpretaciones liberales, dándole la potestad del beneficio divino a aquéllos que logran poseer riquezas: aclarando que durante muchos siglos la doctrina de la Iglesia fue la del poder y el expansionismo católico; pero a su vez, como ha sido costumbre, en el desarrollo de la sociedad, después del surgimiento del Cristianismo.

Aparece la otra doctrina, del llamado Bloque Marxista, la religión de los pobres, denominando a sus estructuras como las portadoras de la lucha de clases, argumentando, como ha sido hasta nuestros días, que Jesús vino al mundo para poder salvar a su pueblo de la tiranía y la represión: trayendo a colación a Marx, Jesús fue un hombre que luchó por la igualdad de clases. Que a través de su crucifixión buscaba que la sociedad fuera libre, que no existieran los problemas sociales que la Iglesia moderna ha intentado terminar: la desigualdad y eso lo lograría a través del ‘Reino’. La llegada al reino de los cielos sumado a su crucifixión le daba la oportunidad al pueblo de obtener la libertad qué tanto anhelaba y que le era bloqueada en vida.

Así mismo, la doctrina del Bloque Marxista anuncia el Reino a través de la Palabra de Jesús, en la interpretación de las Escrituras que lo que prometen es la salvación a través de la conversión y la Iglesia.

Aparece por primera vez un concepto claro de lo que es la Iglesia, no como Palabra sino como estructura, se convierte en la reunión del pueblo a través de la Palabra y del Reino, a eso es lo que propiamente vino Jesús a la Tierra, a salvarnos y a reunirnos en torno de libertad y amor hacia él. Pero quienes se encargarían finalmente de empezar a difundir la Palabra que hoy en día conocemos, fueron los apóstoles, aquéllos que reunirían al pueblo alrededor de la Palabra de Jesús, aquellos que eran denominados los ‘Doce’, por los hijos de Jacob y por las tribus de Israel. Aquéllos que, junto a Pablo de Tarso, darían las bases para la construcción del Cristianismo, la naturaleza y el surgimiento de la Iglesia.

Me gustaría señalar un párrafo que, de alguna forma, resume un poco lo que se ha hablado del concepto de Cristianismo e Iglesia:

Como en el pasado, el antiguo Israel veneraba en el templo su propio centro y la garantía de su unidad; y en la celebración comunitaria de la Pascua, realizaba de manera viva esa unidad; así, ahora este nuevo banquete debe ser el vínculo de unión de un nuevo pueblo de Dios. Ya no hay necesidad de un lugar central constituido por el único templo exterior… El cuerpo de Cristo, que es el único nuevo templo que congrega a los creyentes mucho más realmente de cuanto pueda hacerlo. Esto nos resume, en pocas palabras, el concepto de lo que la Iglesia Católica busca y ha ido reformando a lo largo de la historia como el pueblo ve el concepto de Cristianismo e Iglesia.

Pero es de gran importancia aclarar que el término de ‘Iglesia’ viene de la expresión “pueblo de Dios”, utilizando el vocablo ekklesia, que literalmente significa “asamblea del pueblo”, donde se debe y se escucha la palabra de Dios.

A lo largo de la construcción de lo que significa la palabra Iglesia, las diferentes comunidades han venido elaborando formas de acercamiento por parte de la sociedad al templo, como la explicación del bautismo, para poder ser insertados en Cristo: la comunión, la confirmación, el matrimonio… y todos aquellos sacramentos que acercan al individuo al ‘Reino’, pero vale repetir las preguntas:

  • ¿Qué es la Iglesia?
  • ¿Para qué sirve?
  • ¿De dónde viene?
  • ¿La quiso efectivamente Cristo?
  • Y ¿cómo la pensó?

Donde cada quien como lo propuso el Cristianismo y la construcción de Iglesia debe darle respuesta propia. Y así lo quiso Jesús, dar la libertad al pueblo de poder elegir que pensar y cómo hacerlo.

En conclusión, tanto la Iglesia, como el cristianismo se basan en el pueblo de Dios, y todas las comparaciones que la Biblia y los diferentes textos relacionados, ponen para ilustrar la unión de Cristo con la Iglesia, nos hacen entender que todos los creyentes tienen una comunión perfecta con Él por toda la eternidad.

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