El Cristianismo y la Iglesia (I)

Por Andrei Luna Pérez

A lo largo de la historia, a partir de la llegada de Jesús a nuestras vidas, el cristianismo -como es conocida la doctrina promulgada por sus apóstoles- ha sufrido varios cambios. Desde comienzo de su existencia, la puja por la autonomía de la verdad frente a las doctrinas cristianas ha sido arraigada desde el año primero después de Cristo y tras la conferencia apostólica que se  llevó a cabo en Jerusalén, Pablo de Tarso, el ‘Apóstol de las Gentes’, como es referenciado, además de ser judío tenía gran influencia de la cultura helenística y romana, por lo que como todo romano de la época tenía un praenomen1 relacionado con una característica familiar (el cual es SAULO, su nombre judío), y un cognomen2, que se asocia a una característica física (que en este caso es PABLO, su nombre romano).

El conocimiento de la cultura helénica, le permitió predicar el Evangelio con ejemplos y comparaciones comunes de esta cultura por lo que su mensaje fue recibido en territorio griego claramente y ésta característica marca el éxito de sus viajes, al fundar comunidades cristianas. Pablo es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo, y, después de Jesús, una de las personas más importantes para el cristianismo; como también lo fue Pedro y Juan.

Pablo también es reconocido por los católicos como un Santo. Hizo mucho para introducir el cristianismo entre los gentiles y es considerado como una de las fuentes significativas de la doctrina de la primitiva iglesia cristiana.

Hoy en día muchos religiosos consideran que el nombre «cristiano» es una especie de apodo despectivo o un término de desprecio que algunos incrédulos pusieron a los primeros seguidores de Jesús. Ciertos  teólogos aun se atreven a decir que durante muchos años los discípulos de Cristo rehúsaron llamarse «cristianos».

Pablo defendía a cabalidad sus doctrinas, era un jefe carismático, convencido de que poseía la verdad y eso lo manifestaba a través de sus frases: “Amigos míos, debo aclararos que el evangelio que vosotros me habéis oído predicar no es una invención humana. No lo recibí de un hombre; un hombre no me lo enseñó, lo recibí a través de una revelación de Dios”.

Pablo se enfrentó a aquellos hombres sabios y poseedores de la verdad y de alguna forma logró discernir con ellos, este fue el primer escollo del origen del Cristianismo.

El Imperio Romano, que se caracterizó por su expansionismo y que fue el gran protagonista del desarrollo del mismo, siempre dio libertad a sus colonias para el desarrollo de sus asentamientos; era tolerante. Pero, a su vez, profesaba la divinidad de sus emperadores, la elevación del alma después de la muerte: siempre se caracterizaron, por la relación entre el gobernante y lo divino.

La cultura griega otra gran protagonista del Cristianismo, fue la que transformó la visión de la experiencia religiosa, esta venía de cultos urbanos; pero como la gran mayoría de las tendencias religiosas de la época, tenían un temor a Dios, generadora de la reflexión y el aislamiento religiosos entre los individuos, basada como en todas las religiones en una divinidad. El aporte de los griegos, llevó a que las sociedades maduraran y buscaran un desarrollo en búsqueda del conocimiento, hasta poder obtener al tan anhelado cristiano, al engendrar un importante cambio dentro de las ideas religiosas, asumiendo nuevos retos individuales y promulgando un gran avance hacia las doctrinas cristianas. Todos estos aportes generaron la unificación de dioses como “señores” y sus adoradores como “servidores”, acentuando la tendencia política del culto al gobernante con el rey como un dios; empero a la vez inclinando a las sociedades hacia el monoteísmo, es decir, la búsqueda: no de un dios, sino de Dios.

Aparece dentro de la búsqueda del Cristianismo, el Judaísmo, que era una religión que proclamaba la reflexión interior, presionando de esta forma al individuo hacia algo más que lo político o lo militar, esta religión trascendía más allá de un poder concreto: buscaba un poder abstracto, basado en la reflexión individual, ayudando de esta forma, a que la guerra con el Imperio Romano no fragmentara sus bases religiosas, aunque de alguna forma lo logró con sus bases políticas; a tal punto, que nunca se obtuvo estabilidad y derivó en divisiones mayores de las que ya se veían dentro del campo político, religioso y económico.

El Imperio Romano, aplicando la tolerancia -que lo caracterizó-, hacia las regiones conquistadas, le dio el mando a Herodes, quien consiguió gestar un equilibrio dentro de la guerra que se vivía, otorgándoles en Jerusalén un templo más grande en escala que el ostentado por Salomón: el templo nunca se terminó mientras estuvo vivo Herodes, pero ayudó a crear la primera megaempresa de lo que hoy se conoce como la Iglesia Católica,  con la cual se suavizó las grandes diferencias que existían entre judíos y romanos, entre políticos y religiosos y a la vez le dio a los judíos la posibilidad de poder construir centros comunitarios y ampliar en las diferentes regiones las sinagogas, en función de reunir en sí una nueva forma de institución eclesiástica, y dejar las bases  más importantes del Cristianismo.

Afortunadamente, para los judíos y para el desarrollo del Cristianismo, los romanos siempre fueron respetuosos de la fuerza de su religión, dejando que ellos en vez de generar un culto a sus emperadores, simplemente, demostraran un respeto al Estado, y ofreciendo de vez en cuando sacrificios por el  bien del emperador; pero con la libertad de profesar sus creencias religiosas.

Se puede decir que el Cristianismo como religión nacida del Judaísmo enfrentó varios retos:

Pese a la oposición de un sector judaizante y el posterior ataque del Imperio Romano a su fe, Jesús empieza una campaña por predicar su fe, y luego Pedro y Pablo de Tarso por difundir la fe cristiana. Si bien el imperio toleraba todas las religiones de los pueblos sometidos, Pablo de Tarso es para muchos el promotor del Cristianismo por su arrojo en sus viajes y prédicas lo expande por el Cercano Oriente y Grecia, todo ello documentado en sus cartas a las respectivas iglesias.

El Cristianismo, nacido del Judaísmo, como religión fundada por Jesucristo toma elementos judaicos: Jesús nace en un seno de una familia judía, con una férrea tradición religiosa basada en leyes -668 más precisamente- basadas en la Torá, cinco primeros libros de la biblia religión acatada por los rabinos; al crecer Jesús tiene varios enfrentamientos con ellos, sobre todo, el día de su disgusto en el templo  con los mercaderes y luego el enfrentamiento que lo llevó a su muerte: es menester recordar que fueron los judíos y no los romanos, quienes llevaron a Jesús a su muerte.

Jesús pretende cambiar el férreo sistema religioso: si bien no contradice sus leyes, las hace más flexibles. La predicación para los leprosos, cosa no permitida en el judaísmo, él mismo predica: “Yo no he venido a cambiar la ley sino a aplicarla”. Y reduce los diez mandamientos a uno específico: “amémonos los unos a los otros como yo os he amado”, que resumiría toda la ley divina.

La idea judía de una religión basada en la nación israelita y el templo con Jesús toma un cambio, ya la iglesia es conformada por Jesús y él es nuevo cuerpo. Ya no es una nación sino un vínculo  amoroso con él, la nueva fe; la ley judía se resume en Jesús, lucha por los oprimidos. Jesús es la salvación no la ley.

Ese es el mensaje central, cosa que no agradó al Sanedrín porque competía con sus intereses. La nueva religión no es vista con buenos ojos, Él era una amenaza para el poder religioso de la época. El sacrificio se debía consumar de acuerdo con el plan divino: recordemos que el judaísmo lucha por no perder sus raíces, la revuelta contra Antíoco Epifanes  y su plan de helenizar el judaísmo que desembocara en la rebelión macabea. Además, su lucha contra los pueblos paganos, filisteos, cananeos, su esclavitud en Babilonia hacen que el mesianismo judío crezca (profetizado por Daniel, Ezequiel, Isaías) y se vaya fortaleciendo la fe judía en el contexto religioso y político. El israelita es el despatria de la tierra prometida; ley y fe es la idea de un mesías liberador, es una esperanza para los israelitas: un rey que eliminará la opresión será el que haga cumplir la ley y hará una Jerusalén fuerte y libre, ya que Jesús nace en el periodo de dominación romana, y si bien respetaba los preceptos judíos buscaba ante todo la salvación de todos los pueblos.

En conclusión, se puede decir que:

El Cristianismo es una de las tres grandes religiones monoteístas, junto con el Judaísmo y el Islam. Se inició como un movimiento mesiánico en el seno de judaísmo inspirado en Jesús de Nazaret y centrado en su persona.

El hecho de que su fundador fuese crucificado por los romanos y repudiado por el pueblo judío, no impidió que sus discípulos extendiesen el culto por todo el mundo basándose en la idea de su resurrección.

El cristianismo es una religión monoteísta que tiene sus raíces en el judaísmo; pero que se estructura como religión después del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, que viene a salvar no únicamente al pueblo judío que no lo reconoce como Dios, sino a muchos lugares del mundo, en sus vertientes católicas y protestantes evangélicas, anglicanas, luteranas, etc.

Para el Cristianismo sólo hay un Dios, que en la Trinidad aparece encerrado en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Este Dios otorgó a los hombres diez mandamientos a través del profeta hebreo Moisés, que constituyen la ley que todo cristiano debe respetar. El Cristianismo acepta la Biblia o Sagradas Escrituras hebreas a las que añade los Evangelios, o vida de Jesús y otros escritos que conforman el Nuevo Testamento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *