Diálogos intergeneracionales: una apuesta para la conservación de las prácticas socioculturales y ambientales del campesinado en Colombia

 

Por Mariana Ariza y Magnolia Rivera

Volver la mirada a las prácticas y saberes populares-tradicionales de las comunidades campesinas en Colombia, por parte de la academia, ha sido un reto para quienes lo hemos asumido, dado que las dinámicas institucionales -tradicionales y modernas- se concentran en la hegemonía y verticalidad del conocimiento. Este fenómeno acrecentó gradualmente las asimetrías sociales, más  incluso cuando la educación se mercantilizó.

El anterior escenario nos invitó a trabajar mancomunadamente con las comunidades campesinas de las regiones cundinamarquesas del Alto Magdalena y el Tequendama desde 2013, en un proyecto de investigación que para 2017 va en su cuarta fase de exploración.  Esta  iniciativa ha buscado desde sus cimientos la construcción de un espacio de resignificación de los conocimientos rurales donde sus prácticas se  puedan replicar en las generaciones presentes y futuras, incluidas aquéllas que no pueden acceder a la educación superior en la forma convencional. De allí surge la idea de llevar la Universidad al Campo.

Inicialmente, se hizo una sistematización de sus saberes, luego se diseñó un currículo compartido, en el cual cada una de las partes consignó su conocimiento y acto seguido, se inició la ejecución de una serie de talleres intergeneracionales de jóvenes y adultos mayores, muchos de ellos, líderes de la Asociación para la Promoción Integral de Comunidades Campesinas (Asopricor), agremiados por más de 40 años en este territorio.

La apuesta anterior se ha soportado en la Pedagogía Social (Pérez, 2010), siendo  aquella ciencia práctica, social y educativa (no formal) que fundamenta, justifica y comprende la normatividad adecuada para la prevención, ayuda y reinserción de quienes pueden padecer o padecen, a lo largo de toda su vida, deficiencias en  la socialización o en la satisfacción de necesidades básicas. Esta concepción de Pérez (2010) se vincula intrínsecamente con la Racionalidad Crítica de Habermas (1967); de la que  se retoma  su conceptualización  de las ciencias sociales, que, elaboradas a partir de la racionalidad, generan tres tipos de conocimiento: un conocimiento instrumental (de interés técnico), un conocimiento crítico y de acción (de interés emancipatorio), asimismo, un interés práctico que se fundamenta en el conocimiento histórico y hermenéutico. En consecuencia, Freire (1998) considera como primer paso para una Pedagogía de los Saberes Campesinos, iniciar un proceso de reanimación y vigorización cultural de las sociedades campesinas.

El saber campesino, inserto en el conocimiento popular o cotidiano, es un conocimiento empírico, práctico, que ha sido posesión cultural e ideológica ancestral de las gentes de las bases sociales; aquél que ha permitido crear, trabajar e interpretar el mundo con los recursos de la naturaleza (Fals Borda, 1985).

Es así, como el orden de la investigación versa sobre tres tópicos: seguridad alimentaria, cuidado del agua y del medio ambiente; por esta razón, lo que se pretende con ellos es recuperar saberes ambientales y de sostenibilidad de los campesinos, motivando su revisión y discusión por parte de los jóvenes rurales y urbanos, y, a su vez, presentar estos saberes como alternativas de construcción cognitiva, política y práctica social. Villamar (2011) y Schmelkes (2006) estudian el saber campesino a partir de esas áreas de influencia.

Es así como acuñamos la investigación acción participativa (IAP) como metodología base para este proyecto; a través de ella y del modelo praxeológico de Uniminuto, se efectúan los talleres intergeneracionales y se da cabida para el intercambio de saberes campesinos en relación con los temas mencionados. Desde cómo sembrar, hasta cómo adelantar movimientos de acción social participativa, aprenden estudiantes de pregrado, bachilleres, investigadores, docentes y líderes campesinos, en conjunto, en comunión. Hablamos de encuentros de una  a  dos  horas durante los cuales  convergen entre quince y treinta personas de todas las edades, aglutinados en  grupos focales, sujetos de entrevistas, socializaciones, entre otras dinámicas de estudio. Con el material recolectado se nutren los syllabus del Técnico Profesional en Desarrollo Económico, Social y Comunitario, construyendo una propuesta curricular, la iniciativa de concretar y validar los saberes campesinos en  un plano de acción real, uno validado por la academia y reconocido por las comunidades científicas como la oportunidad de resignificar al campo colombiano, porque los jóvenes están migrando a la ciudad y nuestros campesinos están envejeciendo.

A partir de esta lógica se fundamenta el proyecto ‘Diálogo intergeneracional: conocimientos tradicionales y nuevos para la seguridad y la soberanía alimentaria de los campesinos’, liderado por Uniminuto y Asopricor, en convenio con la Universidad de Algoma (Canadá).

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