El emprendimiento, más que una asignatura

El emprendimiento, más que una asignatura
Javier Díaz Ricardo

Impulsar el emprendimiento se ha convertido en uno de los principales objetivos de las instituciones de educación superior y del gobierno. Ello se debe a que, actualmente, es uno de los motores para el desarrollo de las regiones, que influye en el aumento de la oferta de empleo y el crecimiento económico de las mismas.

Sin embargo, a pesar de la inversión y los esfuerzos realizados en pro del emprendimiento, no se están obteniendo los resultados esperados, pues la cifra de informalidad en Colombia es del 48,6% según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y más del 70% de las nuevas empresas fracasan después de los primeros años de vida, evidencia de que aún hay mucho trabajo por hacer para que se desarrollen organizaciones sostenibles.

Para entender mejor la situación, hay que adentrarse en las universidades para observar cómo están abordando el emprendimiento. Y luego de hacer ese ejercicio se encuentran los siguientes factores en común que influyen negativamente: 1. El emprendimiento es visto sólo como una asignatura. 2. Docentes que nunca han emprendido, son quienes enseñan a crear empresas. 3. Los estudiantes se enfocan más en aprobar la materia, que en construir un proyecto empresarial con potencial. 4. No hay enfoque ni líneas de negocio definidos.

En conclusión, los claustros no tienen un modelo de emprendimiento articulado, sistemático y trascendente, debido a que, la mayoría de ideas y proyectos quedan consignados en planes de negocios y trabajos de grado que son almacenados en bases de datos y bibliotecas. Al final, depende más del  estudiante y de sus habilidades personales el lograr desarrollar con éxito su propuesta.

Entonces, ¿qué deben hacer las universidades para comenzar a desarrollar un modelo de referencia que realmente impulse el emprendimiento desde sus aulas?

En primer lugar, hay tres puntos clave que los centros de educación superior deben tener en cuenta para su modelo de emprendimiento: Primero, los procesos de investigación deben estar articulados con el emprendimiento y la innovación. Segundo, el emprendimiento no es solamente cuestión de programas como Administración Empresas, deben vincularlo en todas las áreas del saber. Tercero, es necesario que se generen espacios de interacción de docentes con estudiantes de diferentes carreras para impulsar la creación de equipos multidisciplinarios.

En segundo lugar, los procesos de formación tradicional deben ser complementados con actividades con las que los alumnos puedan aprender de personas que ya han asumido el reto de crear empresas. No se trata de hacer sólo conferencias y talleres, sino proporcionar espacios experienciales en los que tengan la oportunidad de poner en práctica sus habilidades emprendedoristas de la mano de expertos.

Y, en tercer lugar, los docentes deben entender que su labor no es “enseñar emprendimiento”, sino inspirar a los educandos para que sean ellos mismos quienes se animen a emprender, adquieran conocimientos y desarrollen habilidades necesarias para ser empresarios exitosos. Necesitamos docentes que asuman el rol de mentores y no se limiten a medir resultados con una calificación numérica.

Quisiera finalizar mencionando que resulta positivo que las universidades y el gobierno inviertan en temas de emprendimiento. Es un primer paso importante. Pero, no se puede quedar en la intención, ¡se necesitan resultados! Es momento de dar el siguiente paso y lograr que los procesos dentro de la academia sean un impulso para el emprendimiento y no un obstáculo para el mismo.

Por: Javier Díaz Ricardo

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