¿Será necesario llegar a la pena de muerte?

Por: Leonardo Andrés Montealegre Perdomo
      Estudiante de Ingeniería Civil.

 

Algunos parecen sensibles de corazón cuando de maltrato y abuso sexual infantil se habla. La indignación es el primer sentimiento que sale a flote; pero poco es lo que verdaderamente hacemos los colombianos en contra de este flagelo nacional. ¿A cuántos más tenemos que castigar? ¿Sí será suficiente una condena o será necesario llegar a la pena de muerte?

Citemos al mayor infanticida, exponente del secuestro, la tortura, violación y homicidio: Luis Alfredo Garavito. Tal hombre, se encuentra situado en el tercer lugar del ránking mundial de los asesinos por número de víctimas, con más de 170 asesinatos (niños entre los 6 y 16 años de edad), a quien la justicia colombiana ha consentido demasiado.

¿Qué  pensaría usted al  leer estos datos? Probablemente,  expresaría  asombro, indignación o una tristeza efímera; pero, ante todo ello, lo cierto es que tales hechos  sucedieron entre los años 1992 y 1998, y 19 años después siguen sucediendo casos similares, como el de Yuliana Samboní,  quien fue violada, torturada y asesinada por un “prestigioso” arquitecto  bogotano; o el de César Augusto Santos, un reconocido abogado santandereano, condenado por abusar sexualmente de su hija de  tres meses de vida y de causarle la muerte. Lo anterior,  sólo por citar algunos de los casos más relevantes. ¡Espantoso!

Pese a las alarmantes cifras que presentan, en conjunto, entidades nacionales e internacionales, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Policía Nacional de Infancia y Adolescencia y la Defensoría del Pueblo, los casos de violencia infantil vienen en  aumento y cada vez son más las denuncias hechas por este tipo de atrocidades ¿por qué no  se han tomado medidas drásticas al respecto?

La ley 1098 de 2006 vigila que los derechos de los niños prevalezcan por encima de cualquier circunstancia; pero ¿por qué a pesar de tantas leyes, convenios y tratados que protegen y dignifican los derechos de los niños se siguen viendo más y más estadísticas en las que aumenta el abuso sexual en los  infantes? Quizás no se ha sido lo suficientemente severos para castigar tales conductas delictivas.

Ante dichas situaciones, sin duda alguna, se hace  necesario un código penal más rígido que no dé posibilidad de beneficios a la hora de dictar sentencias condenatorias contra los criminales de  infantes: una ley más firme e imparcial que castigue, incluso,  con la vida  las conductas delictivas derivadas de desórdenes psiquiátricos  en contra de los niños, no solo del país, sino del mundo.

Tal vez, de llegarse a reformar el código penal, se podrían imponer condenas realmente fuertes, y así no se  seguiría viendo pisoteada y ultrajada a la niñez, en este mundo caótico y corrupto. Ojalá no se tenga que llegar a lamentar más infanticidios para tomar medidas al respecto.

Los niños, nuestros niños, son el futuro del país; por ello, estamos en la obligación de asegurarles un correcto desarrollo social, psicológico y afectivo para así evitar, a toda costa, que los infanticidas sigan incrementando las cifras de muerte y dolor en las estadísticas. ¡Castiguémoslos más fuerte!, aunque sea necesario llegar a la medida extrema de la pena de muerte.


Por: Winston Espinosa – Mateo Perea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *