¿Qué tiene que hacer la educación para el verdadero progreso?

Docente William Delgado

Una variopinta de posibilidades podría ocupar los próximos renglones en procura de llevar a cabo la subjetivísima tarea de buscar una definición a la palabra «progreso»; sin embargo, se ha de centrar el presente texto en las propuestas de Kant y Durkheim. Para Kant el progreso es una suma de todos los esfuerzos de quienes participan y han participado en un grupo social, por tanto y con el serio ánimo de generalizar, el progreso, es un asunto de todos; es decir, son las generaciones pasadas y futuras las responsables de proveer un mundo mejor, ideal a las generaciones venideras. Un mundo de progreso es aquel donde poco a poco cada individuo, asumiendo una total libertad, decide practicarla según preceptos de bien, que no sólo son buenos y apropiados para él, sino que también lo son para todos sus coetáneos y por la misma fuerza de su obviedad y correctud trascienden en el tiempo. Por tanto, lo que es bueno para él, deber ser bueno para todos en el mundo y lo que es bueno ahora, deberá ser bueno mañana, para el mundo.

Volvamos, entonces a la cuestión inicial, parafraseemos: ¿Qué papel desempeña la educación en el alcance del progreso? Kant habla de cuan proclive es el hombre a la libertad y de la imperiosa necesidad de enseñarle a manejarla. Esta enseñanza no podrá ser un ejercicio autodidacto; o todo lo contrario, exige el reconocimiento y participación del otro, quien prodiga la certidumbre de saberme social. Este ejercicio, en constante construcción por los demás y para todos los demás, consta de dos cuerpos, según Kant: 1) Los cuidados: Que velan por la formación del hábito disciplinado en una búsqueda constante y llana de alejamiento de la animalidad. El convertir ésta en humanidad, permite la posibilidad de un ser que actúe bien, motu proprio, no porque Dios lo desea sino por la práctica de la virtud y el valor intrínseco que ella representa a la humanidad. 2) Formación: Los cuidados conceden la posibilidad de un ser que… La formación aunada con ellos permite la certeza de un hombre ilustrado, capaz de administrar la libertad por saber, la libertad de hacer uso público de la propia razón. Un hombre no educado sólo para la escuela, un hombre educado para la vida; que tenga, como estableció Kant, la capacidad de servirse de su propio entendimiento. En resumen: “la formación pretende que el niño deberá aprender a pensar”.

En el anterior párrafo se ha permeado la palabra público, con la intención de presentar dos tipos de educación: la privada y, por supuesto, la pública. La primera, versa sobre la instrucción y la práctica de preceptos, las condiciones culturales. La segunda, en un modo completo, trata de la conjunción de instrucción y formación moral. En esta segunda, Kant establece que el individuo “aprende a medir sus fuerzas y las limitaciones que impone el derecho del otro;… no se sobresale más que por su propio mérito”. Esta educación que prepara claramente para la vida en sociedad, debe, en cuanto mecánica, instruir sujeta a las circunstancias; y en cuanto razonada, preparar al hombre para un mundo mejor. «Tras la educación está el secreto de la perfección de la humanidad» «Ella es lo que la educación la hace ser». La educación prodigará un hombre disciplinado, cultivado, civil y moralizado en consecuencia, un hombre que se gobierne y gobierne mejor, fundamentado en la moral y en la razonada administración de la libertad para ejercer la ciudadanía, entonces, un hombre acorde con el progreso de él mismo; entendiendo que su progreso es inalienable al progreso de su especie.

Se puede afirmar, en consecuencia, que la moral es, para Kant, virtud universal y su, a guisa de contrario, sería alguien que proponga la moral como virtud individual. Ese alguien es Durkheim, quien rechaza de facto la concepción Kantiana de la perfección de la naturaleza humana, pues para él, la noción de perfecto está intrínsecamente ligada a un «desarrollo armónico de todas las facultades humanas», facultades entendidas como las aptitudes innatas (si se permite la palabra) de cada individuo, pues necio sería pretender afirmar que todos poseemos iguales habilidades, lo cual se interpretaría como si el género humano poseyera disposiciones físicas y mentales indiferenciables, para llevar a cabo X actividad o Y estado. Si fuese este el caso; la perfección una vez alcanzada, pondría punto y final a la historia (Chaparro 2008), ya que la perfectibilidad de las verdades, por sustracción de materia y, como es apenas lógico, dejaría de ser funcional. He aquí literaria y literalmente un caminador para un bebé de 24 meses que ya corre, que ya salta.

Continúa Durkheim enfrentando a Kant, desde la tesis de este último, ya planteada en el presente texto, que sugiere el secreto de la perfección humana a partir de la educación. La cual, de alcanzarse, «vale para todos los hombres indistintamente”; sin embargo, Durkheim clama por pruebas y añade en contrapartida un hecho ineluctable: la historia; es decir las evidencias que soportan la educación como un ejercicio social …infinitamente variable según los tiempos y según los países». No se puede siquiera pretender, el comparar el objetivo y logro del mismo en la práctica educacional de la polis griega con la práctica educacional de la ciudad contemporánea latinoamericana. Es más, agrega Durkheim, y a propósito del anterior ejemplo: “Antes el individuo se preparaba para hacer parte de la colectividad, hoy día trata de hacer de él una personalidad autónoma”.

Un llamado a una educación no pretendida como ideal sin tiempo ni lugar, sino como una educación adaptable, no sólo a los cambios lentos o sorpresivos del grupo social donde esta se ha organizado, sino adaptable al posible progreso prefigurado, donde ella se organice, conocedora de lo “susceptibles que son el pensamiento y la acción a tomar formas diferentes y especiales”. Pensamiento y acción que habrán de ser moldeados según las aptitudes mostradas por cada niño. Pero no se piense en una exclusiva preparación vocacional sino en una vocacionalidad tan sólo como complemento de una formación que cubra los requerimientos morales y sociales de determinada sociedad. Sí y solamente sí, una moralidad también adaptable, según Durkheim: “En primer término, si existe hoy día un hecho, históricamente establecido, es que la moral tiene una relación estrecha con la naturaleza de las sociedades, toda vez que, como hemos mostrado de paso, ella cambia cuando la sociedad cambia”. Entonces, habremos de subordinar nuestros fines personales al fin máximo que es nuestra sociedad en particular que nos subordina y forma.

He aquí un parangón entre Kant y Durkheim, ambos establecen la necesidad de poder resistir nuestra naturaleza en busca de una transformación a partir de la educación en un grupo social y su correspondiente cúmulo de conocimientos de todas las generaciones, que regulan, tasan y exigen. Sin embargo, Kant busca a través de la educación la perfección universal, útil a todas las sociedades; per se, el progreso universal. Mientras Durkheim busca a través de la educación y su correspondiente cúmulo de conocimientos de una generación de adultos transmitido a una generación de jóvenes, adaptabilidad a la constante historia en creación, historia de los individuos, historia de una sociedad, per se, el progreso particular .

Por: Carolin Durán – Aura Galeano

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