La determinación rompe paradigmas

Sin partido sigue avante

Las ideas estarán siempre por encima de la realidad.

 

Evangelina Carvajal trabaja por la comunidad en el salón comunal de la vereda Guasimal.
foto tomada por: Martín Ramírez

A inicios de 2012, en El Espinal —segunda ciudad en importancia del Tolima—, la contienda política había arrojado el resultado esperado por todos, toda vez que la maquinaria del gobierno municipal arrasó en las votaciones con su candidato Orlando Durán Falla, dando por sentado el liderazgo político del partido Cambio Radical, el cual, cuatro años atrás, le había arrebatado el poder al partido Conservador, que gobernó por más de dos décadas en la ‘Ciudad del Bunde’ y haciendo alarde a la tradición conservadista de la municipalidad.

El presidente del Concejo es elegido por un año y, al terminar su mandato, debe realizar el respectivo empalme para no torpedear los respectivos procesos que realiza la corporación pública. Para ese entonces, Evangelina Carvajal Forero, una persona humilde, cordial y atenta     —características representativas de las personas que viven en la zona rural—, cuyo carisma generaba confianza a todo el que se le acercara. Todo transcurrió en completa calma durante el primer periodo de sesiones ordinarias; el cual se desarrolla el 2 febrero. Días después se aproximaba la culminación de los contratos laborales (de prestación de servicios) y la zozobra se apoderó de los que allí trabajaban.

En el Cabildo se manejan las famosas “cuotas burocráticas”. En muchos casos, quienes ingresan a trabajar no están por méritos, sino por ser simpatizantes de quien, por el momento, maneja el presupuesto: Lo que explica a grandes rasgos el anómalo manejo que se le da a la política en el país. Continuando con la historia, el día llegó, el presidente del Concejo, Orlando Segura, reunió a los funcionarios para definir la continuidad o terminación de las labores de cada quien. `Evita´, como la llaman de cariño, presentía que no le renovarían el vínculo contractual, porque no era cuota directa del presidente y así como ella lo intuía, pasó.

Ese momento para ella fue un infortunio. A veces las cosas no salen como son deseadas y si una puerta se cierra no es el fin total, es sólo la terminación de un ciclo. Aunque ella se encontraba inconsolable y con la voz entrecortada, según relataba Gloria Ayala, excompañera. A su vez, Carvajal mencionaba que se había quedado sin trabajo y con una gran cantidad de deudas. Continuó llorando. Al finalizar la jornada laboral, entre abrazos fraternos y con voces de aliento, ella se despidió de sus compañeros de trabajo y se marchó.

A la presidencia

Pasados los días, Evangelina continuó yendo a visitar a su antiguo centro de labor, compañeros de trabajo, en cada visita era común que les llevara a sus excompañeros alimentos propios del campo. Dialogando con ella sobre diversos temas, y entre las muchas y pocas cosas manifestó que quería aspirar a la presidencia de la Junta de Acción Comunal (JAC) de su vereda, Guasimal; aunque afirmaba estar insegura por no contar con el apoyo de los líderes de su partido político (Cambio Radical). Adicionalmente a ello, gran parte de la población de su terruño eran de tinte conservador.

Una tesis que ha de tenerse presente cuando se está en algún cargo ¾y más si es en el ámbito público¾ es que debe desempeñarse de la mejor forma, sobre todo, ayudando a los subprivilegiados. Eso fue lo que Carvajal supo hacer durante su estadía en el Concejo Municipal. La gente de su vereda necesitaba de alguien que les ayudara en los engorrosos procedimientos que se realizan en las distintas dependencias de la Administración, y ella a pesar de no ser la más experta, ni una persona de renombre, supo ganarse el cariño de los funcionarios y así conocer cómo era el manejo y a dónde debía dirigirse para asistir a la población de su localidad.

Una tesis que ha de tenerse presente cuando se está en algún cargo –y más si es en el ámbito público- es que debe desempeñarse de la mejor forma y sobre todo, ayudando a los subprivilegiados.

Dicha gestión le permitió ganar adeptos, lo que la animó a no declinar en su aspiración. En el momento que ella afirmó su postulación, los hermanos Rodríguez —quienes llevaban 50 años en el manejo de la JAC de la vereda— liderados por Elsy Rodríguez Peña, quien con el apoyo de Hugo Rodríguez Peña, presidente de la Asociación de Juntas (ASOJUNTAS), quisieron ponerle trabas a su cometido. Las artimañas fueron inútiles, porque su postulación fue legítima y cumplía con los requerimientos que le eran exigidos.

Llegado el día de las elecciones, la tensión era fuerte. Evangelina Carvajal era novata en este tipo de ejercicios, su partido no la apoyó; pero ella contaba con otro tipo de ayuda moral que es invaluable: la de su familia. Puestas las cartas sobre la mesa, las votaciones iniciaron. A medida que avanzaron los comicios, el ambiente se tornó denso. Los Rodríguez no estaban dispuestos a perder el control de la vereda, entonces, «intentaron sabotear las votaciones borrando del libro a las personas que simpatizaban con mi candidatura; pero mi familia y yo estábamos listos, porque sabíamos que ese tipo de situaciones se podían presentar»: recuerda Carvajal. Con todo tipo de tropiezos culminaron los sufragios.

Los resultados esperados eran otros: la oligarquía, que dominaba la vereda, llevaba empoderada medio siglo; si las cosas hubieran sido como en la política tradicional colombiana, la suerte de Evangelina habría sido otra. Para su fortuna, en el campo aún existe gente honesta, y su gestión logró abrir la mente a los electores. «Las votaciones quedaron 87 votos a mi favor contra 23; nunca pensé que fuera a ganar y menos con esa gran diferencia», menciona Carvajal. Ella, a pesar de no contar con el apoyo de su colectividad partidista, la cual pudo haber puesto a su servicio la maquinaria política para su candidatura, lo logró y nunca apagó su determinación. Tal vez, por ello, la victoria para Evangelina tuvo ese grato sabor.

Hecha por: Mateo Perea



Por: Mateo Perea – Winston Espinosa

 

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