¡Cómo han cambiado los tiempos!

Lina Paola Ramírez López

Las familias se han constituido por padres, hijos, tíos (as), y abuelos; todos criados en épocas distintas y con costumbres diferentes. A lo que quiero llegar, es sencillamente a reflexionar cómo los adolescentes en cada una de las generaciones han tenido comportamientos y pensamientos disímiles.

Cuando era una niña, especulaba cómo sería el mundo cuando fuera una adulta, pasaban por mi mente factores como educación, dinero, trabajo, y si tendría familia o no. Mi niñez estuvo llena de inocencia, jamás pensaba en hacerme daño o a otros; las cosas se veían fáciles. Claro está, que sólo me dedicaba a mis estudios, debido a que mi padre me lo exigía; entonces, no entiendo qué es lo que pasa con las generaciones actuales. ¿Será la libertad que dan los padres ahora? ¿Serán factores como la falta de tiempo y el desinterés? O ¿Será el contexto y las personas que los rodean a diario?

Los jóvenes de esta generación que están entre los 14 y 17 años creen tener el mundo en sus manos y, por ello, hacen lo que quieren. La falta de atención por parte de los padres genera un pensamiento de libertinaje en cada uno de ellos, y precipita que muchos encuentren refugio en mundos no aptos, como las drogas, el alcohol, el cigarrillo, el hurto: situaciones ajenas al contexto en el que deben aprovechar su tiempo.

Cuando abro las puertas de mi local al mediodía veo cómo estos infantes se ven pasar  por el corredor de él con un cigarrillo entre sus dedos y no comiéndose un bolis (refresco de agua), no se ve inocencia en sus ojos; simplemente, es algo convencional en la cultura: pero para mí es anormal, porque los valores con los que crecí no está bien ver cómo un niño tan pequeño puede disfrutar de vicios y no de poner atención a cosas importantes como el estudio y las actividades recreativas acordes con su edad.

Las drogas son una de las problemáticas sociales más comunes en todas las sociedades; por ende, la de mi municipio no podría ser la excepción. El Carmen de Apicalá siempre fue un lugar tranquilo, en donde las puertas de las casas podían estar abiertas todo el día y no pasaba nada: salías a las doce de la noche a caminar por sus calles, con tal tranquilidad, que se disfrutaba cada minuto, los jóvenes pasaban sus ratos libres en actividades recreativas y culturales como danzas, teatro, música y deporte, en todas sus expresiones.

Es por ello, que las malas actuaciones de algunas personas han causado que niños y jóvenes hayan ingresado a ese mundo; aunque, sin duda, que nadie obliga a otro a tomar decisiones que no quieren, las malas amistades y malos consejos han llevado a que estas situaciones se vean cada día más marcadas en un lugar tan pequeño como lo es el Carmen de Apicalá, donde lo primordial era su tranquilidad, su cultura y su religiosidad: conceptos que ya no son una prioridad entre los habitantes, puesto que salir a divertirse, ser reconocido y vestirse bien es lo fundamental entre los muchachos.

El esfuerzo por recuperar esa identidad de municipio próspero y de responsabilidad social es de todos y cada uno de sus habitantes. Los padres, principalmente, deben intervenir en cada uno de los actuares de sus hijos, procurando que estos ocupen su tiempo en lo que verdaderamente deben. Los colegios son otra entidad que se debe responsabilizar, dado que es el espacio de acopio de todos los niños y donde se deben encontrar estrategias que minimicen la delincuencia y las drogas dentro de las instituciones.

Por: Caterin Perdomo – Andrea Ramírez

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