Bienestar para los niños y niñas: En pro de una adopción igualitaria

Foto tomada de la web

Por estos días, en Colombia, se habló de Vivianne Morales y de su ilusorio proyecto de promover, en un acto discriminatorio, un referendo en el cual se prohibía a las personas solteras y parejas homosexuales adoptar niños y que sólo para esto estaban facultadas las parejas conformadas por un hombre y una mujer; pero la iniciativa de la honorable senadora se hundió por la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, que votó 20 en contra y 12 a favor de dicha propuesta. Morales aún así, se opuso al fallo de la Corte Constitucional, que, a pesar de todo, sigue siendo razonable y asegura que la orientación sexual no es un indicador para decidir si alguien está en la facultad de adoptar o no.

Para contextualizar mejor, lo que quiero dar por sentado, es que siempre deberán prevalecer sobre cualquier otro derecho, los derechos intangibles de los menores de edad, y es deber de cualquier persona mayor de edad respetarlos y protegerlos a carta cabal, sobre sus mismos derechos. Teniendo en cuenta esto, tomaré como soporte legal la Ley 1098 de 2006 del Código de Infancia y Adolescencia, en donde, en el artículo primero, dice que tiene como finalidad: “garantizar a los niños, a las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Prevalecerá el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna”, dando cuenta de esto, el anterior articulo aclara lo dicho desde un principio y se puede inferir que desde niños se les prohíbe la discriminación, el hecho de practicarla, como de recibirla.

El articulo segundo, de este mismo capítulo dice que “el presente código tiene por objeto establecer normas sustantivas y procesales para la protección integral de los niños, las niñas y los adolescentes, garantizar el ejercicio de sus derechos y libertades consagrados en los instrumentos internacionales de Derechos Humanos, en la Constitución Política y en las leyes, así como su restablecimiento. Dicha garantía y protección será obligación de la familia, la sociedad y el Estado”. Por tanto, ya se sabe que es deber de todos cuidar esta integridad de los menores, de aquí puedo abordar el tema de “familia”, quien en el Título II, capítulo II, habla de la garantía de los derechos, y en su artículo 39 dice que “la familia tendrá la obligación de promover la igualdad de derechos, el afecto, la solidaridad y el respeto recíproco entre todos sus integrantes. Cualquier forma de violencia en la familia se considera destructiva de su armonía y unidad y debe ser sancionada”.

Aquí infiero que también desde pequeños se les infunde el principio de igualdad de derechos, es decir, que, cuando un menor pasa de niño a adulto, ¿pierde esa igualdad de derechos qué tanto protege la ley? Y más si el niño cambia su orientación sexual y opta por ser homosexual, parece que la Ley se estuviera contradiciendo, hasta cuando en Colombia, en noviembre de 2015, la Corte Constitucional  dio vía libre a la adopción gay, pues el mismo código dice que todo niño tiene derecho a una familia, más si es huérfano o abandonado: y se le garantiza al niño crecer y que tenga un desarrollo íntegro junto a sus padres, sin importar si estos son padres heterosexuales o padres homoparentales.

De cualquier forma, la condición sexual de los padres nada tiene que ver con el desarrollo, el bienestar y la salud física y mental de los menores, y en caso de existir alguna afección, la misma proviene de otros factores como la situación económica, las relaciones dentro del grupo familiar, el inadecuado rol parental, la violencia intrafamiliar, los estereotipos discriminatorios.

Millones de personas alrededor del mundo, y en Colombia, creen que un niño no crecería tan bien, como si lo hiciera con unos padres heterosexuales; pero no saben explicar el porqué de una pareja de padres heterosexuales crezcan niños que se convierten en ladrones, asesinos, violadores: y en una serie de roles repudiables, como el de  una persona con un alto cargo  pero corrupta, nadie reclama la procedencia de sus padres y eso se ha visto a través de la historia. Pero quién puede refutar la idea de que de una pareja de padres homosexuales crezcan niños que después se convertirán en grandes profesionales, excelentes personas, con una conducta intachable: eso no se sabe, ¿verdad?, dado  que resaltamos más las cosas supuestamente buenas que hace la gente criada por padres “normales” y no reconocemos las virtudes de las personas criadas por padres “anormales”, concepto que le dan los demás a aquello que  se sale de su confort mental o de su convencionalidad.

El hecho de que un niño crezca bajo el cuidado y la protección de padres homoparentales, no quiere decir que se convierta en “gay”, y si fuera así, no sería por la influencia  de estos padres adoptivos ni tampoco por tener este tipo de familia va a convertirse en mala persona. Además de esto, ¿para qué una pareja homoparental va a adoptar a un niño? ¿Será para maltratarlo? ¿Enseñarle a ser homosexual? ¿Dañar irreparablemente su vida? ¿Abusar de él de todas las formas? Sinceramente,  no creo que tengan esas intenciones, más que de brindarles amor, derecho a tener una familia, respeto, incondicionalidad, y darles todo lo mejor, tanto en la parte emocional, como material, asegurando que el menor crezca en un ambiente lleno de felicidad, tranquilidad y  con la dignidad que amerita cualquier niño.

Aunque mi posición sea concretamente positiva con respecto a la adopción de las parejas homoparentales, lamentablemente, en Colombia no se tiene la mente tan abierta a esta posibilidad de no negarle una familia a un niño que lo necesita. Empero,  ¿no es el momento de cambiar el chip que tenemos en la cabeza? Comenzar a aceptar que la diversidad, en el buen sentido de la palabra, y con respecto a la adopción, es buena y puede ser beneficiosa para la población más importante que podemos tener en la sociedad: los niños. ahí les dejo esta reflexión.

Etiquetas: Niñez, Adopción, Homosexuales, Derechos Humanos, Sexualidad

Por: Óscar Raigozo.

Artículo ganador del concurso “¿Te atreves a escribir?”.

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