Vislumbrando la Fenomenología

William Delgado, docente.
Foto tomada de la web

Marlene Zichi Cohen (1987) iniciaba un documento sobre la historicidad del movimiento fenomenológico con estas palabras: “Como ustedes lo saben, los fenomenólogos no son conocidos por su lenguaje claro, y uno de los asuntos (…) es cómo hacer la filosofía fenomenológica más accesible”. Con estas pocas palabras a modo de introducción (quizá, también a modo de excusa) se pretende vislumbrar el camino que el presente texto ha de recorrer para lograr algún acercamiento a la escuela de fenomenología como método usado en investigación.

Es prudente decir que la escuela fenomenológica nace con Edmund Husserl (1859 – 1938) y su obra “Investigaciones lógicas” (1929). Husserl cuestionaba la filosofía positivista por el énfasis de un conocimiento exacto, objetivo y neutro. Él argüía que el objeto del conocimiento no es el sujeto ni el mundo, sino el mundo vivido por el sujeto, la fenomenología quiere mostrar no demostrar; validar que no hay un problema por investigar sino una interrogación (Martins do Valle, 2007). Esto, obliga a una definición de vivencia y mundo que para Forghieri (1991 y 1993) parafraseado por Valle (2007), respectivamente, es “el modo como la persona percibe y comprende sus experiencias, en las más variadas situaciones, atribuyéndoles significados que, con mayor o menor intensidad, siempre son acompañados de algún sentimiento” y “el conjunto de relaciones significativas dentro del cual la persona existe”. De ahí, que el método fenomenológico es un recurso para investigar la vivencia del sujeto en determinadas situaciones.

Así, el investigador busca la descripción, excepcionalmente rigurosa; y no la explicación de la experiencia por los sujetos que la vivencian; lo cual obliga que la relación investigador-sujeto deba tener como soportes la cooperación y la participación. No considera los sujetos como simples proveedores de información, sino como colaboradores que piensan lo vivido junto con el investigador. De este modo, el investigador a partir de la propuesta de Brentano (1874), explora la conciencia y su relación con el objeto. conciencia que para Sartre es “el ámbito en el que se hace presente o se muestra la realidad; la realidad en la medida que se muestra o aparece en una conciencia recibe el nombre de fenómeno”.

He aquí por primera vez en este escrito el término fenómeno, el cual proviene del vocablo griego phainomenon, que significa: Aquello que se muestra a partir de sí mismo, aquello que surge para la conciencia (ya descripta), y todo aquello que se manifiesta, se desvela, se muestra: el acontecer, diferente de hecho u ocurrido. Es más, Muñoz y Lorenzini (2008) exponen que los griegos “identificaban los phainomena como entidades… [Las cuales] pueden mostrarse así mismas de varias formas, dependiendo en cada caso del acceso que se tiene a ellas. Así, continúan Muñoz y Lorenzini: “Se puede decir que un fenómeno es una experiencia de vida [la diferente posibilidad de conocimiento del fenómeno –apariencia- y el númeno –la esencia en sí-], que se muestra siempre que [el sujeto] es interrogado, pero que nunca muestra en su totalidad, es siempre perspectivo, o sea, es percibido en varias perspectivas”.

Fácilmente, se puede deducir que un estudio fenomenológico es el estudio de las vivencias, o como es propuesto por Morse (2005) al analizar la fenomenología de Husserl: “una búsqueda de esencias universales (…) búsqueda de intelecciones absolutas en el qué, o la esencia, de lo que se da intuitivamente en la experiencia”. Esto es, la intencionalidad de la conciencia, en lo cual intencional significa dirección hacia un objeto (Morse, 2005) y parafraseando a Husserl desde Muñoz y Lorenzini (2008): [la conciencia es intencional] está siempre dirigida para el mundo. En el ser humano siempre hay una intencionalidad, una dirección de conciencia. Y así “la fenomenología de Husserl estudia la experiencia para revelar la conciencia” (Morse, 2005).

La investigación fenomenológica implica: 1. La ausencia de una comprensión previa del fenómeno, no hipótesis ni teorías explicativas, no problemas ni supuestos; una escisión del dogmatismo de nuestra percepción natural: “la idea de las cosas existiendo siempre” (Rodríguez, 1988); dogmatismo que impide la captación de las esencias que están más allá de los puros hechos. Reflexión que Husserl denomina epoché: “ver el fenómeno como es en su esencia (…) el proceso de observar la experiencia con ingenuidad” (Morse, 2005) 2. La proposición de la interrogación del fenómeno: ¿cómo es la expresividad corporal de ser mujer/madre VIH positivo frente a la privación del acto de amamantar? 3. La pesquisa cualitativa, básicamente descriptiva. 4. La pesquisa fenomenológica, que está dirigida hacia los significados, hacia la percepción del sujeto que vivencia el fenómeno de estudio.

Una vez las tres últimas implicaciones planteadas anteriormente, se deduce como recurso básico la aplicación de Análisis del Discurso, el cual se vuelca desde el mismo momento de la entrevista fenomenológica, “cuando nos entrevistamos con una persona, el objetivo es conseguir descripciones lo más detalladas posible de las preocupaciones del entrevistado, por lo tanto, no es producir estímulos categorizados para obtener respuestas comportamentales” (Muñoz y Lorenzini, 2008). Las mismas autoras denotan que es el análisis del discurso el que permite que el fenómeno se muestre; y proponen tres momentos en la trayectoria fenomenológica: 1. Descripción: “…luego se reorganiza la totalidad del discurso en sus partes, lo cual permite ver lo esencial en los diferentes momentos del análisis del discurso que son: unidades de significado, reducción fenomenológica (epoché), agrupamiento de las unidades de significado e interpretación, para finalizar en la esencia del discurso”. 2. Reducción fenomenológica: el epoché, colocar el fenómeno en suspensión, entre paréntesis, suspendiendo las creencias. 3. Comprensión: “una vez la reducción como un conjunto de proposiciones significativas y que apuntan a la experiencia del sujeto el investigador transforma las expresiones cotidianas del discurso del sujeto en expresiones propias que sustentan lo que está buscando: un discurso educacional”.

Haciendo un circunloquio al momento tres de la trayectoria antes explicada desde las palabras de Valle (1997):

“(…) La experiencia de la persona es transformada por ella en lenguaje que, a su vez, es transformado por el investigador en su propio lenguaje al llegar a una comprensión de la experiencia vivida por la persona. Y aún, el investigador transforma esa comprensión en categorías esclarecedoras, las cuales son la esencia de la experiencia original. Tales categorías son aún transformadas en una descripción final que refleja lo que el investigador pensó sobre la experiencia que la otra persona describió, expresó, de algún modo”.

Así, se ha escogido la propuesta de Morse (2005), no con un ánimo reduccionista sino como la pieza consultada que quizá resuma de manera precisa la intención del presente escrito, para cerrar el mismo:

La fenomenología, como método de investigación, se basa en la tesis de que hay estructuras esenciales a cualquier experiencia humana, y son las que constituyen cualquier experiencia. (…) El objetivo (…) es describir el significado de una experiencia a partir de la perspectiva de quienes la han tenido –esto es, describir el significado de una experiencia a partir de la visión del mundo de quienes han tenido esta experiencia y como resultado le han adjudicado un significado-. Los investigadores ponen entre paréntesis sus presuposiciones, reflejan sobre esas experiencias que fueron descritas, e intuyen o describen las estructuras esenciales de las experiencias estudiadas.



Por: Carolina Durán – Aura Galeano

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