“No moriré de esto”: “Carlos”

Una historia llamada, soy VIH positivo
El relato de la lucha y superación personal de un joven que decidió… contar su historia de vida.

Marcha realizada por la comunidad LGBTI en Bogotá.
Foto tomada de la web

La historia y el recuerdo

Todo empezó con una llamada, de esas que nadie espera recibir, señal de malas noticias, de tormenta y adversidad; de aquellas llamadas que cambian la vida… para siempre. En octubre de 2015, un joven a quien llamaremos “Carlos”, para proteger su identidad, fue notificado personalmente por el Instituto Hematológico Colombiano de ser uno de los más de 2,1 millones de personas que había contraído el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La noticia fue recibida cinco días antes de su vigésimo cumpleaños. El VIH es una enfermedad que no distingue raza, sexo o religión, es contagiado, entre otras causas, por el sexo sin protección. Este error ha marcado vidas desde 1981, cuando la comunidad LGBTI fue abatida en plena liberación sexual.

“La incidencia del VIH-Sida en la región es alta, muchas personas desconocen el diagnóstico y otros lo ocultan”: Rafael Suárez, médico internista.

Hacia 1981, en Los Ángeles (EE.UU.), la liberación homosexual fue opacada por la aparición de los primeros casos de la patología en su etapa avanzada, conocida como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), debido a “las relaciones que se presentan, especialmente en los adolescentes, sin protección ni control” (sic), tal como aseguró el médico internista  Rafael Suárez. Conducta que acabó con la vida de un gran porcentaje de miembros de dicha  comunidad, que no dejaba de enterrar amigos, amantes y parejas y, una vez más, arrumbados a la pena y al desconocimiento de su humanidad; no vieron otra salida más que rogar que la ´peste rosa´ no llegara a su cuerpo y les permitiera seguir con vida.

El lazo rojo es un símbolo internacional ideado para mostrar apoyo a la lucha contra el sida y solidarizarse con las víctimas de la enfermedad y los portadores del VIH.
     Foto tomada de la web

“Son muchas las preguntas que te haces: ¿voy a morir?, ¿cómo lo va a tomar mi familia?, ¿hay cura?, todo esto sin olvidar que ya no tiene vuelta atrás. Me acompañará de por vida” (sic), dice Carlos, quien hoy en día, ve un panorama diferente, gracias a los avances científicos que, diariamente, luchan por extender la vida de los pacientes. Sin embargo, los tratamientos tienen efectos secundarios físicos y psicológicos que desencadenan una eterna lucha entre seguir batallando o ´colgar la toalla´. El médico Suárez indicó que “el paciente debe ser sometido a controles periódicos para ver los efectos colaterales que producen los medicamentos en su organismo”. Para “Carlos”, el VIH es un fantasma que lo acompaña siempre como su sombra.

El tratamiento no es aplicado en muchos padecientes de esta enfermedad, porque desconocen su condición o simplemente la ocultan por temor al rechazo social, cuenta Suárez, quien, además, asegura que como consecuencia de ese desconocimiento, se genera una proliferación de personas infectadas en la región” (sic). Los medicamentos usados en dicho tratamiento son conocidos como antirretrovirales, que permiten un control de la enfermedad, pero no su cura, porque, aunque se han realizado muchas investigaciones para encontrarla, han resultado fallidas. Suárez, como profesional de la salud, aconseja a la comunidad, especialmente a los adolescentes, tener relaciones “seguras evitando conductas de riesgo para prevenir una situación que impacta profundamente al núcleo familiar y a la comunidad, en general”.

“Fueron mis amigos los que inicialmente me dieron ese apoyo, me brindaron esa compañía para no sentirme solo” y de la mano de sus más cercanos confidentes, celebró un año más de vida y también, un año más de lucha. Promovió estilos de vida saludables; buena alimentación y ocho horas de sueño  sustituyeron las fiestas, algo que, sin duda, marca el cambio de un joven adolescente ‘gay’ con una muy movida agenda semanal. Fue un trabajo en equipo, cuenta la psicóloga Diana Valderrama, quien agrega que “el acompañamiento profesional no sólo se hace al paciente, se extiende a toda a red de apoyo, que comprende amigos y familia, pilares fundamentales en la vida de todo ser humano” (sic).

“Esta enfermedad se presenta en cualquier etapa de la vida, no tiene una población específica”, aseveró la psicóloga  Diana Valderrama.

Para Óscar Bedoya, miembro de la comunidad LGBTI, el VIH/SIDA sigue siendo un tabú muy arraigado a la homosexualidad, y, además, agregó: “Nadie está exento de sufrirlo, no hablamos sólo de invertidos o lesbianas. En el grupo se encuentran heterosexuales que desconocen ser portadores” (sic). Bedoya asegura que el trato a las personas que padecen dicha afección  no debe ser diferente al de los demás y su círculo social debe significar un gran aliento; pues  “no sólo afecta la salud física del portador, también la mental del paciente y sus cercanos, quienes forman sirven como motor de apoyo y resistencia del paciente” (sic), también afirmó Diana Valderrama, psicóloga, quien brinda charlas y acompañamiento a estudiantes que sufren del mal.

Después de un suspiro, “Carlos” entra en un profundo silencio, sabe que la entrevista termina, pero no sus sueños. Ha escrito en la vida de quienes lo acompañan su propia experiencia, su propio cuento. Entonces supimos, que a todos nos hace falta reír, amar y llorar un poco más, que las tormentas no son eternas, que las llamadas terminan, que tenemos derecho a un nuevo comienzo, así como “Carlos”, a quien su último examen de control arrojó carga viral indetectable, mostrando que las grandes batallas están destinadas para poderosos guerreros y que a la meta es mejor no llegar solo para poder celebrar acompañado. Ahora, fija su mirada en terminar la carrera, de la que se siente orgulloso.

Es importante que exista un control del libertinaje, porque esto ocasiona no sólo enfermedades de transmisión sexual, sino también muchas otras problemáticas generadas por el abandono de padres, falta de educación y de autoestima. Los medios de comunicación, como asegura Suárez, deben “socializar las conductas de riesgo para que la comunidad las conozca, en especial, en las regiones que tienen perfil turístico como Girardot, donde el incremento de la prostitución favorece la proliferación del VIH-Sida. También, la comunidad debe confiar en el  sistema de salud, para que lo aprovechen y hagan los controles necesarios con el objeto de  conocer la situación de cada uno con respecto de la patología, evitando así más vidas perdidas por descuido y temor.

Por: Nicoll Reyes – Alejandra Zarta.

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