El sandungueo intenso de la lengua reguetonera

Foto: Adriana Villalba

Es costumbre en los países de habla hispana celebrar el Día del Idioma, el 23 de abril, fecha que coincide con la muerte de los reconocidos escritores Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare, considerados grandes exponentes de la lengua. Dicha conmemoración, que forma parte esencial del calendario académico, especialmente, en las instituciones educativas nacionales, por lo general, se relaciona con actividades culturales, lúdicas y formativas manifestantes de la riqueza de la lengua, según lo manifiesta el  docente de lingüística William Delgado, quien además afirma que “la importancia de la celebración es hacerle un homenaje a ese instrumento que muchas veces no reconocemos como parte vital de nuestra existencia como seres humanos; por esta razón, a través de las palabras podemos construir y destruir mundos” (sic).

El reggaetón como interpretación de la lengua

Entonces, una manera de construir mundos sería la forma en que un artista expresa lo que siente, su punto de vista, sus ideales, sus creencias, y lo hace por medio de su creativa labor. Es decir, que las expresiones artísticas son todo lo que se conoce como obra de arte o bellas artes. La música es una representación de la lengua, y he ahí la discusión de los géneros urbanos como una destrucción de ese mundo. En un planteamiento ético, diríamos que los niños están creciendo con la cuerda de sonidos de la mal llamada música del reggaetón, la cual los inmiscuye, no sólo en una indeterminación fantasmal de sonidos y ritmos, sino en la siembra catastrófica de los más temidos antivalores.

Por otro lado, en Girardot esta fecha es sinónimo de aumento en la venta de textos en el Parque de la Locomotora, sitio destacable del municipio, considerado un espacio “cultural” por su atractivo turístico; además, por la presencia de la Casa de la Cultura reconocida entre viajeros, quienes son atraídos por los libros más antiguos y curiosos. “Son un complemento para que en esta semana se eleve el número de padres de familia en busca de lecturas para sus hijos”, según asegura la comerciante, Mábel Cardoso.  Así mismo, las obras predilectas  son `Don Quijote de la Mancha´, las de Gabriel García Márquez y las clásicas rondas infantiles de Pombo, y particularmente, los cuadros de Daddy Yankee encontrados mayormente en las discotecas.

«No podemos quedarnos en la queja permanente del uso del idioma, debemos apreciar cómo las nuevas generaciones usan las palabras para vehicular y compartir sus experiencias, sin caer en la chabacanería” (sic): William Delgado.

Del `Día del Idioma´ pareciera que poco importaran sus orígenes y el motivo que hizo proclamarlo; pero toda tradición tiene su historia que no puede quedar en el olvido. El padre de familia Daniel Rodríguez dice que “las costumbres han cambiado y el desinterés de las personas es culpa de la internet” (sic), considera que se ha perdido gran parte del patrimonio de la lengua, debido a las nuevas tecnologías que distraen la mente de los jóvenes, ocasionando que las nuevas expresiones lingüistas estén basadas en contenidos superfluos y obscenidades que atraen a los más incautos; aunque no aportan nada a la formación integral de las nuevas generaciones.

Últimamente, el reggaetón retumba en las entrañas de las personas y hasta hace agitar la pelvis de una forma animal. No es el tipo de música agradable a oídos sensibles, pero todo el mundo la escucha y es imposible abstenerse del `perreo´ colectivo. El goce inicia con los vecinos que se despiertan escuchando los ritmo sugestivos de Panamá y perfeccionados en Puerto Rico. Al abordar el transporte público suena el ‘Shaky… Shaky’, que acompaña hasta llegar a la universidad o el trabajo, allí en un salón de clases o metido en una oficina de la Colonia Roma en Ciudad de México, en un mundo de apariencias, se pensaría estar a salvo del sandungueo. No es así. Incluso hasta los co-workers –extranjerismo que traduce ‘compañeros de trabajo­’; usado en el mundo laboral ejecutivo– más pudientes traen consigo a Maluma… Baby. Pero ¿qué daño hace? Es una expresión artística, al fin de cuentas.

Por: Martín León – Adriana Villalba  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *