El rol del docente y su influencia en las motivaciones del aprendizaje

Por: William Delgado y otros
Foto tomada de la web

 

Según González (2005), cuando se emprende el estudio de la motivación humana se pueden encontrar un sinnúmero de problemas, uno de los que más llama la atención es el referido a la cantidad de significados que se le asignan al término “motivación”, pues se asocia, en palabras de Garrido (2000), a impulsos, incentivos, expectativas, volición, intereses, metas o atribución. Ello refleja la diversidad de modelos que pretenden explicar cualquier comportamiento humano. Si nos centramos en el campo de la educación y el aprendizaje, el panorama no es muy diferente, debido a que no existe consenso sobre cómo denominar al objeto de estudio. Los términos más frecuentemente utilizados son: motivación académica, motivación escolar, motivación en educación, motivación de los estudiantes, motivación y rendimiento, motivación y aprendizaje, motivación para el aprendizaje y motivación para el logro (González, 2005).

Lo más importante es hacer que el estudiante se interese por su aprendizaje, pues puede mantener su nivel dependiendo de los elementos intrínsecos o extrínsecos que impulsan el accionar del aprendizaje; con lo que se logran los resultados esperados en su rendimiento académico. Para ello, se hace necesario crear en el estudiante actitudes motivadoras que hagan de su aprendizaje algo significativo. La manera como el estudiante percibe o se le presentan las cosas, hace que éstas se vuelven llamativas para él: ¿para qué aprendo esto?, ¿de qué me va a servir?, o ¿seré capaz de aplicar lo aprendido? Interrogantes que frecuentemente nos hemos hecho. Cuando se quiere aprender algo que es llamativo, la influencia del docente se ve reflejada en dicho proceso, haciéndolo más fácil; en caso contrario, las dificultades obstaculizan y desmotivan sus aprendizajes.

Por otra parte, no todas las personas tienen el mismo ritmo de aprendizaje, la manera como este aprendizaje se les presenta, ejerce una gran influencia, puesto que ellas se ven enfrentadas a un sinnúmero de conocimientos o comportamientos heterogéneos. De ahí, que el estudiante acceda al conocimiento de manera diferente. Distinción que deja huella indeleble en los resultados académicos. Para esto, es necesario clarificar los conceptos “motivación intrínseca” y “motivación extrínseca”, de tal suerte, que sea evidente su influencia en el devenir académico de los estudiantes.

Motivación intrínseca
Se refiere a incentivos no externos, toda vez que el incentivo es inherente a la propia actividad (Rosselló, 1995). El ser humano, por naturaleza, debe satisfacer unas necesidades propias a su existencia. Por ejemplo, posee intereses físicos, que por sus características biológicas le exigen satisfacerlos (alimento, salud). En cuanto al rendimiento académico, Reeve (2002) llevó a cabo la revisión de numerosas investigaciones previas que habían descrito la relación entre motivación intrínseca y rendimiento académico, llegando a dos conclusiones: los estudiantes intrínsecamente motivados tienen más éxito en el ámbito educativo, y los estudiantes se benefician de los profesores que apoyan la autonomía y la motivación intrínseca. El motivo de logro es la tendencia a buscar el éxito en tareas que implican la evaluación, o en palabras de McClelland (1989): “…el interés por conseguir un estándar de excelencia es considerado un tipo de motivación intrínseca”.

González (2005) plantea que la motivación intrínseca está determinada por “el deseo de invertir esfuerzos en el aprendizaje por su propia cuenta” (p. 280). Es decir, que ese deseo interno es factor relevante hacia la adquisición de cualquier disciplina. Entonces, es a partir de tal hecho que se plantea la necesidad de analizar la influencia de los docentes como gestores de motivación intrínseca en los procesos académicos de los estudiantes. Para Douglas Brown una correcta motivación es la apropiada para el aprendizaje. Es decir debe ser planeada correctamente con el fin de que arroje los resultados esperados: el aprendizaje. Según él, la motivación es “pensada comúnmente como un factor inherente que dirige e impulsa, emociona, o un deseo que mueve a una acción particular” (p. 152).

Un último aspecto que se debe considerar en relación con la motivación intrínseca es su evolución en el ámbito académico, a lo largo de las diferentes etapas educativas. Según González (2005), en repetidas ocasiones, se ha constatado que en el ámbito académico se produce un cambio evolutivo gradual, que se manifiesta desde los inicios en el pre-escolar y que sigue presente a lo largo de la escolaridad.

Motivación extrínseca

La motivación extrínseca son incentivos provenientes del exterior. Es ver cómo ciertas actitudes —que no son inherentes a la persona—, afectan de manera positiva el accionar de otro, pero que en cierta manera hacen parte del individuo. El docente es un motivador extrínseco, ya que con su accionar genera interés en sus estudiantes, dirigiéndolo y manteniéndolo activo, logrando el objetivo planteado. De esta manera, el docente extrae las fuerzas interiores de los estudiantes. Esto se logra cuando el docente refleja entusiasmo por sus clases, crea un ambiente de paz, mantiene buenas relaciones con sus educandos, refleja gusto por lo que hace, los alienta a continuar pese al fracaso, contextualiza la temática, establece el diálogo, tiene en cuenta las experiencias de ellos y, lo más importante, sabe hacer correcciones a tiempo bajo un clima de respeto.

La motivación extrínseca difiere de la intrínseca, dependiendo de los intereses particulares de los estudiantes. Una motivación intrínseca puede reflejarse cuando al alumno le llaman la atención ciertas asignaturas. Dicho interés está marcado por el gusto. Él estudia porque le agrada lo que está aprendiendo. En otras ocasiones, al estudiante no le llama la atención lo que está aprendiendo. Aquí se puede accionar la motivación extrínseca desde el momento que capte la importancia de la asignatura. Situación que lo lleva a aprender únicamente porque encuentra una razón para estudiar.

Por: Carlos Mateo Perea Larrota – Winston Mauricio Espinosa Rodríguez

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