El partido de la dudosa reputación

Cambio Radical: un prontuario de desaciertos y destituciones

La colectividad política del hoy exvicepresidente German Vargas Lleras no sale bien librada de múltiples escándalos de corrupción. La Gobernación de la Guajira y la Alcaldía de Girardot son algunos de los casos más sonados.

Resulta preocupante que un partido con apreciable acogida nacional tenga tantos procesos judiciales relacionados con sus candidatos y no haya sanciones políticas o de alguna índole en su contra. Entre tanto, las leyes parecen estar configuradas para que estas organizaciones políticas salgan ilesas y triunfantes de las actuaciones indebidas de sus aspirantes a cargos. Es decir, pareciera que entregan sus avales y se desentienden del proceder del elegido o, al menos, eso demuestra el tan mencionado episodio del exalcalde César Fabián Villalba, cuando la formación por la que ganó las elecciones no se fijó en sus métodos de consecución del cargo, lo cual deja mal parado al partido, como en otros casos.

Así las cosas, se plantea una fuerte disyuntiva frente a las normativas del Consejo Nacional Electoral, pues éste es conformado por representantes de los partidos políticos que en múltiples ocasiones parecen estar al servicio del mandatario de turno “y, en definitiva, eso resulta perjudicial para las democracias, debido a que si los que planean las elecciones son integrantes de los partidos que participan en ellas, no habrá un ejercicio electoral correcto y transparente; y mucho menos lineamientos que sancionen prácticas deshonestas” (sic), aseveró Patricia García, abogada penalista.

“Muchos partidos políticos no tienen en cuenta hacer investigación de las personas a las que avalan; por eso, se presentan esas situaciones y en muchos casos no se puede hacer nada porque éstos no están obligados a estudiar el historial” (sic), dijo Andrés Olivar, docente de Uniminuto. Ello explica en mucho el caso de Girardot, pues según se tiene entendido en la investigación adelantada por la Fiscalía, Fabián Villalba habría comenzado su actuar delictivo durante la anterior Administración – cuando era secretario de Gobierno –.

Por otra parte, en Girardot se está adelantando un proceso para que la Registraduría Civil de la Nación cite a elecciones extemporáneas, pues se ha presentado un gran malestar social por las acusaciones que recaen sobre Villalba. Además, Sergio Fajardo, activista de la revocatoria del mandato, declaró que “en realidad el partido Cambio Radical ha demostrado ser una organización corrupta y eso está demostrado por sus múltiples líos legales. Por eso, queremos revocar al actual alcalde y convocar comicios atípicos. Es de aclarar que el actual alcalde fue puesto por el mismo partido, lo que no garantiza el cambio» (sic).

En contraposición a las iniciativas de revocatoria, muchos de los simpatizantes de la Administración local se encuentran adelantando acciones populares para tratar de revertir las gestiones judiciales de la Fiscalía General de la Nación . “Eso me parece absurdo porque ya es sabido por gran parte de la población que ese personaje robó dineros del erario. No entiendo cómo las personas siguen creyendo en personas politiqueras y partidos corruptos que no le han traído nada bueno a la ciudad” (sic), afirmó David Rivadeneira, estudiante de Comunicación Social y Periodismo.

Básicamente, es de carácter urgente y necesario que se replanteen las condiciones dentro de las cuales cada agrupación política debe presentar sus representantes a cualesquier cargos. Pero, más allá de eso, la población debe tomas consciencia y por todos los antecedentes, ella debe ser quien juzgue y fomente un castigo memorable, por los daños causados, y lo más ejemplarizante que cualquier otro factor para una formación partidista, sería el descrédito. Perder la confianza de la comunidad es la hecatombe para cualquier partido; tener inconformes a sus adeptos es como no tenerlos.

En síntesis, hasta el momento, en Girardot y muchas de las regiones en las que ganó Cambio Radical, sus gobernantes -debido a procesos de corrupción- fueron destituidos; y eso no es lo que genera escozor -al menos se hace un poco de justicia-. En realidad, lo malo reside en que los allegados a esos sindicados o condenados fueron elegidos de entre una terna propuesta por el partido, lo cual significa que pueden repetirse los mismos procesos. A su vez, se ha demostrado que esa organización –según investigaciones de congresistas como Claudia López- no averigua los antecedentes de sus candidatos.

En este orden de ideas, se infiere que los partidos políticos en Colombia están blindados por la misma ley. Parece que se este país viviera una espiral obscura, en la que cada quien hace lo que le place con la pseudodemocracia de la que “gozamos”; y que así lo único que debe penar a los funcionarios y servidores venales no es solamente la limitación de sus derechos políticos, también una sanción moral procedente de una sociedad cada vez más desfigurada ¿Qué hacer entonces? Está demostrado que los únicos que tienen el poder en últimas son los ciudadanos: una ciudadanía lastimosamente desentendida de la política y sin sentido de lo público.



Por: Brayan Ávila – Nicolás García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un comentario en “El partido de la dudosa reputación