Los movimientos sociales como redes movilizadoras de identidades. (I)

El presente documento tiene el objetivo de compartir y evidenciar los avances obtenidos de una propuesta alternativa, basada en los argumentos planteados por Norberto Bobbio en virtud de la democracia radical, articulada con el feminismo: en el entendido de una lucha de diferentes grupos excluidos frente a las diversas formas de opresión. Teniendo en cuenta el esencialismo, conducente a una visión de identidad que permite construir una visión de ciudadanía, es en este punto, en el que el feminismo funciona como un articulador de la lucha de la mujer por encontrar su identidad, normalmente, entendida como personalidad o, académicamente, definida como la estructura extraída de la conciencia y de la racionalidad.

Con base en todos estos planteamientos, un movimiento feminista se está materializando en Girardot, Cundinamarca, a través de un grupo terapéutico de mujeres, que busca formar una unidad coherente, fotalecedora de las bases del feminismo como corriente política, en el que la mujer pueda unirse con el fin de formular y perseguir objetivos que apelen de la exigencia de igualdad y la libertad. Haciendo uso de talleres terapéuticos de grupo, los cuales pueden definirse como una intervención individual psicológica: en este caso, en un grupo de mujeres con problemáticas diferentes.

La intervención se realiza con el fin de trabajar diversos impedimentos femeninos, realizando simultáneamente un análisis compartido del origen de dichos problemas, en el que las participantes pueden corroborar que entre los efectos ofrecidos se encuentra el ver los problemas desde otra perspectiva más esperanzadora y factible de promoción del cambio.

Entre tanto, se puede decir que al compartir y examinar las consecuencias y las deficiencias de la educación respecto de la concepción de lo que encierra la palabra género. Ésta encierra algunos aspectos sobre los efectos del maltrato por violencia de género, con los cuales al ser identificados y reflexionados, se procede una búsqueda de alternativas que permiten abordar y enfrentar diferentes conflictos, desterrando por supuesto el victimismo, transformando las condiciones para un cambio cognitivo. De manera que todo lo anterior permite también estudiar cómo se revela la construcción de ciudadanía a modo de categoría política y de género; amén de categoría sociocultural, promoviendo movimientos sociales que propendan el empoderamiento y la participación de la mujer.

A partir de una, si se puede decir sobria y artesanal arqueología de la construcción acerca de lo femenino, extraída de un grupo de mujeres pertenecientes a un romántico proyecto en estado de gestación.

Teniendo, a su vez, en cuenta las diferentes actuaciones de los diversos actores y agentes que intervienen en la formación de las representaciones sociales, comprendidas desde la notable capacidad que tiene la investigación acción participativa para formular, recoger y reconocer la historia, la voz propia de los sujetos y las experiencias humanas. Al mismo tiempo, que permite registrar la dinámica propia de los grupos, observando también la manera en como intervienen las instituciones políticas, los procesos económicos y la simbología de las estructuras sociales: descubriendo los diversos conceptos de ciudadanía, género, discriminación y machismo en la construcción más íntima de la concepción de dichas palabras: en las que se puede observar cómo los dispositivos de represión tienen eco en la construcción de lo femenino y sus notorias consecuencias en las resignificaciones dentro del delineamiento de la identidad.

Comúnmente, la expresión ‘ciudadanía’ es enseñada y utilizada a diario, no es un término ajeno para muchos; pero su significado carece de valor aun siendo parte de nuestro bagaje cultural, su importancia ha sido reducida a una palabra más de nuestro vasto lenguaje. Su connotación logra marcar gran diferencia respecto de las formas de participación de las mujeres, al realizar el simple ejercicio de comparar su participación y representación frente al género masculino, este ejercicio deja como desigualdad.

Aquí, es conveniente decir que la inequidad va de la mano con la discriminación, entendiéndose esta última, como separación o segregación de un individuo con características diferentes de un grupo determinado. Generalmente, por pertenecer a una categoría social distinta, se desprenden otros tipos discriminatorios, tales como por raza (racismo) u orientación sexual (homofobia), religión, etc.

Aunque existen muchos esfuerzos para combatir la discriminación, por ejemplo los consignados en la Carta de las Naciones Unidas, estos han sido valorables, pero no suficientes si se menciona que el principal obstáculo de dichos derechos radica en que la mayoría de países no aceptan la intervención en sus asuntos internos y tampoco reconocen la existencia de la discriminación entre los propios ciudadanos.

Por lo que en definición general, la discriminación puede ser reconocida por la acción de separar o distinguir dos cosas, lo que en derecho hace referencia al trato de inferioridad dado a una persona o grupos de personas por motivos religiosos, políticos, de sexo, filiación ideológica entre otros. Un ejemplo claro y reseñable de discriminación se presenta constantemente en el ámbito laboral, en donde se puede evidenciar de dos formas, por género y por sexo, referido al trato discriminatorio que sufren algunas mujeres por causa del alto costo que representa para las empresas contratarlas, especialmente si son casadas teniendo en cuenta la probabilidad de maternidad, el modo de organización en el que delegan cargos de alta responsabilidad y resistencia exclusivamente a los varones, sin contar el acoso y subestimación que sufre la mujer al buscar un empleo.

De modo que al ir acuñando en mi neófita experiencia investigativa la discriminación puede entenderse como un fenómeno de relaciones intergrupales, cargadas y soportadas por estereotipos, categorías y prejuicios en donde se pude ver los efectos devastadores del machismo, al ser el hombre educado en un contexto en el cual se le admira y se le respeta tanto física como intelectualmente, mientras que a la mujer se le reduce a atributos físicos, a ser un instrumento de placer, un objeto de exhibición, reproductora de la especie centrándola esencialmente en su concepción biológica, arraigada sin duda alguna en precedentes históricos sustentados en una base difícil de romper.

Por:   MARIA TERESA RODRIGUEZ PARDO

         Comunicadora Social y Periodista

        Esp. Comunicación Corporativa.

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