Recorriendo el camino de los ‘nadie’

Girardot plaza de la mendicidad

Detrás de cada habitante de la calle, hay una historia que es contada mejor por sus rostros que por sus palabras.

Muchos de los habitantes de la calle, siguen caminando sin importarles el destino. Fotocollage por: Thimmy Rojas
Muchos de los habitantes de la calle, siguen caminando sin importarles el destino. Fotocollage por: Thimmy Rojas

 

Para muchos son fantasmas que se atraviesan delante de los carros, estorbos en las aceras, una mano que se tiende y les recuerda la miseria… para otros son harapos. La gran mayoría languidece en una esquina, no tiene tumbas ni dolientes, son los restos que dejó la droga que produce delirios y enfermedades psiquiátricas o de padecimientos cognitivos. Únicamente hacen parte de las estadísticas en las alcaldías; en las iglesias, como una forma de redención falsa, en la calle son sólo sombras. Son anónimos, emigrantes hasta en su propia tierra, son los ‘Sin techo’. Y recorremos junto a ellos cada uno de los pasos que los llevo hasta el camino de la mendicidad.

“Nosotros somos como los leprosos que vivieron alguna vez en Agua de Dios. Somos un mundo aparte; la gente nos pone un muro”: Libardo.

A escuchadas voces y espíritus que hablan, los mismos que hace veinte años lo sacaron de su casa, recorre la ciudad con unas chanclas de caucho y unas medias improvisadas hechas con bolsas plásticas. Su mirada es profunda, la barba revela edad, aproximadamente de 50 años, y su rostro retrata experiencia. Conoce varios psiquiátricos y, con ellos, el olvido; pero nunca está sólo porque siempre lo ha acompañado sus amigos imaginarios, producto de la esquizofrenia. “Nosotros somos como los leprosos que vivieron alguna vez en Agua de Dios. Somos un mundo aparte; la gente nos pone un muro”, nos relató Libardo, quien ha olvidado su apellido y familia.

Ni en la Alcaldía, ni en ningún centro de ayuda tienen datos exactos de cuantos habitantes de la calle hay en la ciudad, son indocumentados o ‘NN’ para el sistema, invisibles para la sociedad hasta que les piden limosna. María Teresa carga la fortuna en sus manos jugando con la suerte que siempre le ha sido esquiva. Recorre las calles en su silla de ruedas vendiendo lotería, “trabajo pero no gano mucho; con la cadera rota es muy difícil” (sic), así lo recuerda María Teresa. Oriunda de Icononzo, con 87 años no sabe de sus allegados y si llegan a su memoria, los borra tan rápido como puede para evitar la tristeza.

 

María Teresa, bajo un árbol que considera su hogar, frente al Banco de la República. Foto tomada por Laura Cruz
María Teresa, bajo un árbol que considera su hogar, frente al Banco de la República. Foto tomada por Laura Cruz

“Darles una moneda significa patrocinar su estilo de vida; además, el consumo de estupefacientes” (sic): Luis Giovanni Ortiz Arias.

En la Alcaldía tratan de darle un manejo al problema de la mendicidad; “estas personas en su mayoría consumen drogas, tienen problemas cognitivos o mentales; pero, independientemente de eso, tienen que ser tratados como seres humanos. Por ello, tenemos un hogar de paso ubicado en el barrio La Esmeralda; allí se les brinda atención médica, alimentación y servicio de peluquería. No obstante, sabemos que esto es insuficiente, es necesario crear unan Unidad de Justicia (UPJ), donde serán conducidos por la Fuerza Pública para identificarlos, y que junto a una fundación los enviemos a su ciudad de origen para reencontrarse con sus familiares que deben hacerse cargo” (sic), señaló el secretario de Gobierno, Luis Giovanni Ortiz Arias.

El funcionario también declaró que junto a la iglesia han realizado varias campañas para que las personas no den limosna, ya que el municipio se ha convertido en una plaza para la mendicidad. “Es bueno como cristianos, dar limosna para fortalecer el espíritu; pero estamos siendo ignorantes en el tema. Darles una moneda significa patrocinar su estilo de vida; además, el consumo de estupefacientes. Es necesario que la comunidad comprenda que es necesario aprender a decirles no” (sic), enfatizó Giovanni Ortiz, quien terminó expresando que la Administración Municipal está comprometida con la solución de esta problemática, con ayuda de la comunidad en general.

A la Comuna Uno, llegó Deysi Ortiz, con la disposición de servir. Como herramientas llevaba su uniforme de trabajadora social y el conocimiento que ha adquirido en ocho semestres de carrera; además, de la meta de realizar un diagnóstico de la referida población. “En el proyecto de investigación ‘Mendicidad Ajena, una Realidad Latente’, logramos identificar varias variables como que los hombres practican más la mendicidad. La mayoría son analfabetos, lo que dificulta su vinculación laboral. Por un lado, lo más grave es que muchos son amenazados y obligados a pedir; por otro lado, es preocupante que nadie investiga y que la Alcaldía no cuenta con ningún programa de intervención, que en realidad haga un cambio. Parece que los habitantes de la calle fueran un paisaje de pobreza al que ya nos acostumbramos”, agregó Deysi Ortiz.

Johana Cajamarca y María Teresa, quien relató parte de su vida.
Johana Cajamarca y María Teresa, quien relató parte de su vida.

 

Laura Cruz y María Teresa, en el lugar que duermen todas las noches.
Laura Cruz y María Teresa, en el lugar que duermen todas las noches.

Por: Laura Carolina Cruz – David Rivadeneira – Thimmy Rojas – Johana Cajamarca

 

 

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