“La música siempre va conmigo”

Carlos Jaramillo, un joven emprendedor, muestra cómo anhelando lo que se pretende se escala a la cima.

Sala Alberto Castilla Buenaventura. Conservatorio del Tolima. 

En ocasiones, los sueños que idealizamos resultan ser ‘imposibles’ y a este joven espinaluno le ha costado trabajo lograrlos. Carlos Daniel Jaramillo Duarte, estudiante de Licenciatura en Música del Conservatorio del Tolima, con veintiocho años de edad, ha tenido una larga trayectoria de su vida para poder alcanzar lo que dentro de poco será. Carlos narra cómo las notas musicales, al parecer, son la mejor medicina para curar todos los males y que ellas, con gran alegría, transmiten a todo aquél que se le cruza en su camino este efecto.

Todo comenzó una mañana cálida del 20 de octubre de 1988 en el municipio del tamal, del bunde y la tambora, así pues, cuando en El Espinal, Matilde Duarte dio a luz a su primer hijo, Carlos Jaramillo… Carlos, desde muy pequeño había mostrado gran pasión por la música, cuando con tan sólo cinco años tarareaba rondas infantiles que su maestra le enseñaba en clase. “Yo era uno de los más despistados en el colegio; pero cuando llegábamos al salón, era yo quien iniciaba cantando la canción de ´buenos días´” (sic), rememoró entre risas.

Al pasar el tiempo, en el año 2000 con doce años, Carlos fue integrante del grupo de coristas de la Parroquia Santa Margarita María y era uno de los que más disfrutaba pasar el tiempo en él, así sus amigos lo tildaran de mojigato y amargado. “Recuerdo que mis amigos del colegio me invitaban a sus casas a jugar fútbol o canica; pero yo siempre me negaba y decía que tenía coro en la iglesia” (sic). De tal modo, “Carlitos” como lo llamaba doña Matilde, cariñosamente, era considerado poco amiguero.

Un recuerdo invaluable

Fue así, como Carlos Jaramillo se fue criando con cualidades artísticas participando en cada celebración institucional como el ´Día de la Madre, del Amor y Amistad y graduaciones, interpretando todo tipo de música como pop, baladas, rancheras, salsa, entre otras. Uno de los más gratificantes recuerdos para “Carlitos” es que para 2006, con dieciséis años de edad, cursando undécimo grado, en el Colegio San Isidoro, su padre Gerardo Jaramillo le obsequió una guitarra como mérito a su excelencia estudiantil, la cual se ha convertido en su fiel acompañante.

“Carlos no sólo se destacó en su época estudiantil por su gran talento musical, sino, además, por ser un buen hijo”.

Colegio San Isidoro- Espinal Tolima. Foto tomada de la web.
Colegio San Isidoro- Espinal Tolima.
Foto tomada de la web.

Sus padres quienes han sido personas trabajadoras y muy nobles, lo han acompañado en este caminar de la vida, dándole siempre apoyo y una motivación; a pesar de no contar con un sistema económico estable. Por esto, en 2008 con dieciocho años recién cumplidos, Carlos decidió probar suerte en Ibagué, la ‘Ciudad Musical de Colombia’, en donde logró conseguir su primer empleo como mesero en uno de los restaurantes más afamados. Allí, su sueldo eran quinientos mil pesos mensuales, el cual le servía como sustento en aquel entonces.

Un sueño en escalas

De ahí, pasó por dos empleos más como vendedor en almacenes de ropa y re creacionista, pero la música era algo que siempre llevaba con él. Fue así como en 2012, gracias a un dinero ahorrado, la colaboración de su tía y padres, inició su carrera como licenciado en Música, en el Conservatorio del Tolima. “En Ibagué vivía con mi tía Alma, así que lo que iba a gastar en arriendo lo guardaba sagradamente para mi carrera” (sic). De esta manera, Carlos trabajaba a diario y con mucho esfuerzo.

“Un día común para Carlos iniciaba a las 7:00 a.m. con clases de música y culminaba a las 11:00 p.m., luego de trabajar”

Conservatorio del Tolima. Foto tomada de la web.
Conservatorio del Tolima.
Foto tomada de la web.

Sin embargo, esto no fue impedimento para que Carlos tuviera una historia de amor, pues lleva tres años de noviazgo con Daniela Mora, una joven estudiante de Contabilidad. Hoy en día, Carlos continúa con su carrera, ya próxima a culminar, y, a la par, trabajando como operador logístico en Mercacentro, dividiendo su vida entre la capital tolimense y el municipio de El Espinal, al cual va cada quince días con el fin de visitar a sus padres. “Mi única meta es terminar mi carrera, buscar un mejor empleo y llevarme a mis padres para Ibagué”.

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