La clásica ciclística de Girardot

Foto: Martín León
Foto: Martín León

Desde hace ya un par de años, el uso de la bicicleta más que un medio de transporte se ha popularizado en la ciudad, como en todo el país. Sin lugar a dudas uno de los factores que ha inspirado a los colombianos a sacar los velocípedos de sus hogares han sido los reconocidos “escarabajos” que, con sus victorias al cabo de las grandes justas en carreteras europeas, han conmovido a toda la nación, recordándoles viejos triunfos de generaciones pasadas, que en su momento fueron un hito deportivo pero también cultural.

El nacimiento de la bicicleta en Francia, durante el siglo XIX, dejó entrever que no se trataba sólo de un medio de transporte que amenazaba con al fin darle un descanso a los corceles, sino que desde la perspectiva de varios periodistas, era un avance para toda la sociedad en general y un reflejo de ella misma. Fue en aquellos días sepias cuando los dandis ingleses utilizaban este novedoso transporte para pasear por las comarcas, no sin antes incitar un partecarreras que les demostrase sus ímpetus a sus colegas. Las mujeres más atrevidas ignoraban los comentarios machistas y utilizaron ciclas para desafiar las normas, practicando una actividad deportiva disfrazada de vehículo.

Esa realidad francesa que narran los documentales sigue vigente más de 100 años después y en continente ajeno, en la ‘Ciudad de las Acacias’. Es evidente cómo la práctica del pedaleo no solamente es un fenómeno deportivo, es un acto cultural que refleja la manera de vida de la sociedad girardoteña: al igual que en el París de aquel entonces, existen aficionados que únicamente quieren hacer gala de sus costosas máquinas; al igual de otros que buscan retarlos con viejos “fierros”: lo mismo que mujeres que buscan probarse a sí mismas lo férreas que pueden ser al medir sus fuerzas enfrentando la subida de “El Arbolito”.

Lastimosamente, cuando existe una actividad que hace que converja tan significante cantidad de aficionados es de esperarse que la política intervenga en ella, pues de esta combinación surgió el Tour de France. En Girardot, lo curioso es que la práctica sobre la bicicleta es de uso meramente recreativo; consecuente a esto las competiciones locales son protagonizadas por foráneos; mientras que los locales se conforman con salidas de fin de semana, las que dieron forma al show de proselitismo agridulce llamado “Los viernes en bicicleta”, evento que semanalmente dejaría ver -en primera fila- al pueblo, el coqueteo del circo político girardoteño.

Para uno de los más experimentados comerciantes de bicicletas en la ciudad, Omar Amaya, el ciclismo local ha evolucionado notablemente, y comenta que desde hace aproximadamente unos cinco años las ventas de bicicletas de alta gama se han disparado. Explica cómo la bicicleta representa para el girardoteño un sentimiento de libertad, ya que es el primer regalo que se le da a un hijo y que éste emplea para alejarse del hogar. “Don Omar”, como lo llaman sus clientes frecuentes, ha sido testigo de cómo el panorama ciclístico de Girardot se ha desarrollado, pese a ser escenario de grandes eventos ciclísticos en el plano nacional, sus protagonistas nunca han sido oriundos de la zona, pocos han sido los pedalistas que han participado en un nivel competitivo, lo que según él, se debe al nulo apoyo municipal y de patrocinadores.

Este punto de vista lo comparte el mecánico de bicicletas, Martín Aya, quien comentó lo difícil que le fue conseguir patrocinio para su hijo al momento de competir y representar al municipio a escala departamental, apoyo que debió ser provisto por la Secretaría de Deportes, que es administrada por Edwin Escobar. Es cierto que la ciudad cuenta con relativa gama de espacios deportivos para diversas prácticas; pero no existen ligas regionales, lo que para Escobar se debe a que la clase de municipio que es Girardot, evita que los recursos destinados cubran la necesidad de grupos deportivos, más aun cuando el ciclismo es un deporte que requiere de gran presupuesto en lo competitivo. Por esta razón es que en la Clásica Ciudad de Girardot, la carrera que en su XXVIII edición presentó el equipo de la “Alcaldía de Girardot”, integrado por ‘escarabajos’ provenientes del Valle del Cauca y un solo participante girardoteño, que desde el inicio de su carrera se alejó de la región en busca de patrocinio en ciudades donde sí apoyan el talento de jóvenes promesas.

La región del Alto Magdalena cuenta con una posición geográfica envidiable, existen largos planos asfaltados, empinados puertos de montaña, vertiginosos descensos y un clima que favorece la práctica del deporte en cualquier época del año: atractivos que hasta hace poco se han hecho notar por parte de diversos organizadores de eventos, que han elegido la región para ser protagonista de travesías patrocinadas por marcas de nivel mundial; pero es evidente que los ganadores de dichos eventos son cicloturistas de otras regiones del país, haciendo que la inexperiencia de los locales en esta clase de eventos sea notable.

Lo cierto es que la bicicleta en Girardot es un fenómeno curioso, que hace revivir los inicios de aquel artefacto, que comenzó como medio de transporte, como lo utilizan los “calentanos” locales desde hace décadas, aunque evolucionó para que se tomase como medio de recreación y encuentro social, como bien lo publicó hace poco la revista Forbes, “el ciclismo es el nuevo golf”, haciendo referencia al roce social que se da en el ‘deporte de las biclas’, indicado para generar amistades y negocios: hecho que inspiró el surgimiento de los primeros clubes de ciclismo femenino en la región, formados a partir de la interacción que las damas tienen en las rutas. Lo que sin duda viene para el ciclismo nativo es un gran reto, uno muy difícil de superar; empero que seguramente se hará realidad, y es que los deportistas locales comiencen a figurar en las competencias: existe una nueva generación de jóvenes bastante talentosos, que lo único que necesitan para encumbrarse en las rutas nacionales es el apoyo de las tiendas locales y del gobierno municipal.

Por: Martín León – Adriana Villalba

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