Un espacio que cambia vidas

De las calles a las canchas

El amor de una madre, la dedicación y la pasión hacia un deporte son la mezcla perfecta para salir adelante y abandonar el abismo.

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Veinte minutos separan a Girardot de Melgar, donde se encuentra un municipio que atrae turistas de todo tipo, incluyendo a personal militar que vive y trabaja en el Centro Nacional de Entrenamiento (CENAE), más conocido como Tolemaida. El imaginario que existe alrededor de Melgar es que se trata de un lugar para dar rienda suelta a todos los vicios y deseos, donde por una noche se podría pensar que se está en “Las Vegas”; sin embargo, el seudónimo de la “Ciudad del pecado” fue el escogido para llamar así al polideportivo que se encuentra ubicado a la entrada del casco urbano.

No era para menos la necesidad de terminar el denominado megaproyecto que consiste en un coliseo y parque recreativo, pues después de cuatro décadas se realizarían los Vigésimos Juegos Nacionales ‘Carlos Lleras Restrepo’ en 15 municipios del Tolima y el Chocó. El alcalde del cuatrienio anterior, Gentil Gómez, estuvo al tanto de las obras que empezaron a desarrollarse desde que inició 2015, y para septiembre ya reportaban un avance del 90 por ciento, a diferencia de Ibagué, que en su momento presentaba problemas en el avance de las obras en escenarios deportivos que sumaron un total de siete espacios de carácter recreativo, y tres competitivos.

La construcción de una nueva vida

Los habitantes de los barrios aledaños a los polideportivos de Las Vegas y La Florida han manifestado que se han visto los cambios en la actitud de los jóvenes frente al deporte, dejando de lado malos hábitos comunes en el municipio y que, de acuerdo con el reporte del Sistema Único de Indicadores sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas (SUISPA) en el Tolima, para 2012 el promedio de edad de inicio en el consumo de alcohol y sustancias era de 16 años, cuando están todavía en edad escolar. Una problemática que puede traer consigo mayores consecuencias como la prostitución infantil, indigencia, hurtos y suicidios.

<<La construcción de espacios deportivos es ideal para  incentivar buenos hábitos en los tiempos libres>>.

En nuestra búsqueda de la información visitamos el barrio La Florida y allí conocimos a Magda Sánchez, madre de dos adolescentes de 14 y 16 años, que estudian en el colegio Sumapaz. Magda se considera una mujer guerrera, debido a que fue madre adolescente y su vida no fue fácil, dado que las malas amistades la llevaron a consumir marihuana cuando tenía 13 años y casi no logra salir de ese abismo. “Cuando nació mi hijo mayor, fue como si la vida me diera una segunda oportunidad. Era muy joven todavía; pero la responsabilidad de tener a alguien tan pequeñito dependiendo de mí, me hizo reaccionar y dejé el vicio” (sic).

Magda se imaginó que la vida para su descendencia sería diferente a la suya; pero Jonathan, su hijo mayor, empezó a consumir sustancias alucinógenas desde los 14 años y allí se hicieron evidentes sus grandes temores. “Yo creo que lo que uno le hace a sus padres se le devuelve, pues mi hijo cayó en ese horrible mundo y me costó trabajo hacer que reflexionara”, narró ella mientras nos enseñaba fotos de cómo cambió su hijo físicamente en un año. Desde que empezó la construcción del polideportivo, el joven comenzó a interesarse en el deporte y a dejar de lado el interés por las drogas, su mamá -quien siempre ha sido su fiel amiga y consejera- lo inscribió en una escuela de fútbol para que se enfocara en otra actividad.

En seis meses, Jonathan cambió física y espiritualmente: “él volvió a ser el muchacho alegre de siempre. Ahora, hace parte de un grupo de chicos que entrenan fútbol todos los días y hasta sueña con ser un deportista profesional”, afirmó Cristina Sánchez, tía del menor, con un semblante de esperanza mientras recorríamos el coliseo donde se reúnen niños y jóvenes a practicar deporte. La construcción de espacios deportivos es ideal para incentivar buenos hábitos en los tiempos libres, de manera que se ocupe la mente y el cuerpo, lejos de los alcaloides y el alcohol, que lentamente consumen la vida de muchos melgarenses.

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Por: María José Arango – Mayra Delgado

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