Movilizaciones y cambios

Movilizaciones y cambios

La colectividad unida logra lo que desea.

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Con el transcurrir de la vida de los seres que subsisten sobre la Tierra, algunos de ellos por abundancia de razón y otros —el humano y lo que le rodea— por carencia de ésta, siempre se ha evidenciado la injusticia, dado que por decisiones de unos padecen otros. Muchos de los que van en contra de tales decisiones no son impulsados por simple antojo, sino porque realmente se ven en aprietos de todo tipo, los cuales obligan a como dé lugar revertir lo que no les beneficia. En muchos casos es tanta la desdicha y zozobra por la que puede pasar una persona que en función del afán de cubrir sus necesidades básicas no discrimina la forma de lograr dichos menesteres.

El ir en contra de situaciones que afectan al ser humano en aspectos primordiales, como los concernientes a su sobrevivencia, siempre han sido el motivo por el cual la sociedad ha intentado sublevarse, ya sea a través de movilizaciones o revoluciones. El escuchar cómo las masas manejan tales significados tiene connotaciones muy diferentes, pues movilizarse puede referirse a los llamados ‘plantones’ o protestas pacíficas y revolucionarse en el imaginario colectivo significa levantarse en armas o subvertir el orden de las cosas. Es por ello, que en debidas ocasiones se cree pertinente recurrir a cualquiera de este tipo de protestas, puesto que con ellas se busca encontrar equidad, lo cual puede mejorar o empeorar una sociedad.

Remontándose históricamente, es importante hacer alusión a las protestas que desempeñaron un papel importante para Colombia: si no hubiesen existido no habrían cambiado el curso de lo que es hoy el país. Una de ellas es la tan conocida y recordada Revolución de los Comuneros, dada en el periodo colonial, hacia 1781, originada en la provincia de Socorro (Santander), donde por el despreciado impuesto llamado ‘Alcabala’ que actualmente puede relacionarse con el Impuesto de Valor Agregado (IVA), el pueblo debió tomar las armas para así mitigar el impacto económico negativo que aquél traía para sus vidas; aunque dicho hecho fuese de cierto modo inconcluso, representó un paso significativo para librar a la nación, posteriormente, del yugo español bajo el que se estaba regido.

Con lo anterior se da a entender que ha habido cambios producto de la sublevación de las personas que se sienten oprimidas por el sistema impuesto. Todo el contexto histórico abordado, fue necesario para adentrarse en un caso que se presentó en 2013 en una vereda de El Espinal, en el Tolima, de nombre Guasimal. Allí aún hay personas que labran la tierra y que derivan su sustento de lo que ella les brinda para satisfacer las demandas básicas de todo ser viviente. Así pues, en el momento en que tales necesidades se incrementan y su cobertura se imposibilita es cuando lo ocurrido en los anales de la historia cobra vida y se refleja en la contemporaneidad.

Como manifestarse ha sido una manera de hacerse escuchar, la comunidad de Guasimal en años pasados así lo realizó, pues un problema de gran magnitud les cambiaría la vida si no hubiesen hecho algo por degradar tal impacto. De esta manera, ejecutaron un hecho importante que trascendería y marcaría sus vidas por el resto de la historia, y tal es la impronta que los caracteriza como comunidad, puesto que la apropiación de los perjuicios que pueden afectarlos son tomados no de manera individual sino colectivamente. Hasta ahora sigue siendo un orgullo para sí mismos, porque pueden tener la dicha de decir que fueron ellos los gestores que llevaron a dirimir dicha situación que les aquejaba.

Para empezar a hablar de esta comunidad es necesario contextualizar sobre la realidad del campo. Las personas que habitan allí, por lo general, son un gremio olvidado por sus dirigentes, lo que, en consecuencia, los puede hacer vulnerables a infamias. La presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Guasimal, Evangelina Carvajal manifestó al respecto que “la vida del campo es muy dura (…); a nosotros se nos han vulnerado muchos derechos, muchos recursos, muchas cosas más. La parte política no ha contribuido como debe ser para ayudarnos” (sic). En este sentido, se puede decir que los campesinos como tal son personas que prácticamente intentan subsistir por sí mismas, y aunque necesiten muchas veces de sus gobiernos, buscan salir adelante.

Adentrándose en la crisis que afectó a Guasimal, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) se encontraba adelantando proyectos de construcción vial en 2013, los cuales reconvertirían una de las más usadas carreteras por dicho campesinado. Un miembro de JAC de Guasimal, Óscar Forero afirmó que “nunca a las comunidades rurales se les socializó el paso de la variante y la afectación que tendrían ellas. ¡Jamás!”. Tan drástica era esta situación que la construcción en ese momento de la Variante Girardot – Neiva, sin ninguna previsualización de la significancia de la carretera, implicaba dejar incomunicado El Espinal con las veredas que conectaba.

Todo el nombrado campesinado, acompañado de sus líderes de cabecera, los cuales ayudan y velan por sus derechos, sintieron el deber de concienciar a la comunidad de las veredas. «A nosotros nos tocó despertar e invitar a las personas a decirles: “vengan, aquí va a haber una amenaza y un riesgo para el campesino”. O sea, eso fue iniciativa del campesino, eso no fue iniciativa de absolutamente nadie más, sino de los involucrados que estamos acá», según aseveró Forero. Esto refleja lo opuesto a lo que muchos colectivos sociales hacen, porque todos simple y llanamente ven que pueden ser afectados, pero aun así no hacen nada por eso que puede cambiarles la vida radicalmente.

La comunidad cuestionada y confundida por tal problemática que jamás imaginó pasara, intentó buscar soluciones, puesto que ante dicha situación, la gente en medio de su desesperación puede causar impensables cuestiones. Por lo tanto, en el afán por ver que sería olvidada actuó. “Nos plantamos allí (…); duramos aproximadamente tres días, pidiendo una explicación al respecto”, afirmó Nancy Carvajal, habitante de la vereda. Y sí, en muchos de los casos no sólo comunidades, han tenido que recurrir a tamañas decisiones, dado a que en momentos cuando ya no son afecciones secundarias sino primarias, las personas intentan a como dé lugar participar y hacerse escuchar.

Además de ello, la cuestión más admirable de los moradores de la vereda es que como tal muchos no veían esto como motivo de revolución o de generar algún tipo de desorden público. “Nosotros como tal no queríamos un problema, queríamos era un solución”, según afirmó Nancy Carvajal. Por tanto, lo único que se buscaba era una salida que favoreciera a todos. Tanto fue el revuelo que causaron ese día de iniciado el plantón que “llegó la SIJIN, el B-2, (…), fuerzas de seguridad del Estado, creando hipótesis de que la situación era terrorismo y esas cosas, y no fue así” (sic), expresó Forero.

Se empezó el proceso de diálogo con los entes representativos del Estado que estaban a cargo de la variante carreteable. El paro como tal, para que se hiciese escuchar la comunidad, fue de 72 horas; empero todo el avalúo y la reestructuración de la obra duró casi un año. “Se tenía que hacer un puente o ampliar algo para que el transporte de carga pesada y la comunidad pudiésemos pasar” (sic), precisó Carvajal. Finalmente, después de esperar pacientemente por los resultados que se efectuarían al respecto, se optó por la construcción de un ‘box culvert’ o paso subterráneo, el cual se utiliza para la conducción de fluidos, túneles de servicio y más; lo que sería de solución para todos.

Una respuesta, con miras a solucionar la problemática, no fue la esperada, toda vez que las dimensiones dentro de las que se pensaba construir no eran las más acertadas. Las medidas fueron de 3.5 metros de alto y de ancho. Los cálculos estimados sólo permitían el paso a los vehículos livianos, imposibilitando que la maquinaria pesada, que se utiliza para las labores del campo, pudiera cruzar por tal túnel. A pesar de que el pronunciamiento no alentaba ni cumplía con los requerimientos que solicitaban los campesinos, se redactaron nuevos oficios en los cuales se recalcaba que dichas medidas no estaban acordes con las necesidades de los habitantes del sector intervenido.

Luego de que se hizo llegar los nuevos documentos a la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), para que desde allí se tomaran en cuenta las propuestas que hacían los representantes de la JAC apoyados por sus comunidades, fue que se logró llegar a un acuerdo, con un tanto más de beneficio para los damnificados. “Finalmente se logró la aprobación de una estructura de paso, pero con una sección más grande: de cinco metros de alto y de ancho. Ya como se tenía la rasante de la vía, tocó hacer una excavación, en la parte inferior, para dar la altura de los cinco metros” (sic), manifestó el entonces secretario de Planeación del municipio y ahora miembro de las Empresas Públicas, Johan Fernando Niño. 

El cavamiento que se efectuó trajo consigo otro inconveniente, el cual se tradujo en que cuando llovía el agua se empozaba allí, alcanzando un nivel suficiente que interrumpía el libre tránsito de los vehículos con reducida altura. «Quedó plasmado en el compromiso que se instalarían estructuras complementarias para evitar las inundaciones en el ‘box culvert’» (sic) expresó Niño. A la fecha, es posible evidenciar que se cumplió con lo pactado en cuanto a lo que era necesario instalarse para evitar la acumulación de aguas lluvias. Pero, a pesar de ello, la tubería utilizada para el desagüe está a punto de taponarse, debido a que diámetro no es suficiente, lo que genera basuras atascadas en el drenaje.

Cuando las necesidades fundamentales se ven por agentes externos que buscan someter la voluntad de las personas a sus designios, es preponderante resaltar las manifestaciones que han realizado los inconformes en el decurso de la historia de la humanidad, para así tratar de entender que la mejor forma de hacerse sentir es trabajando en conjunto y por un mismo ideal. Los campesinos de Guasimal y de las veredas cercanas que participaron en la movilización son la fiel muestra de que en Colombia sí es posible que a través de la protesta social se puedan reclamar derechos.

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Por: Winston Mauricio Espinosa – Mateo Perea Larrota

 

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