Crisis del periodismo: el negocio vs. el saber

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En ocasiones, cuando de evaluar el trabajo periodístico se trata, hay al menos dos maneras de interpretar el significado de expresiones como “es un periodista hábil” o “se nota que es un trabajo hecho con olfato, con talento y etcétera”. Una de ellas es entender esa habilidad (descrita metafóricamente con el rótulo de “olfato periodístico”) como esa capacidad para encontrar información que cumpla con las exigencias de los valores noticiosos. La otra se reduce simplemente a tener la audacia necesaria para llegar primero al lugar de los hechos y registrarlos. La primera habilidad es propiamente periodística (aunque no es exclusiva de periodistas). La segunda, no.

En efecto, cualquiera, con poca o mucha fortuna, puede estar en el lugar y en momento correctos para presenciar y registrar un suceso que determine las agendas informativas del momento. En este sentido tener la exclusividad, la “chiva” o la primicia, ha pasado -ahora más que antes- de ser cuestión profesional a ser cuestión de suerte. Una cosa es ser el primero en saber contar y otra bien distinta es ser el primero en llegar. Si Ómar Rincón hubiese escrito que es en este último aspecto en el que las audiencias derrotaron a los periodistas, también tendría razón: no hay forma de ganarle a la inmediatez propia de la portabilidad actual.

<< Tener la exclusividad, la “chiva” o la primicia, ha pasado de ser cuestión profesional a ser cuestión de suerte>>.

Sin embargo, lo que dice es que “el problema es un asunto de ideas, de conceptos, de narración periodística. Y a los medios y a los periodistas los están derrotando en su negocio: contar historias” (subrayado mío). Pareciera entonces que es en el terreno del negocio, más que en el del saber narrar, en el que los medios y los periodistas están siendo derrotados. O estaban. Actualmente, el llamado “Periodismo Ciudadano” ha llegado a ser parte importante de los espacios informativos de las principales marcas de radio, prensa digital y televisión. Es indudable que vieron en esos contenidos oportunidades de negocio insospechadas antes de la masificación de internet.

Una noticia cuyo origen es ciudadano se vuelve tendencia gracias a que estas marcas la retransmiten en sus plataformas. Así, el papel del lugareño, que es fundamental en la cadena de eventos que va desde el hecho hasta su comunicación, también lo es a la hora de facturar, de medir el tráfico generado. En la relación audiencia-medio el rol que cumple el periodista no parece muy claro si asumimos que los periodistas sólo saben contar historias y los medios sólo saben hacer plata; y esto porque pareciera ser que en este modelo de negocio la historia no necesita ser contada sino mostrada.

Sea como fuere, incluir en sus espacios los contenidos generados por la audiencia ha sido la forma como las empresa mediáticas  han encontrado para conjurar la problemática del negocio descrita por Rincón. Parece, entonces, que de la crisis del saber, si es que la hay, se tienen que encargar los periodistas. ¿Qué opinan ustedes?

Por: Federico Jiménez, docente de la Corporación Universitaria Minuto de Dios

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