Rescatando la historia

Condenados al exilio, esclavos del estigma

Ángel Cucuñame es considerado como el ‘salvador de la historia’ poco contada sobre el único lazareto de Colombia que se convirtió en municipio.

Foto tomada de la web

Todo comienza en el año 1867 cuando los residentes de municipios como Tocaima, Girardot y Ricaurte expulsan a las personas enfermas de lepra, conocida ahora como la enfermedad de Hansen, las reúnen en un terreno comprado por el Estado, como si fuera un campo de concentración, inundado por el dolor y rechazo. Allí, se encerraban los enfermos, pues se creía en ese entonces que la bacteria era altamente contagiosa e incurable.  Agua de Dios fue el nombre que recibió uno de los tres lazaretos que hubo en Colombia, y el cual albergó hasta 1961 a más de 5.000 enfermos.

Ángel cuenta la historia como si la hubiese vivido en carne propia, suda y el brillo en los ojos refleja el temor que se vivió en aquellos tiempos.  Mencionó la Ley 104 de 1890, la cual se le impuso a los contagiados de lepra y los obligó a un aislamiento total,  tanto así que se implantaron retenes en todos los puntos estratégicos del lazareto, obstáculos para el ingreso de personas sanas y si entraban no podían salir sin autorización previa.  También, se acordonó todo el terreno con una alambrada y fue custodiada por la Policía Nacional y una guardia de los pacientes enfermos de lepra menos agravados.  Se alejó tanto del resto del país que llegó a tener una estructura y normatividades independientes.

En 1961, después de haber padecido tanta impotencia y soledad, estas personas veían la luz de la esperanza en medio del oscuro túnel, pues se comprobó que la enfermedad era tratable y no era de alto contagio; por tal razón, se expidió la Ley 148, en la cual se restituyeron los derechos civiles, políticos y las garantías sociales a los afectados de lepra, consagrados en la Constitución Nacional.  En ese mismo año, el Estado autorizó a la Asamblea de Cundinamarca para la conformación de Agua de Dios como municipio, y sus fundadores serían los que lo poblaron durante décadas, los enfermos. En un principio, y según Ángel, se quiso nombrar al pueblo como corregimiento de Tocaima o Ricaurte, pero sus residentes no lo permitieron.

Se conoce como enfermedad de Hansen en honor al médico Gerard A. Hansen que le dio su nombre en 1874.

El ángel de la historia

Sin embargo, y a pesar de que se había liberado de su encierro, parece que la imagen y su pasado la perseguirían por mucho tiempo más.  Agua de Dios, ‘tierra de leprosos’, como era conocida hasta hace sólo unos años, constituye algo que no dejaría a los demás municipios olvidar su historia.  Como el ‘hijo bobo’ era considerado el municipio en sus inicios, según Cucuñame, dado que por ley era intocable pero por dicha reputación también, pues por el estigma afincado durante años en torno de la enfermedad no era muy visitado ni querido por sus vecinos.

Es ahí donde llegó Ángel, el personaje de esta crónica, quien nos recibió en una modesta casa en compañía de su esposa e hija.  Un hombre serio de estatura baja y cabello canoso, que no dudo en invitarnos a seguir y ofrecernos algo de beber.  Uno de los objetivos de su vida es rescatar y reconstruir toda esa historia del municipio para romper con el miedo y el cliché que aún permanece sobre Agua de Dios, con el fin de que no sólo los turistas visiten y conozcan lo que es hoy su tierra, sino también por quienes la habitan, que la amen, la cuiden y estén orgullosos de ella.  La pasión por su pueblo fue lo que lo llevó a convertirse en el más conocido historiador, creador y gestor del Plan de Desarrollo Turístico.

Plan de Desarrollo Turístico

Fue el producto de una propuesta que Ángel Cucuñame le hizo al exalcalde Jorge Garcés, en 2014, en la que manifestaba la intención de crear un proyecto ambicioso y detallado, integrando dos nuevos ejes turísticos importantes como lo son el turismo histórico y el religioso; aprovechando todas las condiciones y lugares que ofrece el municipio para promover y promocionar ese tipo de turismo: el cual, según Garcés, pretende no sólo impulsar el pueblo sino la región del Alto Magdalena.  La propuesta tuvo aceptación del mandatario de ese entonces, por lo que Ángel a lo largo de seis meses trabajó de sol a sol en la construcción del mismo.

Museos, iglesias, monumentos, historia, personajes, rutas, el sanatorio, sitios considerados patrimonio histórico y cultural entre otros importantes del municipio, hacen parte de la iniciativa que se convirtió en una pasión y reto personal de Cucuñame.  Lamentablemente, hoy el proyecto se encuentra en el baúl de los recuerdos, esperando que el mandatario de turno lo desempolve y disponga de recursos para soñar con su puesta en marcha.  Habitantes como Álvaro Martínez, líder de los discapacitados de Agua de Dios, rescatan la labor de Ángel y aplauden sus iniciativas culturales, haciéndolos apreciar y sentirse de nuevo orgullosos de sus inicios y antepasados.

Incluso, Cucuñame fue quien patentó el plato típico del municipio: el cocido panche.  Y aunque ha generado todo tipo de opiniones, aguadedioscenses como César Velandia, agradecen a Ángel por rescatar y querer impulsar el terruño que los vio crecer y el que sueñan ver progresar; lo apoyan en sus ideales que son en pro del pueblo y alimentados por sentimiento profundo y amor propio.   Ángel sonríe y cuenta la historia de manera detallada y con un fulgor en los ojos; es considerarlo como un personaje importante, lo ven como el salvador del pasado y del presente de Agua de Dios, y esperan que como él todos se enamoren y quieran visitar la tierra que alguna vez fue rechaza y condenada al exilio.

Por: Ángely Gutiérrez – Luisa Rodríguez – Angélica Valdés 

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