PERSPECTIVAS DEL ENSAYO

Hay objetos que debemos ubicar a cierta distancia para poder percibirlos; objetos que diríamos, son creados por la distancia o la perspectiva. Ubicamos en perspectiva los árboles y podemos ver entonces el bosque; ponemos en perspectiva las calles y plazas, y aparece la ciudad: nosotros, invisibles en ella.

Desde el Renacimiento y hasta nuestros días, la perspectiva ha sido cuestión de pintores y artistas visuales. A ellos y al cine del siglo XX debemos el haber adoptado la perspectiva como herramienta para ver el mundo, ese mundo que pierde la totalidad que aparenta cuando sumamos cada perspectiva desde donde lo miramos. Toda perspectiva, sabemos ahora, confluye de manera inevitable en una imagen. Y las imágenes, también lo sabemos ahora, no son exclusivas de la pintura, la fotografía o el cine.  Las construyen también las palabras, las metáforas, y las realidades discontinuas que crea el discurso.

Cuando una de nuestras mejores novelas arranca con estas palabras: “Antes de apasionarme por mujer alguna, jugué mi corazón y me ganó la violencia”, lo que vemos con esas palabras es una imagen, no unas palabras; mejor aún, con las palabras llegamos a la imagen del hombre apasionado que arroja su corazón y que ve cómo la agarra la violencia y no la mujer que él pensó.  Cuando el poeta español Juan Ramón Jiménez escribe: “Fui seguro hacia la sombra –pero ciego-“; no pensamos, por ejemplo, en la penumbra, y luego en el hombre y luego en el bastón del hombre; pensamos en la oscuridad, en el hombre ciego y en su sombrío destino… todo en el mismo instante, en la misma imagen.

Para seguir con las palabras y las imágenes que sugieren, escribamos una frase para ubicar esta revista que hoy ponemos a disposición de Girardot y de todos aquellos que se imaginan otra Girardot.

En la ciudad, Angélica no encontró una sola revista, dos días buscó y no encontró ninguna.

Las palabras nos dan la imagen de una ciudad de los tiempos anteriores a la imprenta.  Una ciudad por la que camina una mujer joven que, inexplicablemente, sabe lo que es una revista y busca una, con la mayor de las certezas.  Algo no coincide en una ciudad así, atestada de carruajes que van y vienen, rodeada de murallas y guardianes, aldeanos y señores, y, entre sus calles, esa joven que busca un objetivo cultural que sólo es posible encontrar en una ciudad de murallas, sin aldeanos, sin carruajes. Imaginemos por un momento, la misma ciudad; pero en el polo opuesto del tiempo. La misma ciudad pero ubicada en los tiempos que siguieron al descubrimiento de la imprenta. Ya no hay aldeanos y señores, hay ciudadanos y malhechores; no hay murallas y guardianes, cualquiera puede entrar y salir según su voluntad.

La imprenta es un hecho viejo y conocido, y a nadie sorprende encontrar un libro o una revista. Angélica, a quien siempre imaginé con gafas y de ojos claros y expresivos, debe caminar unas calles; empero inevitablemente encontrará la revista que busca.  Angélica, además es una mujer profesional, hace cinco años terminó la universidad y ahora dirige la agencia de comunicación que fundó con Mario, Cristina y Karen: sus compañeros y amigos.

Si tuviéramos que adoptar una perspectiva para esta revista, esa perspectiva nos mostraría la segunda de las ciudades que hemos descrito, la de los tiempos que siguen al descubrimiento de la imprenta. Y si tuviéramos que precisar más la perspectiva, diríamos que esa ciudad existe en América, en Colombia.  Es una ciudad pequeña, pero ciudad al fin de cuentas, está junto a un enorme río y tiempos hubo en que no fue ciudad sino pueblo, no pueblo sino caserío. De tanto crecer se hizo ciudad y llegó a tener estudiantes, universidades, editoriales, profesionales, intelectuales.  La revista que hoy editamos sólo puede llegar a existir en una ciudad así, una ciudad en la que sus fundadores, sin la perspectiva que luego le darían los años, la designaron con un nombre antroponímico: Girardot.

Vivimos los tiempos en que no se fundan revistas para defender ideales o utopías sociales, los tiempos en que las revistas se hacen para ser comercializadas y vendidas.  De allí que al nacer como revista y adoptar la perspectiva de una ciudad que es posible, nos ubiquemos en un tiempo opuesto: el tiempo de los hombres y mujeres que creen que la realidad puede ser diferente. Sabemos que Girardot son sus calles atestadas y que gritan, pero sabemos, también, que Girardot son sus universidades y estudiantes.  Girardot son las calles que proyectan los ingenieros civiles, las reconstrucciones arquitectónicas que imaginan sus arquitectos, las reflexiones que hacen de ellas sus propios intelectuales.  Es la perspectiva desde la que nos ubicamos para hacer posible esta revista y desde la que proyectamos la mirada. Es la perspectiva de la posibilidad: intellegentia.

En su artículo “Formas del ensayo latinoamericano”,  Rafael Gutiérrez Girardot,  plantea que el ensayo entre nosotros proviene de dos tradiciones; la oratoria y el periodismo. La oratoria heredada del sermón cristiano con el que fuimos incluidos a la experiencia de occidente y el periodismo heredado de las corrientes liberales del siglo XIX.  Al ensayo latinoamericano le ha correspondido transitar por la prensa y la política hasta llegar a la cumbre literaria que le dieron algunos de nuestros escritores.  De allí saltó a la academia.  Allí lo recibimos quienes nacimos en el siglo XX y hemos de vivir en el siglo XXI.

Lo que han puesto en nuestras manos los ensayistas que nos precedieron es una herramienta sutil, sofisticada y demasiado versátil:  Una herramienta que perfora el alma de la teoría y nos explica la ciencia desde la vitalidad de la filosofía y la literatura. Con herramienta tan valiosa queremos desentrañar el corazón de esta ciudad que crece a la orilla del gran río de la Magdalena.  Esta primera revista de Perspectivas, retoma la tradición de que nos habla el maestro Gutiérrez Girardot y arranca con un conjunto de ensayos que abordan la realidad desde la perspectiva de la experiencia, la ciudad y el conocimiento.  Estas son pues, las perspectivas del ensayo

Por: Orlando Barón Gil 

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