Nacido para el fútbol

‘El Guatemalteco’

De los “picaditos” de barrio, a partidos oficiales con el onceno capitalino de Independiente Santa Fe.  Alejandro el  ‘Tanque’ Galindo llegó con guayos rotos, pero pisando fuerte a la sede de los ‘Leones’.

La habitación 404 del Hospital Universitario San Ignacio, de Bogotá, tal vez no era el lugar más apropiado para que Mariani Galindo o ‘Doña Mariani’, como cariñosamente la conocen, le contara ciertas verdades a su hijo Alejandro. Su cara reflejaba no sólo la aflicción luego de saber la gravedad de la lesión del número 34 del Club Independiente Santa Fe, sino la impotencia de no poder hacer nada para que allí no terminaran los sueños del mayor de sus dos vástagos.  El dictamen del ortopedista no era nada alentador; el volante mixto que en 2011 había debutado como profesional con el equipo capitalino, no gritaba por haberse roto el ligamento cruzado anterior, sino porque creía que era el final de su carrera.

Guatemala lo vio nacer y Colombia, crecer

‘Doña Marian’ recuerda que justamente ese día, se cumplían 19 años de uno de los momentos más difíciles en su vida.  “El teléfono timbraba y timbraba, tenía seis meses de embarazo y mi barriga había crecido mucho, -por eso me demoré en contestar-, cuando descolgué el auricular, una voz asfixiada repetía ‘¡lo mataron, lo mataron!’, se refería a mi esposo, había sido asesinado” (sic), cuenta ‘Doña Mariani’.  Alejandro Miguel Galindo nació un 5 de marzo de 1992 en Chinautla – Guatemala, y con sólo tres meses fue sometido a una cirugía en sus genitales que lo dejó infecundo;  secreto que ‘Doña Mariani’ quería revelar esa tarde en el San Ignacio.

‘El Guatemalteco’, como lo bautizó uno de sus mejores amigos, salió del San Ignacio en silla de ruedas dos días después de haber sido intervenido quirúrgicamente.  “Yo sabía que Alejandro no abandonaría el sueño de ser un futbolista profesional, porque detrás de sus aspiraciones deportivas estaba el anhelo de poder comprarle una casa a su mamá” (sic), relató Freddy Ramírez, amigo y entrenador de Galindo en la Escuela de Fútbol Miguel Rizo, de Agua de Dios, pueblo natal de ‘Doña Mariani’, a donde volvería tres años después de la muerte de su esposo. “El día en que llegamos a la casa, mi papá recibió a ‘Alejito’ con un balón de caucho”, recuerda ‘Doña Mariani’.

En la cancha de fútbol Plaza de Colombia, que queda a una cuadra de su casa materna, se vieron los primeros regates de Galindo.  “Desde muy niño demostró su destreza con el balón.  Era de pocas palabras, pero dentro de la cancha siempre era el mejor”, así lo recuerda su primer entrenador Ramírez.  Fue en este campo de arena donde un dirigente del Club Independiente Santa Fe quedó admirado por las cualidades técnicas de este niño de acento singular.  Noé Ramos, entrenador de Alejandro, recuerda el 22 de febrero de 2003, como un día muy especial en la carrera de su sobrino, “el guayo izquierdo de ‘Alejo’ estaba roto, anotó tres goles y Santa Fe quería comprar sus derechos deportivos” (sic).

“El día en que llegamos a la casa,  mi papá recibió a ‘Alejito’ con un balón de caucho”, recuerda Doña Mariani.

El debut, la lesión y la Bogotá nocturna

El equipó ‘Cardenal’ fue responsable de la metamorfosis futbolística de ‘El Guatemalteco’, quien fue ascendiendo rápidamente de categoría.  El Atlético Juventud, filial del club santafereño, le dio la oportunidad de jugar en la categoría Primera B en 2009 y  dos años después llega al equipo profesional del Independiente Santa Fe, debutando el torneo en la categoría de la Primera A y la Copa Colombia.  ‘¡Duro al 34!’, repetía el asistente del América de Cali a uno de sus jugadores, con la intención de sacar a Galindo del partido, pues se había apoderado del medio campo y era casi imposible pasarlo, cuenta su exentrenador Ramos.

El jugador americano aprovechó un balón dividido para dejar marcados sus taches en la rodilla izquierda del futbolista del ‘Expreso Rojo’.  En los últimos tres meses, de los seis que duró su recuperación, el guatemalteco entrenaba en el día y salía de rumba en la noche. “Hablábamos mucho y me contaba que se sentía aburrido, con ganas de jugar, pero el profesor decía que aún no estaba listo, y entre copas y pendas íntimas femeninas ocultaba su desdicha” (sic), cuenta Kevin Maldonado, amigo de Galindo.  Las noches capitalinas se convirtieron en el refugio y desahogo del volante mixto, hasta que una noticia enderezaría nuevamente su rumbo.

En la bicolor

Empezaba 2012 y con pocos minutos jugados en algunos partidos amistosos con el equipo suplente luego de su lesión, el mediocampista de equilibrio, de 1.83 de estatura, recibió la llamada que lo regresaría a su país de origen. “Me llamó a las once de la noche, estaba llorando, y me dijo que lo habían convocado para la selección de Guatemala”, expresó Doña Mariani.  El adiestrador uruguayo-paraguayo Éver Hugo Almeida, en ese entonces al mando de la bicolor, después de ver varios videos de Galindo, decidió hacerlo parte de la selección que disputaría las Eliminatorias al Mundial de Brasil 2014.  Vestido con la camiseta número 13, se ganó el respeto y admiración de la hinchada que se acostumbró a verlo como inicialista.

El “tanque” Galindo, como lo bautizaron algunos periodistas en Guatemala, gracias a su corpulencia y juego fuerte, anhelaba conocer el país del “Rey” Pelé,  pero su sueño mundialista  por esta oportunidad se había frustrado.  Luego de su paso por la bicolor varios equipos locales tenían los ojos puestos en el jugador santafereño, pero ‘El Guatemalteco’ estaba de nuevo en su mejor nivel, por lo que recuperó la confianza del técnico ‘rojo’, quien le dio chance para que se enfundara de nuevo con la 34 roja, con la suerte de coronarse campeón y celebrar su primer título como profesional y la séptima estrella para los “Leones”.

“Desde muy niño demostró su destreza con el balón.   Era de pocas palabras, pero dentro de la cancha siempre era el mejor”, relata Freddy Ramírez.

‘El Guatemalteco’ de 1.83 cm de estatura, heredero de la cultura maya, recorre la bien preservada arquitectura barroca española en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, convencido de que su sangre le pertenece a Centroamérica y su corazón al sur del continente americano, en la ‘Tierra del Café’; pero su alma siempre está ligada a la camiseta que viste cuando entra al terreno de juego, sin importar el escudo que exhiba en su pecho. El Antigua Guatemala Fútbol Club lo fichó en sus filas y se hizo campeón; las oraciones de Doña Mariani frente al altar que tiene en su nueva casa, lo acompañan en la distancia, y también pide a sus santos el milagro de ser abuela.

Por: Adriana Sánchez – Alberto Olivero

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