Hay que invertir en la cultura para fortalecer la sociedad

La inconsciencia que está acabando con nuestras tradiciones 

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San Pedro, en El Espinal, es una fiesta patronal que, según la historia, se celebra cada mes de junio, desde 1881, y cuyo primer organizador fue don Timoteo Ricaurte Urrutia, quien era el alcalde de la Villa de Llano Grande de El Espinal, en ese entonces.  Tal festividad, así muchos digan no, es el resultado de la gran influencia cultural europea, la cual implantó la herramienta más fuerte para moldear adeptos como es la religión, en este caso la Católica: en la que cobra especial relevancia lo transmitido por el grupo y no por el individuo, debido a la convencionalidad que ha forjado el rito religioso con el transcurrir del tiempo en la población.

“El tema de la cultura hay que tomárselo en serio,  porque si fuéramos más conscientes de la importancia que tiene el desarrollo cultural para los grupos sociales, creo que tendríamos menos delincuencia y menos fracaso”: Cervera.

Remontándonos en el tiempo, la celebración de dicha fiesta empieza en la zona rural, en donde los campesinos, a raíz del éxito obtenido en sus cosechas, celebraban con sus semejantes el buen momento por el que estaban pasando y por causa de ello se formaba la ‘furrusca’ —fiesta— amenizada con las notas musicales de los tiples, guitarras y tamboras que hacían la perfecta conexión con la chicha, el aguardiente, el baile y el típico asado de chivo, según relata el periodista espinaluno Luis H. Rivas Rojas.  Todo este derroche de alegría siempre tenía implícito un valor muy importante como era el de fortalecer los lazos familiares que promueven los principios y valores que solidifican su núcleo y entorno.

Infortunadamente, lo anteriormente postulado, paulatinamente ha ido en detrimento de la idiosincrasia en la segunda ciudad en importancia del Tolima.  En la actualidad, las personas celebran dichas fiestas, pero desconocen el sentido de ellas.  Las comidas típicas que antes se preparaban, y eran un ceremonial que involucraba a todos los integrantes de la familia,  ya poco se consumen,  porque estamos en la época del facilismo en la que todo se quiere de inmediato.  Las personas van a las corralejas y se enfrentan a las astas de los toros,  pero desconocen el fundamento por el cual los hombres se ufanaban de su valentía.  Ahora todo esto se hace amparado por el superfluo concepto de la diversión y nada más.

Es triste ver cómo se ha perdido la estima por las culturas ancestrales,  lo cual poco a poco saca del plano al núcleo familiar, supeditado éste  por problemáticas sociales difíciles de controlar.  Para esta fecha, la inseguridad impera, cohibiendo del goce pleno de la festividad a citadinos y turistas.  El director administrativo de Cultura, Germán Sánchez,  expresó que “ya se está hablando con el Ejército y la Policía Nacional para que se vinculen y de paso nos colaboren (…).  El Comité Municipal para la Gestión del Riesgo también está organizando todo con la Cruz Roja, Defensa Civil y Bomberos Voluntarios, con mucha anterioridad, para que este año no se nos escape ningún detalle” (sic).

Muchos de los inconvenientes que se presentan en la organización de los eventos de tipo cultural es que, en ocasiones, los encargados del manejo y logística del mismo son personas que no cuentan con el perfil para dichas funciones.  El músico e investigador cultural Fernando Cervera manifestó que «uno de los grandes problemas de la cultura es como cuando toca hacer una operación de corazón abierto y, de repente, alguien que aprendió a poner una inyección dice: “¡Yo lo puedo hacer!” (…).  El tema de la cultura hay que tomárselo en serio, porque si fuéramos más conscientes de la importancia que tiene el desarrollo cultural para los grupos sociales, creo que tendríamos menos delincuencia y menos fracaso» (sic).

Así, el San Pedro se cimiente en influencias extranjeras, es importante recordar que es un ágape que tiene como fin reunir la familia en un entorno de alegría.  Por lo tanto, la Administración Municipal debe diseñar espacios que estén adecuados para que todos puedan disfrutar de las actividades, sin temor a ser objeto de acciones delincuenciales que pongan en riesgo la integridad de propios y extraños.  La imagen que proyecta El Espinal depende del comportamiento de las personas; pero para que ella no se vea opacada, es necesario que desde la Alcaldía haga una planeación integral y no que sólo se piense en espectáculos deslumbrantes que muchas veces dejan al margen lo primordial, como lo es la seguridad de las personas.

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Por: Winston Espinosa – Mateo Perea 

 

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