De aspirante a contadora pública a realizadora de sueños

La discapacidad está en la mente

Desde tiempos inmemoriales el dinero ha sido un factor crucial para adquirir un estatus en la sociedad; sin embargo, no lo es todo si no hay ganas de imponerse retos y superarlos.

Conocer a la protagonista de esta historia se dio por casualidad, mirando en internet noticias sobre la universidad encontramos a Gaby Cruz, una estudiante en ese entonces de Contaduría Pública que contaba su historia de vida, no como lo haría alguien paupérrimo, sino como lo hacen los valientes; esas personas que sin importar los retos que imponga la vida salen adelante y cumplen sus metas sirviendo de ejemplo para los demás. Su historia es suficiente para entender que como reza el dicho popular “no hay cosas imposibles sino seres incapaces”.

Gaby llegó a la ciudad hace seis años, por motivo de traslado laboral de su esposo, quien es vigilante de una empresa y en sus tiempos libres se dedica a transportar personas en su moto para ganar algo de dinero extra. Ella es madre de tres hijos fruto de su matrimonio con Julio Ruiz, admirador total de su esposa, por la energía que le pone a cada idea en la que se embarca. Uno de esos proyectos era convertirse en contadora pública, un deseo que no pudo cumplir en su tierra natal Popayán.

“Cuando llegué a Girardot yo busqué en varias universidades pero eran muy caras; entonces, fui a preguntar a la Uniminuto y me pareció que el semestre era económico. Al principio me sentía mayor al lado de los estudiantes porque muchos en ese momento estaban recién salidos del colegio y yo con 34 años, ya parecía la mamá” (sic), narró Gaby al recordar sus inicios en el alma máter, cuando pensaba en el largo camino que le esperaba para cumplir su sueño de ser profesional, pues el sueldo mínimo que ganaba su esposo no era suficiente para pagar el semestre y cubrir las necesidades de la familia.

Poco a poco Gaby fue convirtiéndose en toda una inspiración para sus compañeros, era puntual y muy inteligente, debido a que se destacaba en todas sus clases y en repetidas ocasiones llegó a obtener promedios periódicos entre 4.4 y 4.6; sin embargo, no fue sino hasta el décimo semestre cuando por fin fue reconocida su excelencia con la beca total, empero por estar ad portas de graduarse le transfirieron ese dinero para el pago de sus derechos de grado. Ahora que finalizó sus estudios y está próxima a titularse, es cuando espera poner en práctica sus conocimientos al servicio de la sociedad como lo ha hecho desde hace dos años en su propia microempresa de servicios contables para pequeñas y medianas empresas.

“Para nosotros Gaby ha sido una inspiración, no sólo porque es madre, con dificultades económicas, sino porque cuenta con una energía inextinguible que la hace única y un punto de referencia a la hora de pensar en alguien fenomenal”, relató Adriana Gutiérrez, compañera de estudio, al recordar todos los sábados que pasaron sin poder almorzar y los esfuerzos para sacar sus estudios adelante. Ahora, Gaby tiene 40 años y a veces piensa en lo difícil que es el mundo laboral para las personas de más de treinta; por tal motivo, está convencida de que siendo ella una fuente de empleo va a cambiar ese paradigma de que las personas “mayores” están fuera de época.

De la discapacidad a la superación

Hasta este momento hemos querido omitir un importante detalle de la vida de Gaby y no porque ella sienta vergüenza sino porque queríamos mostrar a los lectores una razón más por la cual Gaby es la protagonista de esta crónica. Desde hace 7 años Gaby está perdiendo de manera progresiva la visión, que se torna nublada, ya que sufre de una condición denominada queratocono y su retina lentamente se ha ido deformando. Está en espera de un transplante de córnea; no obstante, sabe que es un trámite demorado y por ahora prefiere no pensar en las consecuencias de no conseguir un donante.

“Uno debe afrontar las cosas de la vida con la mayor tranquilidad posible y hacer lo que otros con más posibilidades no se atreven,(…) por ejemplo, para poder hacer trabajos en las aulas virtuales para mí al principio era muy difícil pero con el tiempo me fui adaptando y con un tamaño de letra bastante grande lograba leer los textos y hasta ayudar a mis compañeros en los trabajos, porque a veces no entendían”(sic), afirmó orgullosa ahora que ha logrado terminar su proceso académico como una excelente estudiante que nunca pidió ayuda a los profesores por ser “discapacitada”.

<<Gaby Cruz, una estudiante de Contaduría Pública que cuenta su historia de vida, no como lo haría alguien paupérrimo, sino como lo hacen los valientes>>.

El cuadro situacional de Gaby es sin duda un caso de éxito que demuestra cómo la inclusión es posible si la persona tiene ganas de salir adelante; a pesar de ello, las ganas no son suficientes, pues nos cuenta que en una ocasión se presentó a una entrevista de trabajo y a las pruebas correspondientes requeridas junto a personas, que no superaban los 25 años de edad, al final la persona que adelantó la prueba la felicitó porque había obtenido los resultados más destacados pero su edad no la hacía apta para la contratación. Esto la motivó a pensar en su propia empresa y convertirse en multiplicadora de experiencias positivas.

Por lo pronto, espera que le permitan dar su discurso en la ceremonia de graduación para agradecer a todas las personas que contribuyeron en el último lustro con su proceso personal. Finalmente, al preguntarle que cómo se ve en cinco años ella, dice: “Primero que todo, muy agradecida con Dios, con mi familia, mis hijos Mateo, Sofía y Alejandra. Estudiando y trabajando fuerte, no solamente para obtener riquezas sino para ayudar a otras personas que como yo ven la discapacidad como un reto que la vida nos dio para mostrar a aquéllos que se quejan por nada que sí es posible salir adelante” (sic).

Caricatura por: Mayra Delgado
Caricatura por: Mayra Delgado

Por: Mayra Delgado – María José Arango

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