Los jóvenes: la fuerza del pueblo

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¿Es menester de los jóvenes los asuntos políticos? La sociedad clama a las juventudes el inmiscuirse en los temas políticos y que, a su vez, los sientan propios, que conciban el dolor del pueblo, el lamento del que los necesita y sufrimiento de quien los padece. Esta nueva colectividad carece de compromiso y liderazgo; podría ser éste un grito desesperado a los líderes juveniles para que hagan parte activa de las decisiones del Gobierno, pues son importantes para el futuro de un pueblo. Bien lo decía Jaime Garzón: “Si ustedes, los jóvenes, no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlos. ¡Nadie!”.

En Colombia,  anteriormente, la mayoría de edad desde la perspectiva jurídica,  se alcanzaba los 21 años; pero a partir de 1975, se cifró a los 18 años. Lo que ha permitido la relación entre la política y los jóvenes iniciada a comienzos del siglo XX con los cambios en escenarios de participación, cuando fueron tomando vocería dentro de los partidos políticos tradicionales, tanto en  los periodos de los gobiernos liberales y conservadores, como asimismo, durante los acuerdos bipartidistas de altamanera en el poder propios del Frente Nacional.

En los contextos políticos, la fuerza del pueblo es la juventud, que emana justicia; esa misma que ha pagado su imposición a la idiosincrasia de una sociedad aún bárbara y transtornada.  La historia tiene memoria y sabe del miedo que causa la rebelión;  como también de aquella represión, salvaje para muchos y justa para otros, que genera. El 10 de mayo de 1957, cuando se oficializó la salida del poder de Gustavo Rojas Pinilla, como resultado del paro cívico generado en contra del Gobierno, el malestar público por la difícil situación económica era generalizado: intrépido, los primeros movilizados fueron los estudiantes universitarios, que se declararon en huelga y,  del mismo modo, la agitación estudiantil fue aumentando en varias ciudades del país.

“Hoy es la oportunidad perfecta, cuando la sociedad colombiana está llamando a líderes juveniles a retomar el liderazgo”.

En este sentido, la década de los años 60, fue un periodo de manipulación para las juventudes; sin embargo, el resultado no fue próspero: el paro y la huelga se convierten en armas mortales para el Estado, una forma de mostrar inconformidad con alguna política o una condición de demandar mejoras en algún sector. Posteriormente, surgen en 1958 las juntas de acción comunal (JAC),  con ocasión del Gobierno de Alberto Lleras Camargo: la ley 19 de 1958 establecía que estaban bajo la responsabilidad del Ministerio de Educación, a través de la División de Acción Comunal, que promovió como estrategia elemental, la constitución de la escuela como centro comunal para la participación directa de la comunidad.

En efecto, el llamado a los jóvenes a integrar las JAC fue acrecentándose para convertirlos en protagonistas del cambio social: ejecuten, gestionen y promuevan la construcción de infraestructura básica, el desarrollo educativo y el bienestar social, en relación con el Estado, para la satisfacción de necesidades primordiales y para el trámite de muchas de sus demandas. Como bien lo hacen líderes comunales de varios municipios para procurar un progreso integral, sostenible y sustentable con fundamento en el ejercicio de la democracia participativa.  Así lo recalcó Víctor Andrés Pinzón Mora, cabildante de Girardot  perteneciente al movimiento  independiente Tenemos Con Qué: “Hoy es la oportunidad perfecta, en donde la sociedad colombiana está llamando a líderes juveniles a retomar el liderazgo” (sic).

No obstante, el más importante componente de los sistemas políticos, en las llamadas estructuras locales del poder, no siempre es mecanismo para el intercambio de votos por favores o recursos; para el concejal participar plenamente en vida pública es “responder a esa confianza de las personas”.  A los 19 años empezó a liderar y a gestionar proyectos en beneficio de la comunidad del barrio El Triunfo, como lo expresó Ramón Suárez Serrano, habitante del sector: “Sin ser él concejal ayudó a traer la tubería de 52 pulgadas, pues todo el barrio se inundaba. Después, el salón comunal, el parque extremo y muchas otras cosas pequeñas, pero significativas” (sic).

Agrega el pensador Max  Weber que “quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o ‘al poder por el poder’, para gozar del sentimiento de prestigio que él le confiere”. Con la creación del movimiento independiente ‘Tenemos Con Qué’, Pinzón obtuvo un número significativo de votos, por lo cual espera responderle a su comunidad y a los girardoteños en particular. “En el Concejo se ha destacado de una manera eficiente. Busca el bienestar de toda la clase popular, marginada, de la gente más vulnerable, buscando recursos para la gente que realmente lo necesita” (sic), añadió Víctor Pinzón Ochoa, padre del edil.

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Por: Johana Cajamarca 

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