El miedo y su trascendencia Ideológica

Por: Juan Carlos Oviedo 

El ser humano es capaz de viajar por mundos extraños, conocidos y por conocer. Pero lo realmente admirable del hombre es cómo por medio de la cultura se identifica con cada comunidad. Y aquí los medios de comunicación constituyen una forma directa de llegar a la mente humana tan perdurable como los templos de mármol. Quiero aquí analizar este importante punto: ¿Cómo los medios de comunicación aterrorizan la ideología humana a través de sus mensajes?

El interés comunicativo del hombre, desde las cavernas y hasta nuestros días, lo ha hecho avanzar en un mundo plagado por signos. El hombre es un atleta del conocimiento que corre tras la información circulante; si algo teme el hombre es a su “analfabetismo”. Los medios de comunicación evolucionan y cada día son más complejos, se enmarañan entre los individuos y el ancho mundo: hoy los teléfonos celulares, la televisión por cable y la internet han acelerado las relaciones sociales y las han hecho más imprevisibles. Los medios han hecho del hombre un generador de lenguajes transformables de manera incesante. El mundo se convirtió en una esfera interactiva de información, máquinas y ciberespacio.

Cierta perspectiva relaciona la aparición de estas tecnologías con un momento histórico concreto de la humanidad: la revolución industrial.  Aquí se produce un desplazamiento de la idea de tecnología como innovación, al de efecto de las transformaciones o necesidades socio-culturales. Desde esta perspectiva histórica, analítica y filosófica, las transformaciones culturales que han producido las ciencias en el consumo, el desempeño laboral y los oficios creados por ellas; transformaron la producción. En este contexto histórico y social, los medios de comunicación ¿son los dispositivos de la manifestación? A mi modo de ver sí, pues son utilizados para intereses políticos, culturales y económicos.  Ahora bien, ¿la persona se deja manipular o hace un análisis entre líneas de la situación y no cae presa de los intereses mediáticos?  Es ahí cuando apunto: si no hay una cultura mediática, si no hay un análisis contextual; seguro se cae en el circo mediático que nos inventaron.

El afán de manipular crea estereotipos.  Se parte de que el hombre siempre busca una identidad propia que no está en él. Se trataría entonces de investigar la no presencia en la cultura mediática, en los códigos populares de percepción y reconocimiento, en la memoria narrativa y audiovisual de quienes son receptores: ¿qué hacen las clases populares con lo que ven? ¿cómo lo ven? ¿cómo lo asimilan? ¿cómo lo perciben?  Estas preguntas ubican el problema de la comunicación en otro nivel, ya no en los medios, sino en las mediaciones y modelos culturales. De los estudios de recepción y consumo mediático de los sectores populares planteados por Jesús Martín Barbero se desprenden otros estudios nutridos con varios aportes teóricos. Se suman a los de «prácticas culturales significativas» y otros, emanados de los estudios culturales británicos; además, de los aportes ideológicos de la inter-textualidad y los aportes de autores latinoamericanos como Néstor García Canclini.  Esa es, en principio, la base sobre la que en varios sentidos evolucionaron los estudios de recepción latinoamericanos.

Los medios de comunicación crean estereotipos y estos a su vez se agrupan. Un ejemplo de ello son las tribus urbanas (grupos conformados desde un conjunto de  ideologías asumidas): punkeros, rastas, emos, raperos, góticos, skin, floguers… Ya lo mencionaba Leibinz cuando se refirió al lenguaje como espejo de la mente humana: desde su perspectiva, un análisis de la significación de las palabras haría conocer las operaciones del entendimiento mejor que cualquier cosa.  No sólo lo que se aprende en el hogar constituye el cuerpo de la ideología; también el contexto social: el colegio, la ciudad, el país, y aquí aparece, además, el terror. Y éste incuba en los mecanismos mentales, en las imágenes, en las interpretaciones, en las decodificaciones.

En nuestra sociedad, los mensajes en formato audiovisual son los más consumidos.  Experiencia interesante es lo que están haciendo en algunas aulas escolares.  Allí la formación académica se inicia con los formatos audiovisuales. La línea que se pretender dar, es la de viajar por mundos extraños, conocidos y por  conocer, fortalecer  la psique para que los programas y producciones ayuden a la correcta interpretación.  Los maestros actúan como “intérpretes”, ofreciendo “múltiples realidades” y  formas de “diversa percepción” (Buckingham, 2004).

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