Más que un estilo de vida, son 22 años de disciplina y amor

La gloria futbolística del ‘Pollo Ronco’

Buenaventura, un paraíso tropical y punto de llegada de las increíbles ballenas yubartas, es también un lugar donde las oportunidades escasean y los sueños de los bonaverenses deben tomar vuelo a otro destino para poder hacerse realidad.

El domingo 4 de julio de 1971 nació en el puerto más importante sobre el Pacifico colombiano un niño que amaría desde temprana edad, uno de los deportes que mayor pasión genera en las personas. En el seno de una familia humilde llegó el segundo hijo de Belarnina y Baltazar. El nacimiento del pequeño no sólo trajo alegría, sino también preocupación e incertidumbre por el sustento de una familia que no carecía de lo básico pero tampoco ostentaba lujos.

Los primeros años del pequeño transcurrieron entre calles sin pavimento y balones improvisados que le permitían soñar despierto en días tan comunes como cuando su mamá tenía que estar cumpliendo las labores del hogar y su papá, trabajando en el puerto de Colombia. Aunque para él, el fútbol era una manera de esquivar las dificultades económicas que rondaban su casa, su familia, -en especial su abuela- lo veía como una pérdida de tiempo, debido a que no creía que fuera posible vivir de dicho deporte.

En 1981, Belarnina y Baltazar decidieron buscar nuevos horizontes para mejorar la calidad de vida de su familia que cada vez crecía más, pues ya no eran cuatro bocas por alimentar sino siete. Después de tanto pensarlo decidieron radicarse en la Sultana del Valle. A sus diez años de edad, el pequeño empezaba a materializar su ilusión, ya que encontró la oportunidad de entrenar en un club deportivo. Por su pasión dejó a un lado los estudios, puesto que tenía claro que lo suyo no eran las letras ni mucho menos los números.

De las calles a las canchas

Siete años después de su llegada a Cali, su esfuerzo y dedicación le abrían una pequeña ventana a lo que tal vez sería la mayor oportunidad de su vida. Fue así como el Club Deportivo El Vaquero, de Cali lo llevó a probarse en las inferiores del Club Deportivo Los Millonarios.Los preparativos para llegar a Bogotá no se hicieron esperar; sin embargo, su estadía en la capital se vio marcada por las necesidadesy las adversidades de vivir sin su familia y en un lugar donde carecía de lo básico.

Sus sacrificios se vieron recompensados en 1993 cuando debutó como jugador profesional en Millonarios con el número 23, su corazón vestido de azul y blanco: no, solamente, por cumplir su tan anhelado sueño, sino porque su familia y en general su pueblo bonaverense era hincha del equipo ´Embajador´. Con ese logro le demostró a su abuela y a todos aquéllos que jamás creyeron en él, que el fútbol le daría para sostenerse económicamente; además, la oportunidad de consolidarse como un jugador de talla internacional.

                                          < <Quien decide escoger el fútbol como estilo de vida debe tener claro                                                                                                que es un camino difícil  pero no imposible>>.         

El 20 de mayo de 1995, dos años después de haber debutado como profesional, llega a la vida del ´Pollo Ronco’, como era llamado por sus amigos, su primer y único hijo.  Para esta época ya había alcanzado parte de su sueño, el cual era pertenecer a un club profesional; no obstante, no había logrado consolidarse como uno de los mejores del país. La llegada de Juan Camilo no frenó sus sueños, por el contrario, fue un motor que lo impulsó a seguir adelante. Gracias a su buen desempeño en las canchas y a su labor como padre, hoy en día, Juan Camilo Rosero afirma que desea seguir los pasos de su papá y ser un ‘crack’ en el fútbol, porque él le demostró que aunque es un camino difícil, no es imposible.

El recorrido de este personaje, quien sin duda era uno de los mejores en su época, fue amplio, aunque su carrera profesional sólo duro diez años, tuvo la oportunidad de jugar en recocidos equipos como, la Asociación Deportiva Unión Magdalena, Trujillanos Fútbol, de Venezuela, Club Deportivo Atlético Huila y finalmente en Girardot Fútbol Club, en donde decidió retirarse de las canchas. Su carrera aparte de traerle glorias futbolísticas, también le regaló grandes amigos; caso de Jhairzinio Delgado, exjugador del rentado colombiano y amigo del ‘Pollo Ronco’ narró que al principio eran rivales en la cancha; pero todo cambió cuando el destino los unió en el Deportivo Huila, donde se forjó una sincera amistad hasta hoy.

Su retiro voluntario de las canchas como jugador fue en 2003 en Girardot, donde decidió culminar este ciclo y emprender otro como entrenador, inaugurando en 2005 la Escuela Florida Fútbol Club, en la que lleva un decenio entrenando a niños desde los tres años.  Martha Rodríguez, madre de un infante perteneciente a la escuela, aseguró que “el entrenador siempre está dispuesto a enseñar a los niños con paciencia y amor; asimismo, considero que eso es importante porque se ve reflejado en las canchas”. Actualmente, su escuela disputa el Campeonato Municipal de Fútbol en la categoría prebaby.

Después de cinco años de tener legalmente constituida su escuela de fútbol, llega a su vida la oportunidad de ser parte de la Corporación Universitaria Minuto de Dios y a partir de 2010 es instructor de la Selección de Fútbol Uniminuto. Desde que es la cabeza de este equipo han logrado posicionarse como uno de las mejores escuadras universitarias de la región. Édison Reyes, futbolista de la entidad, relató que “es un excelente profesional, entregado al deporte, en especial, al fútbol y una excelente persona; mejor entrenador no hemos podido tener”.

Quien decide escoger el fútbol como estilo de vida debe tener en mente que es un camino sinuoso más espléndido, muestra de ello es Rodolfo Rosero, protagonista de estas letras, quien narró que se vale seguir soñando, pues a pesar de haber alcanzado su meta de consolidarse como jugador profesional, hoy sigue soñando despierto y anhela ser entrenador de un equipo profesional, o mejor aún, que uno de sus pupilos llegue a la cúspide del fútbol… Sólo Dios y la vida sabrán que pasará…

Por: María José Arango  –  Mayra Alejandra Delgado

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