Inicia la restauración de un sueño

Huellas de un titán de hierro

Los rieles desviados –al igual que los dineros para su funcionamiento- son punto de partida para hablar con nostalgia y, a su vez, ver con ilusión la restauración de aquel prometido camino hacia el progreso y el éxito.

Foto tomada de la web

Enlazada por el río Magdalena y guiada por el progreso que llegó en los vagones del tren. Caracterizada por un ambiente que varía entre 30 a 35 ° C, Girardot, capital del Alto Magdalena (también llamada “El Patio de los ´rolos´” o “Ciudad de las Acacias”) comparte hoy su memoria histórica, no sólo con Nariño; Tocaima, Flandes, Coello, Ricaurte y la capital de Colombia, Bogotá- sino con el país y el continente Latinoaméricano -, según lo plantean investigaciones donde se evidencia que el río, el clima y la ubicación constituyen ventajas con las que la naturaleza dotó el municipio.

Identificado como principal puerto de Cundinamarca y con la iniciativa de establecer por política de Estado para el desarrollo y la comercialización, se tomó la firme decisión de comunicar las zonas más productivas del país con el río Magdalena para, de esta manera, tener acceso a los mercados internacionales. Luego de 1909, cuando se inauguró la ruta Bogotá-Girardot, “viajar en tren era todo un acontecimiento para la familia y los vecinos en general”, explicó con entusiasmo Hernando Lozano Mora, empresario ilustre de la ciudad, argumentando lo que significó el tren para la mayoría de girardoteños.

Al mismo tiempo, con su mirara en alto, un tono de voz pausado, Lozano expresó que “en ese entonces, papá vestía su traje de lino comprado a los turcos. Hacíamos fiesta, se mataba gallina y hasta fanfarronear con los amigos podía”. El tren salía tipo cinco de la mañana; pero a los niños como Lozano, los despertaban a las dos porque empezaba la gran hazaña. Dicha experiencia, se asemeja a Zora, “ciudad que no se borra de la mente (…), en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar”, en palabras de Ítalo Calvino, de su libro‘Ciudades Imaginadas’.

Escuchar hablar del ferrocarril hace pensar si todo tiempo pasado fue mejor. Se dice que “las personas visitaban Girardot para pasear en el tren (…) se veían felices, la zona del puente y la Casa de la Cultura era más prospera y segura” (sic), expresó Mábel Cardozo, comerciante del sector. Sin embargo, no es que el ayer haya sido mejor, se trata de cómo y qué se hace para que algo sea positivo y autosostenible. En este caso, a las administraciones locales de ese entonces les faltó gestión y pensar en prospectiva.

Lo que el tiempo se llevó

Sumados los intereses personales de algunos políticos y el auge del fenómeno capitalista de la época, cuando la llegada de tractomulas y tractocamiones poco a poco desplazó al‘caballo de acero’. Con un relato fuerte, tal vez producto de dos o más cervezas, Jorge Martínez, mecánico pensionado de la Ferroviaria, contó que “los ferrocarriles funcionaron bien hasta el año cincuenta y nueve, cuando ello era por concesión. Después, el Estado metió mano y eso se ‘putió’”. Haciendo alusión al momento en el cual la administración del tren pasó a llamarse Ferrocarriles Nacionales.

Los malos manejos no afectaron únicamente la infraestructura, sino también, a comerciantes y empleados vinculados al ‘servicio ferroviario´. En el sector del puente -lugar estratégico para recibir los visitantes- era más transitado, “se comercializaban sombreros y productos autóctonos del pueblo”, afirmó Raúl Camilo Angulo, vendedor de libros en la zona. Pese que el lugar es representativo para paseantes y nativos, hoy día “el tren está olvidado, acá hay más amigos de lo ajeno que policías”, dijo Angulo; resaltando que ninguna Administración local ha intentado revivir dicho atractivo turístico y, así, dar un valor agregado al municipio. 

A la fecha, los vagones del tren están abandonados, sus rieles desviados, hundidos y otros son inexistentes. Sin embargo, pensando en hacer de la región y el país más competitivo, la administración Santos ha invertido trece billones de pesos para revivir el ferrocarril, con el que entrarán en funcionamiento las redes existentes y en aras de dinamizar el transporte de carga y el de pasajeros. Ello, hace que los rieles desviados –al igual que los dineros para su funcionamiento- sean punto de partida para hablar con nostalgia y, a su vez, ver con ilusión la restauración de aquel camino hacia el progreso y el éxito.

» Ojála y la restauración del ferrocarril corriera por cuenta de otro país, pues en manos del nuestro estoy seguro de que no se ha de llevar a cabo nunca»: Jorge Martínez. 

Restauración incierta

En la ‘Ciudad de las Acacias´ se desconoce el porqué y para qué se habilitarán los antiguos rieles. Ello se presta para especulaciones erróneas respecto del tema; entre ellas, que se van a eliminar, que es para su venta o únicamente para «legalizar presupuesto público de Girardot». Y realmente hay motivos, porque al acudir a Planeación Municipal e Infraestructura, dichas entidades aseguran no poseer información del tema. Según ellos, porque eso lo está ejecutando el Instituto Nacional de Vías (INVÍAS). Tal vez, «poco y nada importa» llegar a ser epicentro del turismo y el desarrollo económico de la región.

Por otro lado, más allá de recordar con alegría, añoranza o enojo lo sucedido con el ‘Caballo de Acero’, es necesario conocer el trasfondo del asunto. Resulta inquietante ver la cantidad de recursos invertidos, saber si la ciudad está o no preparada para asumir el reto. Si bien, no hay información verídica por parte de los entes administrativos locales, peor aún, el Plan de Competitividad de la ciudad no es –posiblemente no será- tenido en cuenta. Lo que conllevaría a que esta recuperación sea hecha en vano, pues con el curso de los años se iría abajo de nuevo.

Mencionar la restauración de los ferrocarriles nacionales llena de incertidumbre y conmoción a los habitantes de antaño, quienes anhelan revivir aquellas calendas en las que viajar en tren era la dicha del pueblo. Pese a que no se tiene certeza lo que el gobierno Santos desea con esa iniciativa, los pobladores esperanla llegada del ‘Caballo de Acero’.No obstante, Armando García, historiador de la ciudad, destaca que “de restaurarse las vías no sólo se estaría rescatando la historia, sino también el patrimonio cultural de los girardoteños”.

Si bien, viajar sea ir en busca de la verdad, no de distinción; viajar, en su esencia, es querer saber, ver, comprender y acumular conocimiento. Entonces, más allá de una restauración, se debe tener en cuenta que las razones que generaron el retroceso en los resultados operacionales de los Ferrocarriles Nacionales -a partir de la década de 1950- fueron la preferencia de los pasajeros a desplazarse por las carreteras que acortaban considerablemente el viaje, la construcción de los aeropuertos y los exorbitantes recursos mal invertidos. Por ende, se debe apostar por recuperar la memoria histórica colectiva y construir lazos entre las comunidades.

Por: Karen Rodríguez-William Serrano

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