Girardot, entre el pasado y el presente

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La “Ciudad de las Acacias” era conocida, hace ya un siglo, como una de las localidades más importantes de la nación, por tener su puerto y manejar comercio fluvial con otros municipios aledaños hasta la costa Caribe y por su conexión con la capital del país. Tenía personajes influyentes y fue uno de los primeros centros urbanos en tener sucursales de los principales bancos como Bancolombia, ubicado en un palacio que hoy en día es un edificio descuidado. Además, tenía estación de ferrocarril, que conectaba a los demás departamentos con el centro del país.

Actualmente, Girardot ha perdido su trascendencia y su arquitectura republicana es escasa, pues ha sido reemplazada por construcciones modernas. Un ejemplo de ello, es el antiguo teatro Olympia que era una construcción que doblaba en tamaño de la Alcaldía, y tenía nutrida afluencia de turistas y residentes; ahora, ese lugar fue remodelado por sede del Banco Caja Social, perdiendo su relevancia como centro cultural. Lo mismo pasó con otros espacios de gran recordación, entre esos, la otra llamada  Plaza Sucre.

El Parque Sucre o Plaza Sucre, actualmente conocido como Parque Bolívar, fue nombrado así en el año 1970 por la alcaldesa Yolanda de Navarro, quien decidió cambiarle el nombre por una directriz nacional, que ordenaba a todos los municipios llamar a su parque más importante con el nombre del Libertador para rendirle homenaje, tal como lo aseguró Carlos Arturo Rodríguez, economista e historiador, “también colocaron una estatua en representación de él. Su anterior nombre era porque está ubicado en el barrio con el mismo nombre, en homenaje también al mariscal Antonio José de Sucre.”

Un historiador de la ciudad, Armando García Yepes, comentó que “el terreno donde se encuentra el hoy parque Bolívar fue una donación de un personaje de Girardot hacia principios de 1900, quien no sólo donó ese lugar sino también del predio donde funciona hoy la Secretaría de Salud”, por lo que la gente era más social y más desprendida de lo material. En ese entonces, el parque era un lugar polvoriento y con muchos árboles de veraneras. Para el centenario de la independencia construyeron un obelisco en 1950. En ese momento, Girardot era conocida como la “Ciudad Roja” y no por las acacias.

El parque, además, era una plaza de frondosa de naturaleza, había fuentes con peces. Después experimentó la pavimentación de sus callejones y la construcción de la Biblioteca del Banco de la República. Luego se empezó el proceso de modificar su estructura. Se talaron muchos árboles, tumbaron el obelisco, quitaron las fuentes y la tarima de espectáculos que estaba a disposición de todos para escenificar eventos públicos − contaba con baños y vestuarios − donde ahora se alquilan entarimados a eventos privados.

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Actualmente, bajo la dirección del alcalde Diego Escobar Guinea, el parque contaba con unas letras gigantes de plástico que formaban la palabra Girardot, pero fueron quemadas a inicios de este año en horas de la madrugada por vándalos. También están unas fuentes que nacen del suelo, pero que no funcionan hace más de seis meses, porque, según Armando García, los habitantes de calle la usan para bañarse y que se encuentran deterioradas por la realización de grandes eventos como el Reinado Nacional del Turismo que usan ese espacio para sus actos, los cuales reúnen por lo menos 10.000 espectadores en el parque.

Comparaciones

Desde que el parque fue remodelado hace más de 40 años, no ha tenido gran avance en su estructura ni en su atractivo, pues a pesar de ser un parque de 80×80 metros, no hace buen uso de su espacio y no cuenta con suficientes zonas verdes ni árboles. Si se compara a otros parques como el parque Bolívar de Medellín, el cual tiene el tamaño de dos manzanas distribuidas entre zonas verdes y pavimentadas además, de poseer una densa y variada arborización, con numerosas especies nativas. También, cuenta dentro de su mobiliario urbano, sillas, fuentes de agua, y esculturas.

Otro ejemplo sería el parque Bolívar de Bucaramanga, que también cuenta con zonas verdes y bancas alrededor de éstas. Tiene una estatua de dos metros de alta en homenaje a Simón Bolívar y es uno de los parques con más afluencia de turistas y de los más reconocidos de la ‘Ciudad Bonita. Incluso, la Plaza Bolívar de Bogotá, que tampoco cuenta con árboles ni atracciones, en épocas navideñas alberga uno de los mejores decorados y alumbrados del país. A diferencia de los mencionados parques , el Parque Bolívar de Girardot no cuenta con ninguno de sus atractivos, y en diciembre su decoración es insuficiente.

Esto debido a la mala gestión de la Alcaldía, que no invierte en arreglarlo ni siquiera para fin de año. Luis Alfonso Herrera, artesano del parque, propuso que “implementar un mejor servicio de aseo para mejorar el parque visualmente, y sembrar más árboles y flores, porque parece un secadero de café. Lo importante es arreglarlo.” (sic) Pensamientos como el de Herrera, motivaron a varias personas en formar un grupo en pro del arreglo y el cuidado del parque Bolívar, sin ayuda de la Alcaldía, y a través de proyectos como “Enamórate de Girardot”.

Enamórate de Girardot

Es una revista que surgió gracias a Nubia Díaz Galeano, una administradora de empresas, quien decidió iniciar en forma de campaña para que tanto pobladores como visitantes se enamoraran de Girardot y conocieran todo lo que la ciudad tiene para ofrecer. Para comenzar el proyecto, Díaz tuvo que investigar la historia de Girardot y así poder comparar e identificar los factores incidentes que una metamorfosis drástica en la localidad. Aunque la revista solamente ha tenido de tres ediciones, ha gozado de apreciable acogida por los girardoteños y empresas, tanto privadas como públicas .

Como ella misma aseguró, “antes Girardot contaba con un parque hermoso, lleno de árboles y una escultura de Simón Bolívar digna de visitar, y no esa que hay ahora que está haciendo equilibrio para no caer al suelo” (sic). También cuenta con un registro fotográfico que evidencia cuánto ha cambiado la ciudad en su infraestructura, no sólo en el parque principal, sino en espacios como las iglesias y la Alcaldía, que antiguamente era una edificación con arcos en la entrada, y junto al parque que se cuidaba, y mantenía aseada, como un atractivo turístico.

Por otro lado, Harold Mojica, residente de Girardot, también propuso que “al parque le faltan zonas verdes y una especie de parque infantil para que los niños vengan y disfruten de estos espacios, porque en el día permanece solo y se vuelve peligroso” (sic). Sin contar con el descuido en el que están las diferentes estatuas, empezando por las tres ubicadas en el parque: la ya nombrada en homenaje al Libertador, junto a la del general Benjamín Herrera y la de Rafael Uribe Uribe, las cuales exhiben condiciones deplorables y no se les da la importancia que deberían tener.

En Girardot se encuentra el segundo hotel más antiguo del país, el hotel San Germán, fundado en el año 1900, y el cual hace unos años tuvo una remodelación en su estructura, conservando un poco del estilo colonial que tenía originalmente. También, la iglesia San Miguel, una de las primeras en el municipio y que aún conserva su arquitectura original, está ubicada frente a la plaza de mercado − patrimonio arquitectónico nacional –, y cuenta, de paso con lo que antes era El Club Unión, que a diferencia del San Germán no fue remodelado sino restaurado, conservando casi en totalidad su estructura original.

Ahora lleva como nombre Hotel Unión y se posicionó rápidamente en uno de los hoteles locales más prestigiosos y costosos . Profesionales como Díaz Galeano , García Yepes y el profesor Rodríguez, buscan que por medio de la historia la gente conozca qué fue y qué debería ser Girardot: que se enamoren de su terruño y fomenten sentido de pertenencia para los niños y jóvenes girardoteños, que inculquen una identidad, enseñen a cuidar los espacios públicos y a cómo hacer uso de ellos, porque ya no conserva todos esos espacios e imanes turísticos tan valiosos, sino por el contrario deja que cada día se desvanezcan.

Lo que hay que hacer para recuperar el Parque Bolívar y demás lugares de la ciudad, es apoyar esas campañas pedagógicas e iniciativas de personas que realmente quieres recuperar la importancia que tenía Girardot hace 50 años. Volver a posicionarla como de las más importantes y tener sitios realmente dignos de mostrar no únicamente para algunos turistas que ven esta tierra como un balneario lleno de zancudos y sol, y también que el país que reconozca el valor arquitectónico, cultural y social que tuvo y debería tener por siempre la tórrida Girardot.

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Por: Angélica Valdés – Luisa Rodríguez

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