Escenario para el renacer de una comunidad

El templo del deporte y de los acontecimientos históricos

El barrio Centenario ha contado por más de 45 años con este monumento a la competencia en diversas disciplinas.

Foto tomada de la web

El deporte, la actividad física y la recreación  son sin duda una herramienta fundamental para la evolución de la sociedad; de allí, que sea un tema de primer orden para cada uno de los actores políticos y sociales de la ciudad. Es por eso que los aires de cambio que circulaban en ese entonces dentro el barrio Centenario, en especial por el coliseo y sus alrededores, agrandaban la expectativa de los habitantes que contaban los días para poder ver cristalizado el muy esperado anhelo de contar con un escenario deportivo amplio y moderno.

Como todo en la vida,  los grandes cambios exigen sacrificios iguales o mayores.  Además de la nostalgia que sentían por ver desaparecer a la última edificación sobreviviente del diseño original del coliseo Centenario de la década de los sesenta. El momento se avecinaba, grandes y chicos no veían el instante en jugar y divertirse en el renovado templo para el deporte;  hasta en la radio se escuchaban voces de esperanza que anunciaban la cercanía de la tan anhelada inauguración, en la que se esperaba la presencia del burgomaestre de la ciudad y sus ‘discípulos’ secretarios, que eran enaltecidos por tan atrayente obra.

Aunque gran parte de la comunidad estaba gozosa por el cambio en la construcción. Había otros lugareños que sabían que nada volvería a ser igual, es el caso de Emilce Moscoso, oriunda de la comarca, quien sosteniendo una taza de café recordaba en épocas pasadas cuando “el coliseo era la pasarela de jovencitas que soñaban con ser reinas del turismo y que, al tiempo, participaban en la elección de la Señorita Centenario para representar a dicho sector en la elección de “Miss Girardot”. Tanto ella como otros tantos, recuerdan el año 97 cuando su hija se llevó la corona de dicho certamen.

“La alegría y motivación que genera un espacio deportivo y recreativo en una localidad, es la más asombrosa comparación a la felicidad que sienten los niños,  jóvenes y adultos por tener un lugar de esparcimiento y libertad” (sic), relató Maruja de Perdomo.

Y ni hablar de las juntas comunales que se forjaban cuando se daban los inicios de la construcción del coliseo; esos viejos que querían concebir un progreso para el barrio, como doña Teresa de Romero, muy afamada ella por su elegancia y por las decisiones que tomaba para el beneficio del barrio, barrio que durante años fue uno de los más reconocidos de Girardot dada su extensa superficie y aún más por tener uno de los espacios deportivos más relevantes de la región.

Los recuerdos

Entre vecinos es la hora de dialogar en la tienda de la esquina del coliseo, donde la venta de agua, refrescos, gaseosas y demás bebidas refrescantes eran la hidratación requerida por todos al finalizar algún acontecimiento deportivo y cultural que se llevaba a cabo en el recinto, así lo hizo saber Camilo Guerrero joven deportista, cuando relata esas historias que le contaba su padre acerca de los campeonatos intercolegiados de la ciudad, donde por equipos hacían la famosa “vaca” para comprar gaseosas de tamaño familiar, con bolsas de agua para hacerla rendir para todos. “Qué épocas” (sic), rememoraba su padre.

Dicen que con el pasar del tiempo las cosas se van acabando, y más cuando no se valora lo que nos ha servido para desarrollarnos como comunidad; es así como al coliseo se le fueron terminando sus años mozos, por culpa de la delincuencia, el vandalismo y otras enfermedades que emanan de la sociedad: por la falta de oportunidades y espacios para los jóvenes que buscan en el libertinaje una puerta para huirle al compromiso con la vida. De esta manera, es como se fueron apagando esos momentos de esparcimiento entre los mismos vecinos.

Recuerdos y más recuerdos son los quedan en la memoria de la señora María Derly Sánchez de Perdomo, más conocida como ‘Maruja’.  Aquellas reuniones, bazares y fiestas en el coliseo que en su mayoría iban acompañadas de danzas y folclor, que nunca eran tradicionales ni propias de Girardot: las diferentes actividades se planeaban con antelación, gracias a un trabajo mancomunado, que se lograban sacar sin muchos recursos, ahora estas efemérides posan en los recuerdos de quienes admiraron y vivieron aquel tiempo, tiempo que ya pocos cuentan por falta de su existencia en lo terrenal.

La remodelación

Con el pasar de los años los ambientes del coliseo no mejoraban; por el contrario, aquel era más olvidado que cuando se olvida un amor que tanta alegría nos dio. La prensa se unió a evidenciar esas estructuras viejas y caídas que deshonraban la labor de toda una comunidad; hasta las administraciones municipales de ese entonces ignoraban el clamor y los reclamos de personas que estaban deseosos de ver el renacer del escenario, lugar que tantas alegrías les brindó por décadas.

Alfredo Perdomo Aguilar, considerado por sus vecinos como el fundador de la segunda etapa del barrio Centenario, fue quien más vivió la evolución del coliseo desde 1970 hasta la actualidad.  Pintando la fachada de su casa se acordó que un supuesto héroe llamado Coldeportes había llegado para administrar las llaves de la ya mencionada corona, lo que la gente esperaba era ver pronto un cambio en sus estructuras, cambio que nunca llegó y que, muy  al contrario, constituyó un momento crítico para el deporte, dado  que se cerraron las puertas de lo que quedaba en pie hasta nueva orden.

La gente se sintió despojada por la mala gestión de las administraciones, aun más cuando a sus espaldas iniciaron las labores de la construcción y posterior inauguración del nuevo coliseo sin tener en cuenta a la comunidad. “El alcalde ha cortado la cinta y los niños festejan de felicidad al ver el espectáculo deportivo inaugural”, decía Gabriel Nieto, coordinador de Deportes de la ciudad, agregando precisamente que en días pasados habían jugado un amistoso de baloncesto en dicho escenario en conmemoración de un aniversario más del templo del deporte y los acontecimientos históricos.

Por: Lesly Vásquez – Arnold Ricaurte 

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