“El artista nace y se hace”: Josehr Alehandru Romero

Los sueños esquivan balas y son el motor de la vida

Josehr Alehandru Romero, productor audiovisual, actor y director de teatro que busca dejar huella en los jóvenes del Tolima.

Nació el 28 de julio de 1978, en el municipio de Cunday Tolima, en una finca llamada La Esperanza. Vivió en el campo toda su infancia.

 Sus estudios de primaria fueron dentro de  la educación tradicional, donde un único profesor les enseñaba a todos los estudiantes de primaria; la secundaria la realizó con el Sistema Aprendizaje Tutorial  (SAT)  y el bachillerato académico en el colegio municipal La Aurora, hoy llamado colegio Técnico La Aurora. Posteriormente, se fue a estudiar actuación y realización de televisión. “Un líder nace y se forma”, es la frase que más recalca.

Danny Cubillos (D.C.): Cuéntenos de sus padres, de la familia ¿ nació en un hogar católico o cristiano? ¿Qué recuerda de su infancia?

Nací en un hogar cristiano. A los 17 años me independizo de mis padres, me voy solo a la ciudad; estudio  y aprendo un poco de cultura, a vivir con católicos y con otras creencias religiosas. Pero el nacer en un hogar cristiano me dio las creencias y los valores que tengo hoy, de ser un buen ciudadano. Lo más bonito de la infancia en el campo es la inmensa brecha que hay en favor de los jóvenes de las ciudades. Cuando llegué a la ciudad  veía que los muchachos parecían superdotados frente a lo que yo sabía de la vida: ellos manejaban autos, motos y computadores. Mi recuerdo más bello es la escuela; la sencillez y la humildad con la que un niño del campo puede asistir a ella, con sus botas de caucho o zapatos negros y montando a caballo (sic).

Liliana Rubio (L.R.): ¿Cuál fue el impulso más grande para irse a la cuidad?

Al graduarme, ya tenía claro que  quería estudiar cine y actuación. Quería ser diferente al común de las personas, ir más lejos, posicionar mi nombre, de hecho pido a mis padres que me permitan cambiar mi nombre José Israel Romero Pérez, y ellos me ayudaron, lo aceptaron y ahora me llamo Josehr Alehandru Romero Pérez. El nombre lo escogí por la historia de Alehandrus. Leía mucho, me encantaba la literatura: de cierta forma, en el campo se dedica más a la lectura que a la televisión. Yo quería un nombre que se pudiera proyectar, pero que no sonara americano o extranjero, pero que sí tuviera un sonido diferente. Hoy en día la decisión me hace muy feliz (sic).

D.C: Usted dice que siempre quiso ser actor y lo tuvo claro, según el tono de  sus palabras; pero, exactamente, ¿cómo nace esa vocación?

Yo tenía nueve años cuando Roberto Rodríguez, mi profesor de primaria, montó una obra llamada ‘Jacinto y Jacinta’, obras de escuela, que son muy diferentes al llegar a estudiar profesionalmente el teatro. Era una comedia popular de vereda y de allí empecé a participar en todo lo que tenía que ver con actuación. Más allá de pensar en ser famoso, me gustaba que la gente se reía y se divertía mucho con lo que yo hacía. En el colegio organicé  todas las presentaciones para cada izada de bandera. No tenía ni idea que de esto se podía vivir. Más adelante, entendí lo que significaba (sic).

El sueño de un particular niño campesino

L.R.: ¿Cree que ser campesino le ayudó a definir su carrera y a fortalecer su amor por la actuación?

Estudiar actuación se volvió mi sueño campesino (risas). Como el ‘sueño Americano’ de muchos: el mío era en Bogotá haciendo mis primeros pinos en televisión. Al contarle a los demás se reían, me llamaban el ‘actor de vereda’. Pero, yo tenía claro que lo iba a lograr. Después de estudiar y prepararme tanto, entendí que no es la fama, sino llegar a realizar importantes productos que los vea mucha gente, no solo de aquí, sino de todo el mundo y que sean ejemplo. La actuación más que dramatizar es un juego de comunicación (sic).

D.C.:  ¿Hubo apoyo por parte de la familia?

El apoyo es  ‘haz lo que te haga sentir bien’.  Mis padres mencionaban que estudiara algo serio, que ganara plata; ellos no creían en la actuación. Campesinos de toda la vida, no le tenían fe al oficio. De hecho, actualmente, mi mamá no cree que salga en televisión. El apoyo existió porque nunca nos impusieron hacer algo que ellos quisieran; sin embargo, dudaban de la carrera que escogimos: mi hermano también se dedicó al teatro.

El conflicto armado marcó su vida

Los grupos al margen de la ley sobreviven escondidos y aprovechándose de gente como los campesinos que, a diario, tienen que estar en medio  de la guerra, extorsiones y asesinatos. Donde los niños, a veces por falta de educación, solo contemplan la opción de ingresar a las filas de la guerrilla y ser parte de ese conflicto.

 L.R.: ¿Cómo aparta usted siendo tan solo un niño la violencia que se vive en el campo y decide hacer algo diferente?

Entre los años 1990 y 1993 llega el conflicto armado a la vereda por primera vez. Se presenta las FARC y el frente 25, llamado “Armando Ríos” , en cabeza del comandante “Tito”; cuando empiezan una serie de aventuras, que hoy para mí y mi  familia no son buenos recuerdos: sobre todo, porque mi padre era un líder comunal, fue concejal del municipio, y el no estar de acuerdo con esos ideologías lo convirtieron en un objetivo no grato para ellos. Queriendo evitar que él terminara  asesinado o desaparecido, nos fuimos (sic).

D.C.:¿Cómo afrontaron ese cambio tan drástico y doloroso?

Dios nos dio la oportunidad y salimos de allá. La violencia hizo parte de mi familia; por eso mismo, mi padre nunca volvió al campo. Hoy nos queda el recuerdo de lo fue una infancia cerca del conflicto y la ilusión de que la situación cambie para toda la gente que lleva la comida a las grandes ciudades. Estuve en la realidad del conflicto y es una vivencia que deseo que no le toque a más niños y familias completas (sic).

L.R.: ¿Entre sus obras hay alguna que represente el conflicto y que deje  un mensaje que la gente logre entender?

Sí, está “El Patriota”. En nuestra página de Facebook de Teatro Colombia, encuentran las fotos. De hecho, ésta obra fue inspirada de los años  cincuenta en adelante. Hasta el momento esta es la historia inspirada en mi vida; de lo pasado, que era el dolor, el sacrificio de las personas que viven en medio de un conflicto que no les corresponde, entre derecha izquierda, liberales y conservadores. Lo que tiene que pasar la gente del pueblo; a ellos no les corresponde estar en el medio, solo que les tocó vivir así y precisamente la obra está inspirada en ello (sic).

D.C.: ¿Se encuentran amigos en el mundo de la actuación?

Amigos no es la palabra, más bien compañeros. Los amigos son los que cuentan conmigo en cualquier situación de la vida, a los que les abro la puerta a cualquier hora y que tienen lo mismo para mí. En esta vida, hay compañeros de trabajo, de ideas, de lucha; pero más allá de eso cada uno tiene sus propios intereses, ilusiones de ganancia y como compañeros, nos vemos como competencia. Si somos realizadores hay exigencia: en el medio cada uno busca sus sueños y detrás de los objetivos no hay amigos. En este medio se trabaja fuerte para lograr los objetivos y no se puede esperar nada de nadie (sic).

L.R.: ¿Se considera una persona resistente a la fatiga, al estrés, a las críticas ajenas, a la frustración, al fracaso?

Considero que sí, la misma vida lo va enseñando a uno. En estos quince años de lucha, como gestor cultural, como alguien que quiere ver más allá de ser simple actor de teatro y ver una empresa que  puede dar alegría a muchas personas.  Me he vuelto resistente debido a los fracasos, a la cantidad de veces que me he caído y decido volver a intentarlo, porque el éxito se forja en un 70% de los errores y las caídas y el 30% en aciertos. Hay que tener suficientes errores y caídas para llegar al éxito, la clave está en ser persistente; no importa si la gente creo o no en uno (sic).

D.C.: ¿Qué es lo más difícil de su trabajo? Hasta el momento ¿cuál es la anécdota que haya partido su historia en dos?

De pronto, nunca quise que se dividiera tanto mi vida en lo que fue la infancia y lo que es hoy ser adulto. Siempre quise tener el campo conectado a mi vida y el llegar a la ciudad significa dos tiempos en mi vida; sin embargo, esto me hace sentir un ser humano más completo, pues hice escuela en los dos. No obstante, mis proyectos de vida hoy los desarrollo en la ciudad. Entonces puedo hablar libremente de lo que pasa en los dos campos. Parte mi historia en la vida, el hecho de que mis padres se vieran obligados de la noche a la mañana a irse a buscar una vida nueva en la ciudad, sin tener idea (sic)

 L.R.: ¿De qué rasgo o aspecto de su personalidad se siente más orgulloso? Y ¿de cuál menos?

Pienso que la persistencia me hace sentir bien, a pesar de que la gente hable y diga, y critique. Ejemplo: Cuando realizo eventos grandes y hay que conseguir dinero, lo consigo con todos los esfuerzos; sin embargo, la gente va, se divierte: pero no saben que tras de cada telón hay mucha persistencia. Cada día me levanto trabajando para lograr lo que quiero. No me gusta que como artista soy muy sensible y me afecta mucho la doble moral de las personas, que trabajen con uno por un interés y que sea lo único que los mueve, y no vean más: que ahí hay una persona que siente y que tiene sueños (sic).

Y como empresario, crea la Fundación Teatro Colombia:

Nace con la idea de generar oportunidades para los artistas y se entienda que el artista debe ser remunerado, que no vive de limosnas, que todos los días trabaja para sostener una familia, pagar arriendo, también se enferma,  necesita cubrir sus necesidades básicas y conseguir propiedades, como todos en la vida. Pero la gente cree que ser artista es sinónimo de andar mendigando. Ejemplo: Para un evento se le pide, “ven participas y te damos algo, y de paso te das a conocer”,  es la frase de cajón para no pagar su trabajo como es. El día que el artista ya es reconocido, le siguen proponiendo lo mismo y cuando indica que merece un pago mejor, entonces ya no lo contratan porque mencionan que se ‘creció’.

Y ¿Sus proyectos sociales?

“Calle Arriba” es una miniserie, un cortometraje de 20 minutos, con jóvenes que están en posible riesgo de conflicto. También se realiza como prevención del delito, de la prostitución, alcoholismo, del consumo de drogas, embarazo a temprana edad, del niño trabajador y esos temas que hoy afectan a la juventud, fueron los que se llevaron a la pantalla en esta serie. El arte de comunicar es precisamente la herramienta principal que tenemos en estos medios para llevar un mensaje, que sea perfecto y que llegue a donde es. En esta ocasión se pensó en una serie de televisión hecha con jóvenes de colegio, se les pidió que contaran sus vivencias en las regiones, municipios y la ciudad mayor que fue Ibagué. Al proyecto se llegó mediante una licitación, nos presentamos y pasamos una serie de requisitos que finalmente nos permitieron presentar un buen producto y, lo más importante, se mostró una realidad que no es ajena y que los padres deben tener en cuenta (sic).

Por: Danny Cubillos

        Liliana Rubio

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