Comunicación para el desarrollo: emisora comunitaria, participación ciudadana y empoderamiento

Editorial

Por: María Teresa Rodríguez Pardo.

Dada la naturaleza social de este proyecto, cuyo sentido se niega a la máxima que reza que sólo lo científico es lo que se  puede cuantificar y que lo que no es científico no es objetivo – lo que limita el análisis social adecuado – se aplica mejor cuando las necesidades requieren de autocrítica y de propuestas que promocionen respuestas patentes y urgentes a las demandas sociales.

Dentro de su sentido pedagógico es necesario mencionar que de acuerdo con los planes de área y estándares establecidos por el Ministerio de Educación Nacional, se tiene como propósito el manejo propio de los conocimientos en Ciencias Sociales clasificados en tres grandes componentes. En primer lugar, relaciones con la ciencia y la cultura: en las que se presentan los nexos con el pasado y las culturas, de modo que el estudiante pueda ubicarse en los distintos momentos, en la diversidad de puntos de vista desde los que se han construido las sociedades, en los tipos de conflicto y los tipos de saberes construidos.

Como segunda medida, las relaciones espaciales y ambientales: que preparan al estudiante para entender las diferentes formas de organización y de relaciones humanas que establecen las sociedades con el entorno natural y económico en pos de vivir y desarrollarse. Y el último estándar, las relaciones ético – políticas, en donde se busca fortalecer la identidad y el pluralismo como conceptos fundamentales para aprender, comprender y asumir el estudio de las instituciones y organizaciones sociales y políticas.  Teniendo como derrotero estos parámetros y con el fin de poderlos desarrollar debidamente en la práctica de la enseñanza se hace necesario enlazarse con una técnica de investigación; en este caso, se consideró pertinente la Investigación Acción Participativa (IAP).

En oposición a todo esto, la IAP crea condiciones para un análisis profundo que rescate elementos valiosos de la cultura popular, no sólo con la intención de conservarlos, sino también de crear formas propias de acción que expresen valores y opciones políticas de desarrollo. Su nacimiento data en los años sesenta y está ligada a la educación de adultos. Un ejemplo clave en donde se evidencia sus grandes resultados es en Brasil, con Paulo Freire, el cual inició prácticas de educación popular como procesos dialógicos y dialécticos que partían de la realidad concreta de aprender y reflexionar sobre ella; en donde educando y educador hacían parte del mismo modelo en el que todos podían aprender y el aprendizaje estaba integrado a la vida cotidiana del pueblo, a la toma de conciencia de su condición y a la posibilidad de integrarse a un proceso de cambio.

De igual modo, dicha técnica permite que el investigador  comparta una relación mayéutica  en la que el educador- investigador se acepta y se asume a su vez como educando, ofreciendo sus conocimientos y aprendiendo en la práctica el saber que le pueden brindar los otros –incluida la necesidad de pluralizar el conocimiento-, lo que se refiere a que el conocimiento se pueda ofrecer mediante la participación colectiva que intrínsecamente significa una toma de poder y un aprendizaje para la democracia, puesto que sin información y participación no hay tal; aparte de que la participación abarca el respeto por la diferencia y la diversidad, y  la descentralización del poder.

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