¿Uniminuto está preparada para una emergencia?

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Todas las empresas en su ánimo de establecer un apropiado ambiente en el trabajo deben mejorar las condiciones laborales. Tales  actividades deberán basarse en las circunstancias y las prácticas nacionales. Es responsabilidad de las organizaciones cumplir con los requisitos y procedimientos para un plan de prevención en todos los órdenes. Por esta razón, la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST)  protege la sanidad de los laborantes mediante la prevención y el control de enfermedades y accidentes, y elimina los factores de riesgo. Ello logra un equilibrio sano y seguro entre el entorno y el estado  físico, mental y social de los trabajadores.

Las compañías deben preparar al personal en caso de una emergencia para saber cómo actuar y así lograr mantenerse a salvo y ayudar a los demás. Más allá de la obligación de las entidades es una cuestión de compromiso e iniciativa conocer acerca del tema. En la Corporación Universitaria Minuto de Dios, sede Girardot, desde hace dos años y medio se ha desarrollado un plan de prevención que consiste en informar qué se debe hacer y cómo proceder adecuadamente ante alguna eventualidad de desastre.

Se está velando por el bienestar de todas las personas que pertenecen a la corporación; empero, el interés de algunos docentes y estudiantes no ha sido el esperado. La actitud de muchos es  apática ante las instrucciones o, en su defecto, respecto de  los simulacros realizados por parte de los brigadistas de la planta educativa. No es la primera vez que se realizan actividades que tienen como objetivo verificar qué tan preparados están todos en la universidad para actuar ante una emergencia de tal magnitud.

Los brigadistas son algunos funcionarios de Uniminuto que se alistan en temas de primeros auxilios y normas de seguridad, ayudan a dirigir la gente por las rutas de evacuación y controlan la situación para mantener la tranquilidad y lograr solventar la eventual emergencia. Al respecto,  el auxiliar de Biblioteca, Jiovanny Alfonso, explicó  que “la Administradora de Riesgos Laborales (ARL SURA)  nos ha capacitado cada dos meses durante cinco horas sobre0 cómo resolver posibles situaciones que se puedan presentar en la universidad y en cualquier lugar” (sic).

Los planes de prevención son la mejor estrategia para mitigar las consecuencias que dejan los casos de urgencia. Los simulacros prueban la eficacia del procedimiento  y la capacidad de atención y solución de los integrantes si se llegara a presentar un desastre. Lucía García, analista de Gestión Humana, comentó que “se basan en procesos de macroseguridad, salud en el trabajo y medio ambiente; apoyados por todos los miembros de la institución, se realizan dos pruebas por año. Nos estamos preparando para lograr la cobertura de las dos jornadas; aumentaremos el número de brigadistas y difundiremos más información” (sic).

Infortunadamente,  no  todas las personas se interesan por informarse totalmente sobre los comportamientos asumibles en las aludidas circunstancias. No asisten a las reuniones que pretenden transmitir este tipo de conocimientos, no leen las publicaciones, carteleras ni informes en la zona de comunicaciones. Sin embargo, el día que se realiza un simulacro pretenden saber qué hacer, cuando realmente la inseguridad, la incertidumbre y el pánico los invade por completo y se paralizan. Es cuestión de actuar adecuadamente, protegerse de cualquier riesgo sin intentar afectar el bienestar de los demás; mejor aún, ayudarlos si es del caso.

Según Alexandra Doncell, auxiliar de Enfermería en Uniminuto, “la importancia de los simulacros es poder poner en práctica todo lo aprendido y estar preparados para cualquier eventualidad. Contamos con once brigadistas capacitados para ayudar a resolver los riesgos de diferentes desastres. En el último simulacro, el personal de apoyo estaba muy dispuesto; pero los profesores y alumnos casi  no colaboraron. Simplemente, piensan que es un juego y no intervienen adecuadamente: en el momento de evacuar utilizaron el ascensor; todo esto demuestra que no saben y no tienen la voluntad de aprender” (sic).

Algunos pasos que se deben seguir al presentarse una simulación evacuatoria  consisten en  abandonar lo que se esté haciendo al oír la alarma, escuchar atentamente las instrucciones de los brigadistas, observar bien las señales, no gritar o empujar ni correr, no devolverse; entre otras indicaciones. En el ejercicio realizado el 21 de octubre  en Uniminuto – Girardot, todo transcurrió tranquilamente. Los presentes desalojaron el lugar y se concentraron en la cancha deportiva del claustro. A pesar de la poca voluntad de los alumnos, se logró desarrollar la actividad, explicar algunos de los riesgos e informar el accionar en estos casos.

Ventajas y desventajas del simulacro

Con tal operación se pudo lograr conocer las fortalezas y debilidades de  los   participantes. Positivamente, se vio la preparación del grupo de ayuda en casos de leve calada. Sin embargo, se debe mejorar ante potenciales desastres de gran magnitud. Se notó la falta de cultura de protección civil por parte de los estudiantes, que se debe corregir con el fin de estar bien entrenados para actuar debidamente en caso tal. Con los simulacros se logra observar las deficiencias y generar el cambio, es decir, detectar fallas y así lograr mejorar el plan de evacuación.

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Claramente, todos los elementos o equipos deben ser probados en los simulacros para asegurar su funcionamiento en verdaderas urgencias, entre ellos, alarmas, máscaras, herramientas,  señales y avisos instalados. Lo que a los universitarios de Uniminuto parece no importarles, pues -para sorpresa de los brigadistas- algunos de los extintores de la universidad estaban abiertos y no servían para contrarrestar una posible catástrofe. En toda organización se debe tener un respeto por las personas y los utensilios que se encuentran en los diversos espacios. Es responsabilidad de todos y cada uno cuidar y preservar los elementos que la integran.

La docente de Proyectos Educativos Luisa Saray, quien estuvo presente en la simulación, expresó que “me sentí sorprendida, porque no sabía de qué se trataba la actividad. Cogí mis objetos personales y escuché claramente que debíamos evacuar; fue cuando entendí que era un simulacro. Salimos por las escaleras, calmadamente. Me di cuenta de que algunos estudiantes tomaron en chiste el ejercicio, aunque el personal logró su cometido al reunirnos en el punto de encuentro y explicarnos su importancia. Creo que debe haber una mayor sensibilización con el cuerpo estudiantil” (sic).

Planes de emergencia

La existencia de una amenaza implica la presencia de un fenómeno que puede ocasionar daños físicos y sociales en un lugar determinado. Por eso, se debe elaborar un plan previo de previsión de peligros que se puedan presentar, los posibles asistentes, la cantidad de problemas y de soluciones potenciales.Para esto, existen las aseguradoras de riesgos, entes que buscan proteger la vida de las personas mediante instrucción a colaboradores, equipos de ayuda, herramientas factibles y el fomento de una cultura civil. Así se genera estabilidad mental, física, aumento de conocimientos y de conciencia en caso de presentarse una  catástrofe.

Es importante destacar que si en los montajes simulatorios proceden personas que no tienen conocimiento de los mismos, pueden provocar consecuencias negativas. A todos los participantes se les debe enterar a cerca de la posibilidad que existe de realizarlos, para desarrollar  condiciones mucho más cercanas a la realidad. A lo que Paula Cruz, estudiante de Trabajo Social, comentó que “no tenía conocimiento del simulacro. No conozco las rutas de evacuación, pues las señales están puestas en las paredes; pero no nos tomamos el tiempo de mirarlas y de estar más informados” (sic).

Dichas actividades no son tomadas en serio por gran parte del estudiantado. En el caso de Uniminuto, a pesar de que existieron los requisitos para adelantar con dinamismo el evento, no se cumplieron las expectativas. “Si se realizaran más seguido, tal vez lo tomaríamos con seriedad y estaríamos más dispuestos a participar y aprender sobre esto”, añadió Cruz. Lo que se pretende con todo el proceso es crear una actitud de supervivencia apropiada en momentos de angustia y presión al enfrentar una emergencia.

Ahora bien, ojalá no suceda como con el ‘pastorcito mentiroso’, quien con cada intento de advertir lo que estaba sucediendo, todos le creyeron y cuando resultó ser verdad nadie le dio crédito. Es mejor participar de cada simulación y así obtener los conocimientos suficientes para estar completamente preparados y saber actuar en una emergencia o desastre. Vale la pena informarse, puesto que conocer de un tema nuevo no está de más. Promover la cultura de prevención reduce los riesgos de manera  fácil.

Por: Liliana Rubio

        Younly Hernández

        Danny Cubillos

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