Un líder social

Sentenciado por defender los derechos laborales

Trabajo que constituye una organización social y política con trece años de servicio.

“Ha llegado el momento de que el pueblo flamenco diga no más a los falsos testimonios y no se deje engañar más”, menciona Juan Pablo Suárez Medina, candidato a la Alcaldía de Flandes, mientras contó la historia de su de su padre Juan Antonio Suárez Montaño. 

Mirando el horizonte con una luz de esperanza, sigue luchando por la salida y recuperación de los recursos humanos que Juan Antonio constituyó. Desde la iniciativa para ser concejal del municipio participó en las elecciones del año 2001 cuando logró convertirse en presidente del Concejo. Ayudó al Consejo de Juventudes a tener un lugar de reunión, brindándoles un espacio en el recinto del Concejo Municipal: el alcalde de turno prohibió la presencia de estos jóvenes en el lugar, lo que generó la idea de conseguir y organizar un espacio que no solo fuera para encuentros de las nuevas generaciones, sino también, como punto de encuentro de todos los flamencos.

Villa Magdalena, un hogar para muchos

Villa Magdalena, como fue llamada la sede que desde ese momento, 2002, se convirtió en el segundo hogar para muchos flamencos; esa casa, donde, además, de ser el punto de concentración política, también, “se convirtió en el lugar donde encontrábamos a un padre que velaba y aún vela por nuestras necesidades; el lugar donde podemos llegar y encontrar en las mañanas un café y un pan, y en las tardes un almuerzo digno, como nos enseñó Juan Antonio”(sic), manifiesta Agustín Gutiérrez, habitante del municipio.

En la vida hay situaciones que nos enseñan lecciones que nunca olvidamos, pero en este caso “existe una persona que nos ha enseñado a servir y a trabajar humilde y honestamente por nuestra comunidad, por los más necesitados, por aquél que no tiene para un medicamento, por aquél que tiene más necesidades que uno mismo”, es lo que expresa José Monsalve, un joven que desde que tenía 17 años fue invitado a hacer parte del Consejo de Juventudes e integrado a la Organización Social Villa Magdalena, aprendiendo a trabajar para el pueblo.

Estrategias para un pueblo con desarrollo social

¿Ser alcalde y ayudar a su pueblo será posible? Nunca lo dudó. Para el periodo 2003 – 2005 fue electo como burgomaestre municipal, tras obtener la votación más alta en la historia del municipio y que aún no ha sido superada, confirmatoria toda la confianza que la población estaba depositando en él. Trabajando siempre por ver crecer el municipio, porque los más necesitados tuvieran satisfechas sus necesidades básicas y la oportunidad laboral en las únicas fuentes de empleo: la Alcaldía Municipal y la Empresa de Servicios Públicos de Flandes (ESPUFLAN), serían las instituciones públicas que mitigarían el desempleo.

Siendo alcalde brindó empleo a los profesionales y habitantes del municipio, a las madres cabeza de hogar las empleó en ESPUFLAN como aseadoras y barrenderas; además, como cocineras de los restaurantes escolares y comunitarios, llamándolas las ‘hormiguitas trabajadoras’ gracias al trabajo que realizaban diariamente. A otros les permitía laborar como prestadores de servicios. A los comerciantes y empresarios del municipio era a los que siempre tenía en cuenta para que participaran en licitaciones públicas, siempre estuvo primero el habitante e hijo del municipio.

Él siempre estaba pensando en el pueblo, “cuando conocí a Juan Antonio, me sentí muy respaldado, ya que me dio una oportunidad de trabajar en la plaza de toros para las primeras fiestas que él realizó como alcalde. Eso para mí fue muy especial, porque yo no tenía nada más qué hacer, sino estar en la calle haciendo cosas indebidas: enseñándome la importancia del trabajo y lo bien que se siente actuar con humildad y esfuerzo, sin hacerle daño a los demás” (sic), es lo que narra Jhon Jairo Díaz, habitante de Flandes e integrante de la Organización Villa Magdalena.

Su presente

En 2004, en uno de los pagos realizados a los prestadores de servicios de la Alcaldía, a un asesor se le olvidó hacer cuatro contratos de cuatro personas que estuvieron trabajando durante un mes, y Juan Antonio, respetando los derechos de una remuneración digna y adecuada, decidió reconocerles el trabajo a través de un acto administrativo, y que, por ende, autorizaba que se les pagara.

Por reivindicar tales derechos salariales mediante resolución y por no haber realizado un contrato, condujo a que entes judiciales le abrieran investigación, le siguieron audiencias de juicio y determinaron una responsabilidad judicial a Juan Antonio Suárez. No fue por malgastar recursos, no fue por dejar una obra sin terminar, no fue por prevaricato; sino por un acto de defensa de  derechos laborales, afín con su ideario sindicalista.

La sentencia

Cuando en 2005 inició el proceso en contra de Juan Antonio Suaréz, nunca se pensó que fuera a llegar a una sentencia. Diez años duró el proceso que pasó por la Fiscalía, el Juzgado penal del Espinal, el Tribunal administrativo de Ibagué y donde misteriosamente en la última instancia, la sala de casación de la Corte Suprema de Justicia, a tan sólo tres días de prescribir el proceso -es decir, quedar sin ningún efecto jurídico-, se tomó la decisión de confirmar la sentencia como lo había proferido el juez de El Espinal, condenando a Juan Antonio Suárez.

El amor por su pueblo lo tiene en la lucha

Ahora, lo que queda es seguir luchando para sacar adelante el municipio y defender los derechos de todos los ciudadanos. “Lo importante es que prevalezca una organización dispuesta a velar por los intereses del pueblo, dispuesta a trabajar por los más necesitados. Además, hay un pueblo que guarda una esperanza de que ese líder, como lo es Juan Antonio Suárez Montaño, vuelva a estar reunido con los hermanos y hermanas de Flandes” (sic). Concluyó Juan Pablo Suárez Medina.

Por: Lesly Vásquez-Arnold Ricaurte

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