La pereza mental

Por Diego Mario Suárez Rossi

Cuando comenzamos a estudiar una carrera, lo hacemos con el entusiasmo propio del principiante, con la curiosidad de descubrir un nuevo ambiente, unos nuevos amigos, unos nuevos temas, diferentes a los que hemos tratado en el colegio. Esto es natural en el ser humano, cuando se trata de algo nuevo, de iniciar una nueva actividad. Así, cuando me ha correspondido dictarle alguna asignatura a los estudiantes de primer semestre, les he notado el entusiasmo con que llegan a sus primeras clases universitarias.

Más adelante, cuando llegan a los semestres intermedios de su carrera, se encuentra uno como docente, conque han perdido ese entusiasmo inicial y ya no le entregan a las asignaturas todo el esfuerzo con el que deberían enfrentarlas. Si se les deja un trabajo, qué mejor para ellos que copiarlo del compañero que sí se esforzó haciéndolo; si se les va a hacer un qüist, lo primero que escucha uno es una exclamación de negación; si se les solicita que analicen un ejercicio o un tema, más se ha demorado uno en presentárselo que ellos en estarle indicando que no entienden tal o cual cosa.

No es extraño para quienes nos dedicamos a esta labor tan importante como lo es la enseñanza, que cuando revisamos los trabajos que les dejamos a nuestros alumnos, siempre encontramos que la mayoría de ellos son casi iguales, pues muchos estudiantes utilizan su cerebro para buscar cómo engañar al docente, cambiando de lugar, por ejemplo, los párrafos de un escrito desarrollado por otro estudiante, convencidos de que el docente no se toma la molestia de revisarlos completamente. Su objetivo primordial es el de obtener una buena nota que, en última instancia, no debiera ser lo más importante, pues lo más importante debiera ser el aprendizaje.

Pero, ¿a qué se debe esto? La respuesta que yo le doy es que los estudiantes, cuando ha pasado ese entusiasmo inicial, se enferman de lo que he llamado “pereza mental”. Cuando el estudiante deja de analizar, cuando deja de buscar soluciones válidas a su aprendizaje por sus propios medios, no lo hace porque no tenga la capacidad de encontrar por sí mismo esas soluciones, sino más bien porque le da pereza pensar y entonces busca las soluciones más fáciles, cuales son el preguntarle al profesor sin antes haber analizado o, simplemente, copiarle al compañero de al lado, sin importarle que lo que éste haya escrito o dicho, esté bien o mal.

En muchas ocasiones, la culpa de que esto suceda la tenemos nosotros los docentes, pues en la generalidad de los casos les solucionamos a los estudiantes las dudas que se les presentan, sin permitirles o sin conducirlos a que piensen y encuentren una solución adecuada a su inquietud, para, posteriormente, analizarla conjuntamente y, si es el caso, corregirles, ahí sí, los errores que puedan tener. Esta debe ser una metodología que implantemos nosotros como responsables del proceso de enseñanza aprendizaje, en el cual estamos inmersos tanto docentes como estudiantes.

Siendo la intención de UNIMINUTO, la de entregar profesionales con la suficiente capacidad para cambiar los rumbos de nuestro país, somos nosotros los docentes quienes estamos en el deber de cambiar la mentalidad de los estudiantes, conduciéndolos a que utilicen su capacidad de aprendizaje al máximo posible, pues el conocimiento que ellos tengan en su cerebro será lo que permitirá un mayor y mejor desarrollo de nuestra querida nación. No podemos entregarle al país profesionales que hayan pasado por las aulas sin pena ni gloria pues, como lo comentaba el director del Centro Regional Girardot de UNIMINUTO, esto va en detrimento, no sólo del buen nombre de la universidad, sino del nuestro propio como docentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *