Identidad familiar

Una vida al servicio de la comunidad

“Yo no sé de ningún gran hombre, excepto de aquellos que han prestado un gran servicio a la raza humana”: Voltaire.

Es así como se identifica Vilma Villalba,  egresada de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de la Sabana, ubicada en Bogotá D.C. Oriunda de Apulo, Cundinamarca, municipio de la provincia del Tequendama, su sentido de pertenencia y aprendizaje  la ha llevado a alcanzar grandes logros en la vida; no obstante, las dificultades como en todo propósito surgen. El destino le guardaba numerosas sorpresas.

A temprana edad, la importancia de ayudar a la comunidad apuleña menos favorecida  surgía en ella como crece un árbol, anillo por anillo y empezaba a  arrojar  frutos a medida que iba pasando el tiempo. Uno de los más importantes factores de motivación ha sido su familia: “Nacer en la casa Villalba en la cual prevalecen  los valores, principios, objetividad y ayuda al prójimo es una bendición”, menciona Vilma, con notables gestos de amabilidad y agradecimiento; a lo que se sumó la ayuda  incondicional de su padre, José Dimas Villalba, comerciante del municipio y partícipe de obras que beneficiaban a la comunidad.

Descubriendo la vocación

Durante la niñez, empezó a notar su interés por las problemáticas locales; la falta de infraestructura educativa y los abortos por embarazos no deseados eran aspectos que le  generaban indignación. Cabe resaltar que “el sexo en los años setenta se consideraba como un tabú, a la vez el que machismo era bastante arraigado”(sic). En la escuela primaria aquellos temas jamás eran mencionados;  sin embargo, en ella prevalecía un espíritu líder. “Mi subconsciente solía decirme en repetidas ocasiones, es necesario proponer y ejecutar ideas…”. Claro está,  eran pensamientos un tanto singulares.

En una tarde de lectura surgió la motivación y la siguiente afirmación e interrogante apareció:“Me gustaría realizar una charla a los niños y jóvenes sobre educación sexual, ¿podría realizarla papá?- con gran intriga y anhelo de que fuere posible-, respondió: “Déjeme yo hablo con el cura párroco y con la doctora para las charlas”. Al escucharlo una gran emoción  e ilusión en su rostro apareció, al parecer era posible informar a infantes, adolescentes y  jóvenes esa temática que en televisión y radio destacaban: “Fue uno de mis primeros logros ayudando a mi pueblo; me sentía orgullosa”.

Emprende la vida universitaria

Los años transcurrían y la protagonista de la crónica iba creciendo tanto en conocimiento como en edad. Despedía los años setenta, dejando consigo recuerdos y grandiosos logros, no obstante, sería testigo de una de las épocas más bélicas de nuestro país. Los ochenta, trajeron consigo desazón e indignación, la patria vivía en vilo cada momento, y frente a ese panorama las oportunidades educativas eran limitadas, fuese por la violencia en el país o por falta de recursos económicos. Sin embargo, dice un viejo adagio, “quien persevera alcanza”, y Vilma lo tenía muy claro.

Luego de la gran disposición de su padre por verla triunfar y ser feliz en lo que anhelaba ser,  La Universidad de la Sabana fue el destino elegido; allí estudiaría Comunicación Social y Periodismo, una carrera que podría abrirle las puertas a su mayor deseo en aquel entonces, proclamarse  como una gran escritora. “Albert Camus, célebre novelista francés ha sido y será mi gran ídolo en la literatura”, mencionaba con gran admiración.

Con el transcurrir de los semestres, el aprendizaje en diversos campos empezaba a ser la materia prima que requería para lograr ser partícipe como escritora en la sociedad y ejercer el periodismo ciudadano. Sus anhelos de ser escritora, quizás  pasaron a segundo plano,  era consciente de la dificultad de posicionarse en ese ámbito y diariamente con nostalgia mencionaba: “Las poesías de Pablo Neruda y las novelas de Camus quedarán  en mi corazón…”. En muchas ocasiones con sus compañeros de clase solía  relatar o leer en espacios libres aquellos escritos que estaban distantes de la realidad: encontrarse con ella a diario, demandaba realizar estas acciones.

El tiempo pasaba vertiginosamente y en un abrir y cerrar de ojos,  las prácticas profesionales llegaban  y, con ello, el ajetreo para encontrar un lugar donde realizarlas. Con 22 años,  los premios  a tanta dedicación y responsabilidad durante  la carrera universitaria dieron resultado posicionando a Vilma, como practicante de la emisora de Radio Melodía básica de Colombia. Al parecer todo marchaba bien, las oportunidades empezaban a brotar en distintos campos detectando el potencial de esta apuleña, que con tesón y esmero estaba logrando lo que se proponía.

Nace en la dificultad una nueva pasión

Por supuesto, en la vida no todo es felicidad, los obstáculos suelen aparecer tarde o temprano. Luego de su estancia en la universidad y posteriormente a graduarse con honores, vendrían situaciones que tendían  a salirse de control, ¿quizás?.  El “don” de enseñar cualquiera no lo tiene, la paciencia, dedicación y pedagogía son  factores básicos. Vilma empezó a sentir la necesidad de brindar conocimiento a quien más lo necesitara, es así que termina trabajando en la Caja de Vivienda Popular del Distrito como docente  -labor que realizó en Ciudad Bolívar, ubicada en el suroccidente de la capital del país-.

Las actividades sin ánimo de lucro traen consigo beneficio personal y emocional; todo esfuerzo tiene su recompensa, suelen decir. Nuestra protagonista empezaba a descubrirlo.“Enseñar es proyectar un futuro mejor para los infantes de nuestro bello país, es el mejor pago de todos”, afirma con una nostalgia que instaba a una  entreasomable lágrima  por derramar. Sin embargo, el sistema le exigía estabilidad económica, “de esta manera podría realizar lo que siempre anhelé: una vivienda propia”. Fueron tiempos difíciles; pero el incondicional apoyo de la familia siempre estuvo presente en cada peldaño escalado.

En muchas ocasiones, el cansancio se apoderaba de ella. Los gastos diarios empezaban a pasar factura; la escasez de dinero  le generaba un poco de preocupación. “En aquella época solía alimentarme del aprendizaje de mis muchachos, una risa bastaba para olvidarse de los problemas”, comenta con optimismo, “mejores tiempos llegarían a mediano y largo plazo… “. Después de culminar su experiencia en Bogotá, decidió volver  a su “pueblito amado y querido”  en busca de aportar todo el bagaje intelectual y de vivencias adquirido y de convertirse en una amiga de la población infantil, juvenil y adulta  en pro de aportarles aspectos positivos.

Las diversas circunstancias que en aquellos tiempos Vilma vivió, le enseñaron a ser una mujer osada desde temprana edad. Nada ni nadie la opacaría en el propósito de cumplir cada meta que se planteara y así fue. En la actualidad, goza de un hogar con esencia de familia; estudiantes por doquier aplauden su gran labor en la enseñanza, en la teoría y experiencias adquiridas en cuanto a comunicación y periodismo. “Que quede claro algo: “la mayor riqueza de los pueblos es su gente no; permitamos que se pierdan estas palabras y queden en el limbo…”.

Por: Karen Gil-Jhon Patiño

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