Política racional en Nariño

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Si bien, la política está muy desprestigiada y circunscrita al control de intereses corporativos. El reto más grande para un gobernante es elaborar una política racional que permita la construcción de una sociedad más democrática y que busque un saber social.

Luego de analizar las metas, propósitos y el plan de gobierno de uno de los dos aspirantes a la Alcaldía  Municipal de Nariño, Cundinamarca, las tareas que tienen enfrente  no son nada fáciles. Más, cuando la política -en ocasiones confundida con politiquería- no consiste en hacer reuniones, presentar una y más ideas para luego dejarlas ´volando´; por el contrario, la política como medio y herramienta para organizar la sociedad  debe garantizar que haya  participación, deliberación y comunicación asertiva en pos de generar un cambio positivo y auto sostenible.

Leyendo los objetivos de Gustavo Martínez, administrador de empresas y candidato a la Alcaldía por el Partido de la U,observamos que su plan de gobierno va orientado a temas específicos como educación, salud, servicios básicos, deporte, cultura y turismo. Como tal, lo planteado son ejes fundamentales si lo que desea es creciente desarrollo.

Ahora bien, según lo plateado ¿cómo se piensa ejecutar si se llegase a ejercer tal cargo  de tan alta responsabilidad pública? Teniendo en cuenta que cuatro años parecieran ser pocos para desarrollar un plan de gobierno en su totalidad. Según Martínez, “gestionar recursos públicos y privados le permitirá lograr sus propósitos (…). Especialmente, los proyectos bandera son la construcción  de vivienda de interes prioritario, cobertura rural y urbana, en cuanto a saneamiento básico y de agua potable”, concluye que son su mayor reto.

Sin embargo, consideramos que su mayor desafío es  hacer una política limpia, transparente e incluyente. Porque, en el imaginario colectivo, la política está muy desprestigiada y se cree que está circunscrita al control de intereses corporativos; por tanto, el reto más grande para un gobernante es elaborar una política racional que permita la construcción de una sociedad más democrática y que busque un saber social.

No obstante, el papel de la ciudadanía es fundamental: es ella quien ejerce control político y garantiza que dichas propuestas se cumplan. Parafraseando a Bobbio, la ciudadanía es el subgobierno y éste nunca pasa, por el contrario, se queda. En otras palabras, la política  es una razón para obedecer o rebelarse sin desconocer el principio de gobernabilidad.

En comunidades tan pequeñas como la de Nariño, se creería que es más fácil llevar a cabo las propuestas, de un modo amplio y equitativo. Pero sucede lo contrario. La sociedad está fragmentada y responde a un modelo –tradicional e impuesto nacionalmente-  clientelista que rompe con todo principio democrático e interrumpe iniciativas de acción colectiva. Sin embargo, esto puede ser un punto a favor para cualquier político, porque los servidores públicos deben contar con la capacidad de gobernar (en este caso incentivar la construcción) sociedades complejas, articuladas y políticamente cada vez más exigentes.

¿Qué necesita para ello? Tener claro lo que se va hacer; cómo lograrlo y difundirlo es esencial.

Al leer las propuestas de Martínez, se observa  que no hay ninguna estrategia de comunicación –entendida como eje fundamental dentro de una democracia- que garantice la inclusión y creación de una opinión pública crítica. Los políticos, si desean innovar en cuento a propuestas, deben apoyar la creación de medios de comunicación –en este caso comunitarios- descentralizados: los competentes mandatarios, como los buenos maestros, deben incentivar la crítica y el control político. Además, al no contar con medios de difusión impresos o digitales, es como si no se hiciera nada; teniendo en cuenta que lo que no se muestra o dice, no existe.

Por: Karen Rodríguez

        William Serrano

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