Periodismo deportivo: La pasión hecha profesión

Editorial

Por: Willy Saavedra

Así como el más brillante médico recuerda las tantas tardes cuando de niño jugaba con pasión a sanar a sus hermanos y primos; mismos recuerdos del más grande músico que de niño tocaba su guitarra imaginaria, desbordando la pasión frente al espejo; o los del más famoso arquitecto recordando sus primeros planos,  edificios dibujados con paciencia y dedicación en una hoja de papel pintados con pequeños crayones de cera. De esa misma manera, un periodista deportivo recuerda cuando en la infancia disfrutaba y vivía, con tanta pasión, lo que para muchos era un simple partido más, teniendo como rutina inquebrantable el ver la antesala y análisis posterior del mismo: esto tan solo para alimentarse del conocimiento de los expertos.

Si bien el crecimiento del periodismo deportivo ha sido eminente y acelerado en los últimos años, en gran parte por la incursión de las redes sociales como herramienta esencial en nuestro diario vivir -facilitando la difusión instantánea de acontecimientos relevantes alrededor del mundo-, sigue siendo una rama poco valorada. Podemos mencionar que esto se debe a la poca credibilidad  y seriedad que se les da a los redactores, argumentando la poca importancia con que cuenta el deporte en nuestra sociedad, comparado con los conflictos económicos, políticos,   entre otros, que azotan las distintas naciones en Latinoamérica.

En lo personal esto no es más que una total falacia, tomando en cuenta lo inspirador y lo mucho que puede llenar de esperanza dejar a un lado por unos instantes las preocupaciones que nos aquejan diariamente y despertar el tan importante “sí se puede” dentro de nosotros, con historias tan románticas de deportistas que de la nada lo ganaron todo: generador  del optimismo necesario para realizar lo que creemos imposible, ya sea en el área laboral o personal. Ya lo dijo el tan exitoso Walt Disney: “El placer sano, el deporte y la recreación son tan vitales para esta nación como el trabajo productivo y deberían tener una gran participación en el presupuesto nacional”. Así también, Nelson Mandela, da la importancia justa aseveraba: «El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas (…) Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras sociales”.

Si nos basamos en lo dicho por Disney y Mandela, tendríamos entonces que decir que los periodistas deportivos tenemos una enorme responsabilidad con el lector que diariamente se toma el tiempo para leer alguno de nuestros artículos, informes o  reportajes, pero más allá de solamente informar, el verdadero trabajo es hacer que el lector viva el texto a través de la pasión con la que describimos cada pequeño detalle que da esencia al escrito, emocionar con cada línea redactada, haciendo imposible el dejar de leer hasta llegar al punto final y, más que todo, enamorar al lector, argumentando y justificando lo  bello que es el deporte.

Así como el más brillante médico recuerda las tantas tardes cuando de niño jugaba con pasión a sanar a sus hermanos y primos; mismos recuerdos del más grande músico que de niño tocaba su guitarra imaginaria, desbordando la pasión frente al espejo; o los del más famoso arquitecto recordando sus primeros planos,  edificios dibujados con paciencia y dedicación en una hoja de papel pintados con pequeños crayones de cera. De esa misma manera, un periodista deportivo recuerda cuando en la infancia disfrutaba y vivía, con tanta pasión, lo que para muchos era un simple partido más, teniendo como rutina inquebrantable el ver la antesala y análisis posterior del mismo: esto tan solo para alimentarse del conocimiento de los expertos.

Si bien el crecimiento del periodismo deportivo ha sido eminente y acelerado en los últimos años, en gran parte por la incursión de las redes sociales como herramienta esencial en nuestro diario vivir -facilitando la difusión instantánea de acontecimientos relevantes alrededor del mundo-, sigue siendo una rama poco valorada. Podemos mencionar que esto se debe a la poca credibilidad  y seriedad que se les da a los redactores, argumentando la poca importancia con que cuenta el deporte en nuestra sociedad, comparado con los conflictos económicos, políticos,   entre otros, que azotan las distintas naciones en Latinoamérica.

En lo personal esto no es más que una total falacia, tomando en cuenta lo inspirador y lo mucho que puede llenar de esperanza dejar a un lado por unos instantes las preocupaciones que nos aquejan diariamente y despertar el tan importante “sí se puede” dentro de nosotros, con historias tan románticas de deportistas que de la nada lo ganaron todo: generador  del optimismo necesario para realizar lo que creemos imposible, ya sea en el área laboral o personal. Ya lo dijo el tan exitoso Walt Disney: “El placer sano, el deporte y la recreación son tan vitales para esta nación como el trabajo productivo y deberían tener una gran participación en el presupuesto nacional”. Así también, Nelson Mandela, da la importancia justa aseveraba: «El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas (…) Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras sociales”.

Si nos basamos en lo dicho por Disney y Mandela, tendríamos entonces que decir que los periodistas deportivos tenemos una enorme responsabilidad con el lector que diariamente se toma el tiempo para leer alguno de nuestros artículos, informes o  reportajes, pero más allá de solamente informar, el verdadero trabajo es hacer que el lector viva el texto a través de la pasión con la que describimos cada pequeño detalle que da esencia al escrito, emocionar con cada línea redactada, haciendo imposible el dejar de leer hasta llegar al punto final y, más que todo, enamorar al lector, argumentando y justificando lo  bello que es el deporte.

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