La radio en Girardot

Editorial

Por: Óscar Mario Pardo

Cuarenta años parecen detenidos para la radio y la prensa de Girardot, no se cuenta la televisión regional porque no existe. “Sin objetividad, actualidad o adelantos técnicos” es el comentario informal de una población  desorientada en el tema.  Políticos, o amigos de periodistas locales son excepcionales escuchas de espacios muy puntuales.

Difícil tarea les espera a los futuros comunicadores que deseen cambiar el chip de propietarios de las emisoras locales. Celestino Cifuentes no creería que la radio que él ayudara a colonizar en Girardot, todavía maneje formatos caducos con profetas esotéricos; una mala distribución técnica de los estudios que anulan cualquier esfuerzo en la programación viva; y no diferenciar entre  FM y AM, menos ahora que se reinventa una FM virtual… terminando con una programación musical nada creativa. Ni qué decir sobre la usencia de educar para el consumo de radio y prensa, sin elevar  la identidad y el orgullo de vivir en Girardot.

Hace diez años la radio de esta ciudad no creía en el  poder de comercializar programas de interés general, que de hecho marcarían diferencia  local y regional frente a las cadenas nacionales. Un profesional de la salud y de la radio, comprometido con Girardot, logró despertar el interés de algunas emisoras que han sacado al aire tímidos espacios carentes -aún- de coordinación en la diversidad de los temas; de comentarios serios, sin  trivializar sacándolos de contexto; y por múltiples fallas en la producción, al comprometer el beneficio que pueda atraer a mayores audiencias.

Los medios de comunicación de Girardot, ciudad intermedia gracias a la publicidad  externa de otros medios, tienen la obligación de superarse perfeccionando la calidad de los contenidos, calculando que los residentes foráneos suman casi la mitad de los habitantes de la zona,  sin olvidar a los turistas que también reclaman noticias locales actualizadas y veraces, como la inmediatez en el cubrimiento de hechos importantes durante los fines de semana.

 La radio, medio que nos ocupa porque preocupa, no ha sido concebida en Girardot para crear audiencias.  No se compite con ideas originales donde la ciudad y la región sean prioritarias frente a la información que emiten las cadenas nacionales.  Se satura con noticieros locales incompletos por el poco atractivo en su contenido, desprovisto de profundidad periodística, que deja al oyente  desinformado y convertido a la  indiferencia.

El respeto por el micrófono es básico para una buena comunicación con los escuchas.  Cuando no se piensa lo que se dice… se atropella el idioma o falla la preparación en los temas, y la audiencia lo capta rechazando ese síntoma del menor esfuerzo. Para el siglo XXI se hacen imperdonables: el descuido con los ruidos internos, un mal sonido telefónico o la falta de diferenciación técnica con las transmisiones fuera del estudio.

En Girardot, quienes hacen radio parecieran desdeñar al oyente como parte sustancial de la misma.  Aparentemente, rige más el afán de ampliar la pauta comercial que los contenidos: caso insólito dentro de un país que presume  tener la mejor radiodifusión de Latinoamérica.

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