Jóvenes del futuro, universidad del futuro

Los sistemas de enseñanza han cambiado con las nuevas generaciones. Los niños, niñas y adolescentes (NNA), hoy día, desde el inicio de su educación, exigen modelos educativos adaptados a sus tendencias, gustos, habilidades, destrezas. Hablamos de NNA de la ‘era digital’, quienes – indistintamente como los quieran llamar (índigo, de cristal, etc.) – requieren modelos educativos acordes con las condiciones mundiales en las que viven. Son seres humanos que desde que nacen presentan patrones biológicos, psicológicos y de comportamiento acelerados; avanzan a ritmos incontenibles: desde el recién nacido que giró su cabeza y miró fijamente a su hermanita de tres años, cuando ella lo llamaba por su nombre, sin haberse terminado de desprender de la placenta de su madre; hasta el adolescente que adopta conductas vegetarianas porque reconoce en el amor por la naturaleza y sus seres vivos (animales y plantas), una forma de vida saludable y sostenible,  y justifica, razona, defiende su postura frente a un adulto, haciéndole ver insensible y muchas veces ignorante ante la realidad internacional en materia ambiental.

Si la mente de los NNA cambia, la educación universitaria también debe hacerlo. El adolescente llega a la universidad y allí debe encontrar las bases para una educación basada en competencias, ‘aprender a pensar’ y ‘aprender a hacer’, porque se supone que en su formación básica primaria, secundaria y media, ‘aprende a ser’, o en mi opinión, ese el orden correcto. Entonces, si el joven enfrenta nuevas necesidades educativas, las universidades deben adaptarse para ello.

La universidad actual comprende conceptos literalmente nuevos, como globalización e internacionalización, pero condicionados por una serie de técnicas políticas, económicas y sociales geoestratégicas en función de los paradigmas y modelos educativos actuales. Se introduce en el sistema la educación virtual y/o la educación a distancia, tomando, incluso, mayor auge que la educación presencial por los beneficios que ofrece, planteando una serie de potencialidades nunca antes contempladas, como la posibilidad de hacer un curso en una universidad europea, desde cualquier parte de Latinoamérica, sin trasladarse de su país de origen y en la comodidad de su casa.

Sin satanizar el modelo tradicional, considero que los ambientes virtuales amplían las perspectivas de enseñanza – aprendizaje en otro nivel. Los explicaba Piattini y Mengual (2008, cap. 1) al relacionar los modelos del Espacio Europeo de la Educación Superior (EEES) y el Espacio Iberoamericano de la Educación Superior, alianza que en otras épocas jamás se hubiesen considerado sin la llegada de la  World Wide Web, cuando indican  los seis ejes estratégicos de las TIC. En este sentido, se alude al  Espacio Común de Educación Superior de América Latina, el Caribe y la UE (ALCUE)  como la herramienta que posibilitaría el intercambio de conocimientos dentro de unos parámetros educativos mucho más exigentes. No obstante, cabe resaltar que las diferencias culturales entre ambos continentes podrían resultar desafiantes dentro de este proceso. En mi opinión, el modelo educativo europeo está en un nivel intelectual mucho más avanzado que el nuestro y trabajar en igualdad de condiciones requiere de un cambio de pensamiento importante en la ciudadanía y en el gobierno.

Como bien señalaba el texto, el EEES orienta su estrategia pedagógica a una formación continua, en donde el pregrado no es suficiente y la especialización no está, se enfoca la formación de sus estudiantes universitarios en posgrado de maestría y doctorados, y en Colombia, por ejemplo, los niveles de doctorados son insuficientes, dígase por el difícil acceso económico, la escasa retribución salarial laboral o el desinterés por seguir aprendiendo: hay pocos doctores en el país y no todos los docentes de aula son magister y el gobierno no los motiva a superarse.

En cambio, dentro de los lineamientos que planteaba el libro, las leyes, por ejemplo en España, están ajustadas para que la educación de pregrado y posgrado sea continua y permanente, de fácil acceso y con más vehemencia si quiere digitalizarse, porque este nuevo sistema requiere de perfeccionamiento en las TIC, actualizadas constantemente.

De igual forma, en este modelo europeo, la investigación y la cultura TIC, citando solo dos ejemplos, toman un enfoque mucho más relevante y directamente relacionadas entre sí.

Hasta ahora en el país estamos entendiendo la necesidad

de investigar y, por eso, los ministerios se están articulando con Colciencias y éste toma un nuevo giro, una nueva cara en materia de educación  (Ley 1286 de 2009).

La universidad del futuro adopta los ejes que reseñábamos y los condiciona a un nuevo paradigma, uno que es multidisciplinar, que no comprende calendarios académicos ni tiempo ni estructuras físicas, sino una amplia red de información manejada en bits y bytes, en donde el concepto de educación es global, de baja demanda (económica), y el de la universidad que pasa de ser una “ciudad” a transformarse en una “idea”.

Entre otras tantas características, la universidad del futuro requiere de unas implicaciones tecnológicas dadas en pro de formar profesionales autodidactos en su aprendizaje, capaces de liderar y mediar procesos a través de cualquier red de comunicación en tiempo real, ágiles en el manejo de las TIC y con un concepto diferente de aprendizaje significativo dentro de la ‘era digital’.

Desde esta perspectiva, el esquema de universidad digital se orienta a partir de una serie interoperable de interfaces, canales, servicios de negocio, infraestructura y demás, en función del estudiante y no al revés: hablamos de mecanismos de enseñanza que se apartan de las extensas clases magistrales para sumergirse en videoconferencias, chats, trabajos colaborativos en red, animaciones, mapas digitales, audios y, en fin, de muchas otras herramientas de enseñanza, ajustadas a la nuevas formas de aprendizaje.

La universidad del futuro es el gran reto digital de las sociedades contemporáneas y de los sistemas de gobierno actual, especialmente en Latinoamérica.

Por: Mariana Ariza

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